PELICULEROS

miércoles, 30 de marzo de 2011

Me he enamorado ... de Maribel Verdú y de la iniciativa del Colectivo Croma.

Me he enamorado, lo reconozco. El flechazo surgió ayer por la tarde y fue instantáneo a pesar de que la conozco desde que tengo uso de razón. Ella es morena, tiene una sonrisa pluscuamperfecta, unas piernas de infarto y un talento a prueba de bombas. Se llama Maribel y se apellida Verdú. Sí, estoy enamorado y ella me ha robado el corazón.

La foto de arriba es del fotógrafo Álvaro Cabrera y es en el photo-call que la señorita Verdú hizo ayer antes de la master-class que dio en el 14 Festival de Cine Español de Málaga. Y allí que nos plantamos Sigui y yo con nuestras acreditaciones de prensa y nuestros corazones palpitando a mil por ahora ante la posibilidad de encontrarnos cara a cara con la actriz de una de mis películas favoritas, "Y tu mamá también".

Maribel apareció en el escenario enfundada en un mini vestido de lentejuelas (unas horas después tendría que presentar en el Teatro Cervantes el homenaje a José Luis Alcaine), caminando sobre unos kilométricos tacones y vestida con una sonrisa que era capaz de iluminar por sí sola el Auditorio del Museo Picasso donde se celebró la master-class. Y apenas un minuto bastó para enamorarnos a todos, para hacernos reír con cada una de sus anécdotas, para demostrarnos que una buena (por no decir que la mejor) actriz se construye con humildad, inteligencia y sacrificio. Impecable e imprescindible cada una de las palabras que dijo y acojonante la sencillez con la que hablaba de una carrera que incluye títulos como "Amantes", "La buena estrella", "La estanquera de Vallecas", "Bélle epoque" o "El laberinto del fauno".

Como dijo el presentador al darle entrada: "es una de las mejores actrices de la historia de nuestro cine y una de las grandes mujeres de nuestro tiempo". Lo dicho, me he enamorado.

Y cambiando de tema, os quiero dejar con la entrevista que me hicieron los chicos del Colectivo Croma con motivo de la selección de "3,2 (lo que hacen las novias)" en el 14 Festival de Cine Español de Málaga. La iniciativa que están llevando a cabo Sergio Martín y sus chicos de Croma no es sólo brillante sino que demuestra un amor y una pasión por el cine envidiable y ante la que yo me quito el sombrero.

viernes, 25 de marzo de 2011

Cortos no aptos para menores y la proyección de una genialidad como es "En la próxima parada" ...

La imagen de arriba es una foto que Edu hizo ayer mientras se proyectaba "Placer" en el auditorio de La Caja Blanca, en Málaga. Fue un momento surrealista. Me explico, nuestro (polémico) cortometraje formaba parte de los proyectos subvencionados por el Área de la Juventud de Málaga en 2009 así que anoche se vio sobre una pantalla de cine junto a los otros cortos que pudieron rodarse gracias a esas ayudas. Yo estuve a punto de no ir pero me animé a última hora por las tremendísimas ganas que tenía de ver de nuevo "En la próxima parada" de Luis Francisco Pérez, uno de los mejores cortos que un servidor ha visto en los últimos años.

Total, que nos plantamos en La Caja Blanca, nos dan las invitaciones, giramos a la izquierda en el hall, nos internamos en el pasillo de entrada al auditorio y poco a poco mi cara se va poniendo más y más pálida. Empiezo a escuchar risas y voces de niños. ¿Niños? ¿Es que nadie había informado de que uno de los cortos que se proyectaban no era precisamente un cuento infantil? Doblamos la esquina del pasillo y nos quedamos de pie, ojipláticos, cuando nos enfrentamos a una sala de cine repleta hasta arriba de familias con niños. El terror y el pánico se apodera de nosotros ¿de verdad qué van a proyectar "Placer" delante de ese público? No es que no vayan a ver una película pornográfica pero tampoco es plan de que vean imágenes como esta:

