PELICULEROS

viernes, 9 de marzo de 2012

Mi obsesión con Marilyn.

No puedo ser objetivo con 'Mi semana con Marilyn'. Me resulta imposible, soy incapaz. Desde que era un enano y empecé a obsesionarme por el cine, la rubia de oro siempre me llamó especialmente la atención. Primero fueron sus películas, desde 'Con faldas y a lo loco' a 'Bus stop' o 'La tentación vive arriba', vistas todas ellas en la tele de catorce pulgadas que mi abuela me regaló para mi dormitorio. Luego empecé a descubrir cosas de ella, de la mujer, de la actriz insegura que tenía pánico a los rodajes y a las críticas, la chica deseada por todos a la que no le dejaban interpretar papeles dramáticos como ella quería. La comediante de primera que le dio un nuevo significado al carisma y al talento innato de las estrellas de cine. Más tarde me aficioné a la versión original, escuché por primera vez su peculiar voz real, empecé a devorar todo lo que caía en mis manos sobre ella y, hasta hoy, puedo decir que Marilyn es la gran razón de que entienda el cine como forma de vida.

Por todo lo que he dicho no es extraño que 'Mi semana con Marilyn' sea una de las películas que más he esperado y temido. Si algo destacaba de la actriz era que se escondía detrás de una máscara de superficialidad tras la cual estaba la persona insegura y aterrorizada que hizo que ella misma se convirtiera en su peor enemigo. Por eso mismo, la película podía haber acabado siendo un biopic superficial y vacío sobre la vida de un mito. Puedo respirar tranquilo, menos mal que el desastre se ha evitado. Es cierto que 'Mi semana con Marilyn' no es la mejor película del año, que le sobran formalismos y clasicismo y le falta atrevimiento. Pero también es verdad que la opción de plasmar uno de los epidodios más interesantes de su vida, el tormentoso rodaje de la comedia ligera 'El príncipe y la corista', se ha saldado con una interesante exploración de la barrera que separaba al mito de la mujer real.

Y claro, 'Mi semana con Marilyn' es ella, Michelle Williams. La actriz de 'Blue Valentine' antepone la construcción emocional de Marilyn a la física, y eso se agradece en una época en que parece que se regalan los premios sólo por la caracterización y porque el actor sea clavadito en apariencia al personaje que imita. Pero Michelle va más allá, se mete dentro de la rubia de oro y es capaz de transmitir todo el dolor y la fragilidad de una persona que siempre estaba caminando al borde del abismo. Sus ojos son más importantes que la peluca y el lunar, por eso brilla en momentos como la primera entrada al plató (esa mirada de terror y angustia ante el equipo), sus episodios de fugaz felicidad (la sonrisa luminosa que hacía que nadie quisiera mirar otra cosa que a ella) o su adicción a las pastillas para dormir (la conversación con el protagonista en la cama es conmovedora). Marilyn puede estar tranquila, su talento ha encontrado en Michelle Williams un digno espejo en el que reflejarse.

El tráiler:

1 comentario:

Bea Cepeda dijo...

Mucho me gustó a mí también esta película, sin ser tan tan fan de Marilyn. Y mucho me gustó el protagonista, que es MONÍSIMO.