PELICULEROS

viernes, 22 de marzo de 2013

Españistán .....


España apesta. Toda ella, enterita, casi sin excepción. Apestan los políticos, apesta la corrupción, apesta la familia real toda ella, apesta la puta del rey, apesta el cuerpo de seguridad y apesta la cutrez y la pasividad que se respira en el aire. Y ante esto podemos hacer dos cosas, echarnos a llorar o a reír. Y el cine y el teatro siempre nos han enseñado que es mejor la carcajada en la ficción para hablar de temas tan deprimentes y desoladores. Porque hay cosas, y situaciones, que sólo el esperpento más absurdo puede emular ... y aún así pocas veces se acercará al ridículo de la realidad.

Con este panorama no es extraño que '¡Qué nadie se mueva!' se haya convertido en uno de los grandes sleepers de la cartelera teatral en Madrid. La razón es muy sencilla: cuatro cuerpos diferentes del estado (un ertzaina, un mosso d'Esquadra, un guardia civil y un policía nacional) se enfrentan a la misteriosa aparición de un fiambre con sangre azul ... y los cuatro intentarán resolver el crimen para agenciarse el mérito en una España dividida pero vergonzosamente parecida entre sus diferentes (y polémicas) partes.


'¡Qué nadie se mueva!' es lo suficientemente inteligente como para provocar la carcajada ante situaciones que en la vida cotidiana de este país han dejado de tener la más mínima gracia. Su director, Esteban Roel, sólo necesita un fiambre y cuatro actores en estado de gracia (atención al punto exacto de comedia de todos ellos, impecable desde que empieza la obra hasta que acaba) para hacer una radiografía cruel y desoladora de un país y una sociedad que hace aguas por todos lados. La comedia para hablar del drama ... hay que ser muy listo, y tener mucho talento, para hacer eso y el resultado final es de un esperpento digno de Valle Inclán .... aunque lo más triste es que ni así supera a la ridícula Españistán en que vivimos.

Recomendadísima .... en el pase en que yo estuve, el público se entregó de tal manera a la comedia que los aplausos tardaron mucho, mucho tiempo en terminar. Y atención a dos descubrimientos: un Carles Cuevas arrollador y divertidísimo y un Sergio Lombardía que hace lo más difícil que se puede hacer en comedia: interpretar a un lerdo y meterse al público en el bolsillo. Pero es que hasta el muerto lo hace bien ....

Pinchando aquí accedéis a toda la información de la obra. Prohibido perdérsela.


domingo, 10 de marzo de 2013

Come hear the music play


'El musical está matando al verdadero cabaret' dice uno de los azafatos de 'Los amantes pasajeros' en uno de los momentos álgidos de la película. Yo como soy muy bruto, y muy burro y rubio, no sé si eso es cierto o no pero de serlo hay que matizar que hay ahora mismo hay una gran resistencia en Madrid dispuesta a que el cabaret no muera. Y están resistiendo muy pero que muy bien ... porque 'La mirilla' es uno de los mejores shows que uno puede disfrutar ahora mismo en el teatro madrileño, casi dos horas de puro goce, disfrute y desvergüenza sin renunciar al sentido del espectáculo más ... pues eso, 'espectacular' en todos los sentidos de la palabra.


Siete chicas, un maestro de ceremonias y un teatro, el Garaje Lumiére, (una de las mejores salas alternativas de la capital, todo hay que decirlo) reconvertido en una sala de fiestas donde uno se imagina que en cualquier momento podría salir Liza a cantar 'Maybe this time'. 'La mirilla' es todo eso pero también es música, una banda que toca en directo, voces femeninas espectaculares, bailes, ausencia total de prejuicios, libertad explosiva, erotismo muy bien entendido y sexualidad apabullante. No hay censura alguna en este espectáculo, ni en lo que se dice ni en lo que se muestra. Es como entrar en un reservado especial en estos tiempos de mierda y oscuridad que nos ha tocado vivir ... lo que venía a decir el maestro de ceremonias de 'Cabaret': que hay un lugar donde los problemas se dejan en la puerta. Pues ese sitio ahora está en el barrio de Delicias y se llama 'La mirilla'.