Podéis comprobar vosotros mismos que "Placer" no es para tanto pinchando aquí, pero la verdad es que niños y padres no son precisamente el público objetivo de una historia que habla sobre las relaciones de amistad y sexuales que se establecen entre un grupo de amigos veinteañeros a punto de entrar en la treintena. El caso es que avisamos a la chica que cortaba las entradas y se empieza a reír, nos dice que ella no puede hacer nada pero que avisemos al proyeccionista. En ese momento se apagan las luces y empieza a proyectarse el primer corto, "Sardinas" de Raúl Mancilla. "Placer" va a continuación y allí no parece que nadie vaya a avisar a las pobres familias de que sus hijos están a punto de enfrentarse al fin de su inocencia si continúan en la sala. Yo me pongo más nervioso de lo que estaba, Edu se ríe y se levanta para hablar con los organizadores.

Pasan los minutos y Edu no vuelve. Aquello parece una película de terror donde cuando dices "enseguida vuelvo" nunca lo haces. "Sardinas" termina y las luces se encienden. Yo aguanto la respiración y de repente una voz surge del cielo (bueno, en realidad de los altavoces de la sala) y reconozco enseguida a Edu (a punto de partirse el ojete de la risa, por cierto) que intenta poner tono de circunstancia para decir: "le informamos de que el siguiente cortometraje no es apto para niños". Las madres empiezan a salir de la sala corriendo y llevando a su pobres vástagos de la mano, huyendo del pecado mortal que les esperaba sobre la pantalla. La verdad es que aquello parecía una escena bíblica en la que los fieles huyen de la perversión tras escuchar una voz celestial que baja de las alturas.

Pudimos respirar tranquilos, "Placer" se proyectó sin causar ningún trauma a pobres niños inocentes. Pero si hubo un corto que brilló con luz propia anoche fue "En la próxima parada" de Luis Francisco Pérez, un auténtico prodigio de naturalidad y sentimiento. Pude ver en primicia el corto hace unos días y ya me quedé abrumado ante el derroche de emociones que Paco consigue en apenas 19 minutos. Pero ayer, en el segundo visionado, lo disfruté todavía más descubriéndome casi al borde de las lágrimas en el último plano. Yo comparo este corto con "La red social" de David Fincher, ambas historias hablan sobre la gente joven pero de una manera adulta e inteligente, y encima con una envidiable selección musical que se convierte en el tercer protagonista del corto. Porque los dos personajes principales son Rafa Ordorika y Teresa Hurtado de Ory, ambos consiguiendo una química explosiva en pantalla, ambos encantadores en sus personajes y ambos consiguiendo una complicidad envidiable con el espectador. Muy grande "En la próxima parada", ojalá arrase allá donde se estrene.

En la foto de abajo aparece la gran Teresa Hurtado de Ory en una foto que hicimos durante la proyección del corto de Paco anoche.

domingo, 20 de marzo de 2011

... y presentamos "3,2 (lo que hacen las novias)" en la Facultad.

La foto de arriba la hizo Ingrid Gil el pasado miércoles durante la presentación de "3,2 (lo que hacen las novias)" en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Málaga. Al fondo estamos Sergio Mur y un servidor (él tranquilo, yo estaba al borde del ataque de nervios por tener que hablarle a los alumnos de la universidad en la que he estudiado) siendo presentados ante los estudiantes por la gran Sonia Blanco. Hacía tiempo que veníamos hablando con ella de proyectar algún corto en la facultad y compartir la experiencia con los alumnos, hablándoles claro sobre los pros y los contras de empezar a ver el mundo a través de una cámara (de vídeo, de cine o de lo que sea siempre que sirva para contar las historias que a uno le rondan por la cabeza). Aprovechamos que Sergio Mur estaba esos días en Málaga para ser uno de los ponentes, junto a Nuria Gago y Javier Godino, de las jornadas de "Cine Joven" de la Universidad y sobre las 12:30 de la mañana nos presentamos ante más de 100 alumnos con nuestra historia sobre un trío sexual que acaba siendo cualquier cosa menos eso.

