PELICULEROS

sábado, 21 de enero de 2012

Sobre Alexander Payne y su cine sobre gente normal.

Una de las cosas más difíciles de plasmar en el cine son las personas normales y sus vidas, con sus miserias, sus dramas y sus risas. Quizás por eso Alexander Payne se está convirtiendo en uno de los mejores directores de la actualidad, por su capacidad para convertir una vida cotidiana en material cinematográfico de primera. No sólo eso, sino que es capaz de despojar a sus actores del halo de irrealidad inalcanzable que suele rodear a los intérpretes de Hollywood para convertirlos en personajes de carne y hueso.

'Los descendientes', la última película de Payne, no es una excepción en su carrera. La aparente normalidad en la vida de Matt, abogado y administrador de un rico terreno virgen en Hawai que está a punto de vender, se vuelve del revés cuando su mujer cae en un coma irreversible que le obliga a acercarse a sus hijas, una adolescente rebelde y una mocosa desatada. Pero el coma no será lo peor, lo más perturbador llega cuando Matt descubre que su mujer le era infiel, hecho que produce un terremoto en su vida y que hará que emprenda un viaje junto a su familia para conocer al hombre con el que le engañaba. Este es el planteamiento de 'Los descendientes' y seamos sinceros, con este material se podía haber hecho un coñazo de película pretenciosa y elitista. Pero Payne maneja el material que tiene con la suficiente honestidad como para modelarlo con la forma de una historia cotidiana, llena de sentimientos y emociones que cualquier persona experimenta cualquier día de su vida.

'Los descendientes' es drama pero también comedia, como la vida misma. Los personajes sufren, están jodidos pero también se ríen y encuentran en el humor un mecanismo de defensa contra la muerte, la infidelidad o la incomunicación. Y lo mejor de todo es la impecable labor de Alexander Payne como director y guionista para equilibrar elementos tan difíciles de mezclar como la risa y la lágrima, y conseguir que todo esté en su justa medida. Sin artificios, sin mentiras, sin trucos ... la vida contada en cine.

Por cierto, que nadie en la actualidad como Payne para mostrar en pantalla el patetismo del individuo de a pie en situaciones cotidianas. En 'Entre copas' ya logró un momento impagable en la escena en que Miles, borracho como una perra, consigue librarse de su amigo y aprovecha para llamar a su ex mujer y montarle el numerito (¡qué levante la mano quien no haya echo eso alguna vez! ¡Y no me vengáis ahora de dignas!). Y ahora en 'Los descendientes' vuelve a lograr transmitir ese patetismo que todos llevamos dentro cuando nos damos cuenta de que no somos ni tan especiales ni tan inteligentes como nos pensamos. No todo los directores, ni por supuesto no todos los actores, se atreverían a mostrar ese sentimiento y, quizás por eso, las películas de Payne llegan tan adentro y se quedan con el espectador tantísimo tiempo.

¿Y los actores? Pues espectaculares, todos ellos. George Clooney deja de ser George Clooney para convertirse en Matt King, luciendo cada una de sus arrugas con orgullo y dejando que sus ojos irradien una de las mejores, y más sensibles, interpretaciones masculinas que un servidor recuerda haber visto. Y atención al extraordinario descubrimiento de Shailene Woodley, impecable como la hija mayor de Clooney y extraordinaria en los momentos más dramáticos de la historia.

Muy digna favorita en los próximos Oscar, 'Los descendientes' es más que la típica película que se estrena con bombo y platillo en temporada de premios y se olvida tan pronto como recibe la estatuilla dorada (¿verdad reyes tartamudos y poetas enamorados?). Es cine de verdad y con corazón. Una gozada ...

El tráiler:

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