Y nada sería de este show sin esas siete bellezas que se dejan el talento, el alma y el cuerpo (literalmente, hacen de su físico una herramienta más de su interpretación) en siete números individuales y tres grupales que hacen que la sonrisa (entre divertida y picarona) del espectador no se borre ni por un solo momento de su cara. Impecable y arrolladora está Maggie Civantos (a la que tengo la suerte de llamar amiga y musa) como esa desquiciada bailarina rusa de ballet que esconde una mala pécora debajo de su aparente candidez e inocencia. Atención a su baile en puntas que da hasta casi dolor sólo de verlo. Y luego está Celia de Molina ... ains, Celia de Molina. Qué gran descubrimiento, qué presencia, qué divertida, qué inolvidable está doña Celia como esa italiana en perpetuo estado de nervios, carnalidad y sentimiento puro y duro. Y yo salí enamoradito hasta las trancas de Natalia de Molina, una lolita como hacía tiempo que no veía en una obra, arrolladora en su carisma y naturalidad. Atención a Natalia que me da a mí que vamos a oír su nombre en muchísimas ocasiones.

Habrá muy pocas ocasiones para disfrutar en Madrid de un espectáculo tan hipnótico, divertido y sugerente como 'La mirilla'. Así que pinchando aquí podéis ver horarios, funciones y entrar en este cabaret donde no existen los problemas ni la crisis .... aquí todo es felicidad, sexo y espectáculo.

Un pequeño adelanto:

la mirilla cabaret-burlesque-teatro from Sergio Candel on Vimeo.

viernes, 8 de marzo de 2013

I´m so excited Almodóvar!


Ya está aquí la polémica habitual cada dos o tres años. Y es que ya ha llegado a nuestras pantallas la nueva película de Pedro Almodóvar y, como es habitual, las hienas de la cinematografía patria (y parte de los espectadores roñosos de este país) ya esperan con las garras sacadas y el veneno a puntito para recibir lo que probablemente sea el film español que más se vea a lo largo de todo el mundo en este 2013. No importa que no la hayan visto, no importa que pertenezca al género que más se agradece en tiempos de crisis, la comedia, y no importa que en nuestro cine se critique día sí y día también que nadie sabe promocionar como es debido pero luego se olvida fácilmente que Almodóvar es un maestro en eso. Lo que parece ser que importa cuando una nueva película del manchego se estrena en Españistán es intentar llevarle la contraria a la historia del cine y tirar por los suelos a uno de los directores más importantes del planeta, como si aquí fuéramos los únicos capaces de ver que él es una mamarracha y no un genio. Menos mal que la forma de rodar del de Calzada de Calatrava ya está por encima de esos aspectos extracinematográficos que, por desgracia, tanto definen su trayectoria en su propio país.

Hoy estrena la disparatada, zafia, bruta, divertidísima y maravillosa 'Los amantes pasajeros' y el gran problema ahora va a estar en el ojo del espectador y no en la propia película. Porque Almodóvar lo ha dicho por activa y por pasiva: es esta una historia ligera, casi underground, un disfrute sin complejos y hecho desde la más absoluta libertad. Un capricho de alguien que se lo puede permitir. Y eso, después de alcanzar la cima del melodrama y la tragedia, parece que se no le está permitido. Quizás sea por eso que 'Los amantes pasajeros' es una jugada maestra después de una obra cumbre como fue 'La piel que habito'. Si ésta última fue un salto al vacío (aunque no dejara de ser 100% almodovariana), mucho más lo es regresar justo después de aquella mezcla de drama y terror a 1980 (porque estos amantes tienen infinitamente más que ver con Peli, Luci y Bom que con las mujeres y el gazpacho con somníferos) para saltarse todas las barreras de la corrección política con una película que difícilmente se hubiera atrevido a rodar otro director ahora mismo. 