Antes de entrar al aula quisimos prepararnos alguna tontería para decir, mientras tomábamos ese café que es como escupitajos negros y que es prácticamente el logotipo de la cafetería de la facultad, pero acabamos hablando sobre qué actor actual nos parecía que representaba mejor al galán de cine por excelencia (ganó George Clooney, por cierto) así que entramos a la presentación sin nada pensado y dispuestos a dejarnos llevar por las preguntas de los alumnos.

14 minutos después, y cuando ya habían desaparecido los títulos de crédito de la pantalla, nos sentamos delante de los alumnos y contuvimos la respiración. Silencio absoluto, nadie preguntaba. Al final una mano se levantó y un estudiante de la primera fila lanzó una pregunta, "¿cómo ha sido trabajar con los actores? Porque están brutales y ellos son el corto". Y eso rompió el hielo y los siguientes 90 minutos se pasaron en un suspiro, Sergio demostrando un aplomo extraordinario y dándoles a los chicos unos consejos que valían su peso en oro, yo disimulando a duras penas mis nervios y saltando de un tema a otro sin lógica ni coherencia pero intentando contagiarles del entusiasmo y la verdad con la que rodamos "3,2 (lo que hacen las novias)" con cuatro duros pero porque no necesitábamos nada más que una cama, tres actorazos y la confianza que yo tenía en su talento y en el de todo el equipo técnico.

Obviamente hablamos de cómo fue rodar la escena del trío, tuvimos qué explicar porqué empezar un corto que habla sobre muchas cosas, pero no sobre el sexo, con una escena muy sexual y casi agresiva, y contestamos a muchas preguntas sobre las sensibilidades a las que puede herir nuestra historia. Pero fue un placer ver cómo los alumnos conectaban con lo que veían en pantalla, como entendían que quien se escandaliza con lo que se cuenta en "3,2 (lo que hacen las novias)" no tiene ningún motivos para hacerlo, y como sabían a la perfección de que el sexo se convierte en algo secundario en el corto en cuanto los personajes empiezan a hablar.

Por cierto, a Sergio y a mí nos encantó el chico que se acercó al final de la clase y nos regaló un dibujo que nos había hecho mientras los dos dábamos la charla. En la foto de abajo lo podéis ver, el de la izquierda se supone que soy yo y el de la derecha es el señor Mur. Tengo el dibujo en casa colgado en la estantería de los DVD´s.

Desde aquí quiero dar las gracias a Sonia Blanco por darnos la oportunidad de compartir la experiencia de rodar nuestro cortometraje. Y darles también las gracias, de corazón, a todos los alumnos porque ellos nos enseñaron a nosotros muchas más cosas que nosotros a ellos. Van a ser una promoción de gente fantástica con un talento inmenso, lo sé.

Por cierto, "3,2 (lo que hacen las novias)" se proyectará el próximo lunes 28 de marzo, a las 17:00 de la tarde, en el Cine Albéniz dentro de la programación oficial de ZonaZine del 14 Festival de Cine Español de Málaga. Y este mes también se verá en el III Festival de Cine de Rodinia (Valladolid). Por si a alguien le pilla por estas fechas en estas dos ciudades.

domingo, 13 de marzo de 2011

"Somewhere" y el cine amado u odiado de Sofia.

No peso menos de sesenta kilos, ni llevo el pelo trasquilado como una oveja, ni me pongo gafas de pasta ni mucho menos que no lleven cristales. No me puedo enfundar en unos pitillos porque me arriesgo a parecer un chorizo atado, ni me doblo los bajos de los pantalones para enseñar mis calcetines morados y mis mocasines marrones. No llevo maxi bolso de tía, ni me pongo pajarita para salir de noche ni bebo de la botella con una pajita para hacerme el interesante. Tampoco rechazo el cine comercial para ver exclusivamente cine iraní y de la Nouvelle Vague. Es decir, no soy un moderno. Pero entonces ¿por qué me gusta tanto el cine de Sofía Coppola?

