PELICULEROS

domingo, 6 de mayo de 2012

Sobre superheroínas en forma de madre que uno se encuentra en el metro de Madrid.

Ha pasado sólo hace un momento. Yo me subía en el metro en Moncloa, rumbo a Lavapiés, y acababa de hablar con mi madre y con mi tía para felicitarlas a las dos por el día de la madre. Y, como todos los años, iba en mi parra acordándome de mi abuela que, esté donde esté, sigue siendo mi otra madre. En esas estaba yo cuando una mujer de unos cuarenta años, ama de casa, bien vestida y muy educada, se sube en el vagón y pide por favor comida. Habla sobre su situación, sobre sus hijos, sobre cómo la vida que lleva ya es insostenible, sobre la perdida de dignidad que supone para una madre hacer lo que ella está haciendo. Todo con una educación y una vergüenza, casi no se atrevía a mirar a nadie a los ojos, acojonante.

Era una madre, como la mía, que son más que eso, son supervivientes natas. La gente le ha empezado a dar sus bocadillos, sus patatas del Burguer King (se me ha quedado clavado esto porque ha sido lo primero que le han dado y por cómo las agarraba), sus latas de refresco ... y ella simplemente daba las gracias. Yo, como soy un gordo sin remedio, había devorado mi bocadillo antes de salir de la Fnac así que no tenía nada de comida que ofrecerle. Me he levantado, me he acercado a ella y le he dado el dinero que llevaba en la cartera, apenas unos pocos euros en monedas pero es que no tenía más. Ella lo ha recogido pero a la vez me ha apretado la mano ... y me han temblado las piernas al sentir ese contacto, esos segundos de mano contra mano, esa sensación de que todos estamos jodidísimos pero que van a ser esas madres superheroínas las que nos saquen de nuestro egoísmo, de nuestras gilipolleces, de la insensibilidad a la que la maldita palabra 'crisis' nos está lanzando cuesta abajo y sin frenos.

Me ha costado retirar mi mano de la suya, estaba cómodo, estaba seguro con ella. De pronto ha llegado la parada de Lavapiés y las puertas del metro se han abierto, ella me ha soltado la mano y me ha sonreído. Y me he dado cuenta de que esa mujer, en apenas unos minutos, nos ha dado más a todos los pasajeros del vagón que nosotros a ella.

Un mundo de mierda pero donde siempre hay madres dispuestas a todo ...