'Los amantes pasajeros' no es ni más ni menos que una celebración de la comedia almodovariana, llena de sus burradas, sus salidas de tono, sus coqueteos con el ridículo y sus personajes extremos e imposibles, sólo reconocibles en el particular universo del manchego. Pretendidamente ligera aunque inevitablemente profunda (el reflejo de nuestro país es sencillamente demoledor), la película es un mosaico de relaciones humanas y protagonistas delirantes pero imposibles de olvidar. Y, le duela a quien le duela, deja para el cine español tres personajes icónicos como son esos tres azafatos que deberían colmar de premios a Javier Cámara, Raúl Arévalo y un Carlos Areces que se lleva la película de calle ... bueno, él y su rebelde flequillo.

Pero el mayor premio de 'Los amantes pasajeros' es la libertad de estar rodada por un genio del cine tal y como a él le ha dado la gana. Y ya se sabe lo que pasa con las cosas hechas desde la libertad, que en este país no gustan nada.

El tráiler:

sábado, 2 de marzo de 2013

El must del momento, 'Cuando fuimos dos' o el final del amor.


Sería curioso (y sumamente masoquista) hacer un programa doble con la obra de teatro 'Cuando fuimos dos' y la película 'Blue Valentine'. Ambas historias son un viaje profundo y doloroso al inicio de una relación (con todo lo bueno que eso supone) y al final de la misma (con todo aquello positivo convertido en odio, rencor y veneno). Y no creo que sea el único que piense eso porque anoche, durante la representación  de 'Cuando fuimos dos' en 'El Sol de York', en mi fila estábamos todos con un nudo en la garganta (y alguna que otra musa mía bañadita en lágrimas) y nos costó arrancar a hablar después de los aplausos finales. Porque es muy fácil identificarte, al igual que sucedía en aquel matrimonio destrozado de 'Blue Valentine', con cualquiera de los dos protagonistas de esta magnífica pieza teatral que ofrece hora y media de intimidad, amor, odio y realidad. Y este último aspecto, la realidad, acaba siendo el espejo más doloroso en el que mirarse cuando asistes al fin de la relación entre César (un superlativo David Tortosa) y Eloy (Felipe Andrés con un personaje complicado como pocos).


'Cuando fuimos dos' no inventa nada nuevo. De hecho, iba con bastantes reservas porque uno empieza a estar ya hasta el moño de esas historias que usan un montaje paralelo para contar el principio, el desgaste y el 'adiós, hasta siempre' del amor. Pero hay algo en esta obra de teatro que te desarma, que te atrapa y que hace que finalmente asistas como voyeur a una historia que todos hemos vivido, en cualquiera de esos papeles o en cualquiera de esas situaciones (el abandono del piso común, por ejemplo, era tan parecido a lo que yo viví hace un año y medio que creí que me desplomaba en la sala y mi ayudante de dirección, sentadita a mi lado, me tendría que traer sales para reanimarme).

Y es David Tortosa quien aguanta sobre su antipático (al principio) pero vulnerable y muerto de miedo (al final) personaje de César los mejores momentos de la obra. Convertido en una bestia parda sobre el escenario, Tortosa desaparece como actor y sólo deja ver a César, con algún momento tan desgarrador y visceral (¡esas patadas a las cajas!) que por un momento pensé que el público se iba a arrancar a aplaudir en mitad de la función. Cuando no hay rastro del actor, cuando sólo puedes ver al personaje, es cuando sabes la materia prima de la que está hecho un actor ... y vaya actor.

Lo peor de 'Cuando fuimos dos' es marginarla a una historia gay. Lo es pero sólo porque lo que ocurre es entre dos chicos, todo lo demás es tan universal como la primera mirada con alguien que sabes que te cambiará la vida y la última mirada antes de decirle adiós para siempre.

Imprescindible. Pinchar aquí para ver horarios y demás. Un must en toda regla.