Anoche decidí pasar el sábado noche con mi perro, una botellita de vino y "Somewhere", la última película de Sofi, ganadora del León de Oro a la mejor película en el último Festival de Venecia. ¿Me gustó? Muchísimo. ¿Puedo defenderla? No lo sé. No es ninguna novedad que el cine de Sofia Coppola es odiado o amado sin término medio, o lo consideras una modernez vacía sin sentido o piensas que es un prodigio de estilo, de contención y con unos personajes raros pero conmovedores. Así que hablar con alguien a quien no le guste la Coppola es como entrar en un bucle que tiene como resultado una conversación de besugos donde lo que yo considero virtudes el otro lo considera defectos, lo que yo creo que es fascinante no es más que un coñazo para el otro, lo que a mí me emociona puede aburrir como a una mona a mi contrincante. ¿Quién tiene razón, él o yo? Ni idea.

Pero sí algo bueno tiene "Somewhere" es que intenta no engañar a nadie. Los primeros quince minutos acumulan todo por lo que es odiado o amado el cine de Sofia Coppola: planos con un ritmo pausado, ausencia casi absoluta de diálogo, imágenes que pretenden ser poéticas, una aparente sensación de que no pasa nada pero a la vez pasan muchas cosas, personajes completamente perdidos y aburridos de todo. Es como si la directora quisiera decir "oye, esto es lo que hay, déjalo a los quince minutos si no te gusta o no te quejes luego si aguantas hasta el final". Toda una declaración de principios que intenta no hacerle perder el tiempo a nadie, o lo tomas o lo dejas pero sabes perfectamente cuáles son las reglas del juego que propone la Coppola.


¿Qué es lo mejor de "Somewhere"? Que se parece mucho a "Lost in translation". ¿Qué es lo peor de "Somewhere"? Que se parece mucho a "Lost in translation". Un actor de éxito entra en una crisis vital donde se da cuenta de que está rodeado de gente pero nunca antes se había encontrado tan, tan solo. Una chica (ya sea una recién casada también en crisis, como en "Lost in translation", o la propia hija del actor como en "Somewhere") será la encargada de hacer despertar al actor de su letargo y hacerle reaccionar. El espectador decide, a mí me emocionó muchísimo pero entiendo perfectamente que a otros les produzca sueño instantáneo desde que aparece el título de la película en pantalla.

El tráiler:



viernes, 11 de marzo de 2011

La degeneración del amor y el talento de Michelle Williams.

Todos los fans de "Dawson crece" dábamos por hecho que muy pocos de sus protagonistas conseguirían sobrevivir al culebrón adolescente. Y todos sabíamos que si había alguien que lo conseguiría sólo podía tratarse de Katie Holmes o Michelle Williams. No había lugar para las dos, sólo podía quedar una (y si alguien pensaba que ese superviviente podría ser James Van der Beek es que realmente era "demasiado" fan de Dawson). Durante mucho tiempo parecía que iba a ser Katie la que conseguiría dejar atrás a Joey Potter, empezó a deslumbrar en "Jóvenes prodigiosos", enseñó sus estupendas mamellas en "Premonición" y fue la chica de Bruce Wayne en la magistral resurrección de Batman a cargo de Chris Nolan. Pero hay que ver cuanto daño pueden hacer un cienciólogo y un sofá. Sin embargo, y a la chita callando, Michelle Williams se ha labrado una carrera envidiable gracias a decisiones arriesgadas pero que han tenido como resultados un buen puñado de interpretaciones memorables y nada fáciles como la esposa engañada de "Brokeback Mountain", la chica que tiene a una perra, en sentido literal lo de perra así que no me penséis mal animales de granja, como única amiga en "Wendy y Lucy", y ahora la mujer frustrada que se enfrenta al derrumbe de su matrimonio en "Blue Valentine", papel por el que ha conseguido su segunda nominación al Oscar, esta vez como mejor actriz protagonista. Y si para algo sirve "Blue Valentine" es para confirmar que Michelle es una de las mejores actrices de la actualidad y que los tiempos de Dawson quedan ya muy, muy lejos.

"Blue Valentine" no cuenta nada nuevo que no se haya contado ya de mil maneras diferentes desde que el cine es cine: el fin del amor y el terremoto emocional que esto supone. Una pareja (unos apoteósicos Ryan Gosling y Michelle Williams) no quiere ver que lo que ellos consideraron un día amor no es más que cotidianidad y rutina desde hace mucho tiempo. En un intento desesperado de recuperar algo que ya está perdido, dejan a su hija pequeña en casa de su abuelo y viajan hasta un motel temático de carretera donde pasarán una noche en una habitación que reproduce una nave espacial (¿qué opinará mi querida Isabel de este homenaje a su última película?). El alcohol, la frustración, un encuentro desafortunado con un ex en un supermercado y una desastrosa sesión de sexo no harán más que precipitar los acontecimientos. Y si este percal no resultara ya suficientemente duro para el espectador, unos oportunos flashbacks contraponen el dolor de una pareja que ve como su amor degenera hasta casi la violencia física con los momentos en que se conocieron y creyeron que nada podría hacerles caer. Este montaje paralelo llega a ser terrorífico en algunos momentos por lo doloroso del contraste entre la ilusión y la frustración, entre el amor y la pena, entre el respeto y el odio. Resumiendo, que "Revolutionary road" ya ha encontrado una más que digna sucesora en su retrato de la destrucción de una pareja.

Todos los que intentamos dedicarnos a esta locura del cine sabemos que una película se puede abordar de dos maneras diferentes, como un simple trabajo o tomándoselo como algo personal. El director de "Blue Valentine", Derek Cianfrance, se saca las tripas y el corazón, las pone encima de la mesa y da forma con sus sentimientos a todos y cada uno de los fotogramas que narran esta crónica de una muerte (de pareja) anunciada. Supongo que será porque lo que les pasa a los protagonistas es uno de nuestros miedos más universales, quizás sea que el propio director ha vivido esa experiencia como nos habrá pasado a todos o nos pasará alguna vez en la vida, pero el caso es que "Blue Valentine" es una de esas películas que respiran verdad y saben transmitírsela al espectador.

Y gran parte de la culpa de esa verdad la tienen Michelle Williams y Ryan Gosling, ambos entregadísimos a sus papeles y consiguiendo esa magia que se logra muy poco últimamente: que dejemos de ver a los actores y sólo veamos a los personajes. Ni ella ni él se esconden detrás de maquillaje, ni de histrionismos, ni de acentos rebuscados, sólo de un inmenso talento con el que construyen a dos personas normales a los que les toca sufrir, sin que sea culpa de nadie, la degeneración de su relación.

Eso sí, prohibido su visionado para todos aquellos que han pasado recientemente por una ruptura o que empiezan a vislumbrar nubarrones en su relación porque entonces "Blue Valentine" puede convertirse en un arma de destrucción masiva.

El tráiler:



Sobre "Kika", "A serbian film" y lo ridícula que puede ser España a veces.

Hace un par de días leía en el blog de Javier Quevedo, "La invasión de las ultracerdas", lo profética que hoy en día resulta "Kika" de Almodóvar, a pesar de estar rodada en 1993. En la película del manchego ya se utilizó la palabra reality-show a través del personaje de Andrea Caracortada (Victoria Abril), una agresiva presentadora que conduce un programa llamado "Lo peor del día" en que se habla de asesinato, incesto, violación, malos tratos y en el que la propia Andrea sale a la calle con su cámara para perseguir una exclusiva aunque eso signifique ver cómo un hombre mata a tiros a su mujer e importe más perseguirlo a él que ayudar a la víctima. En los noventa eso parecía ciencia ficción, exageraciones de un director acostumbrado a los excesos. Quién le iba a decir a Pedro que se quedaría corto a la hora de retratar la pobredumbre en que ha caído nuestra televisión y nuestra sociedad.

Hace unos días me topé en Tele 5 con una escena surrealista digna del programa de Andrea Caracortada. Al parecer, uno de los colaboradores del programa "Sálvame" había roto con su novio y se fue a la casa que ambos compartían para recoger sus cosas. Una cámara del programa le acompañó y fue testigo de como los dos ex se reencontraban. El ex 1 se dirigió al coche, el ex 2 salió corriendo detrás pidiéndole explicaciones y acusándole de robarle unos zapatos de Gucci o algo así, el ex 1 se pone a gritar, el ex 2 casi se cuelga del coche insultándole y amenazándole. Mientras tanto la cámara lo grababa todo, la crónica más patética y ridícula de una ruptura retransmitida en directo a toda España. Y se supone que nuestra sociedad ha avanzado una barbaridad desde que en 1993 se estrenó "Kika".

A mí este tipo de escenas me divertía antes, me parecían como de sainete de Valle Inclán. Pero ahora ya no me hacen ni puta gracia. Es decir, me da mucha pena ver este tipo de escenas todos los días en televisión, ver cómo todas las tardes están saturadas de personajillos contándose los polvos que echan, mandándose a la mierda unos a otros o copando días y días con la crónica en directo de la ruptura entre dos personas. Esta es la televisión que tenemos mientras que la cultura de verdad está en el corredor de la muerte en nuestro país. ¿Vosotros creéis que películas como "Kika" o "¿Qué he hecho yo para merecer esto?" se podrían estrenar hoy en día en nuestro país? Su transgresión y su denuncia social a través del humor negro de la libertad harían que hoy voces retrógradas pidieran la cabeza del manchego servida en bandeja de plata. Y esto es así, no hay más que ver la vergonzosa situación en que se encuentra el periodista Ángel Sala, auténtico gurú del cine fantástico en España (recomiendo a todo el mundo ver "La noche de Halloween" de Carpenter acompañada de los impagables comentarios en DVD del señor Sala).

A estas alturas todos sabemos lo qué ha pasado con "A serbian film" (película a la que pertenece el fotograma de arriba) y Ángel Sala. El periodista está denunciado por la fiscalía de Barcelona por proyectar la película en el pasado Festival de Sitges, certamen del que es director, acusado de fomentar la pornografía infantil y pudiendo pasar de tres a doce meses en la cárcel. Yo creo que aún no he asimilado la noticia y mira que ya hace un par de semanas que sobrevuela sobre nuestros ojipláticos rostros. ¿Está pasando esto de verdad? No voy a aportar nada nuevo a todo lo que se ha dicho ya sobre el tema pero me uno a todas esas personas que están atónitas y no entienden qué está pasando. "A serbian film" es una experiencia horrorosa que yo he visto y que no pienso volver a visionar en mi vida pero no podemos olvidar que es FICCIÓN, MENTIRA, SIMULACIÓN, en definitiva, CINE. El sexo con menores no existe, está rodado fuera de campo y, obviamente, se trata de una película a la que hay que tratar como eso, como una puñetera película sin más.

Por mucho que una película no me guste, y "A serbian film" me parece una mala cinta, me parece impensable que un profesional respetado pueda ir a la cárcel por los contenidos de ficción de una obra de corte fantástico. ¿Estamos locos o qué? ¿Entramos en todas las librerías del mundo y quemamos todos los ejemplares de "Lolita" de Nabokov? ¿Mandamos a garrote vil a Pedro Almodóvar por denunciar la pederastia a través del costumbrismo en "¿Qué he hecho yo para merecer esto?".

Mejor aún, ¿por qué esos colectivos de católicos que se han pronunciado a favor de la denuncia de Ángel Sala no empiezan a perseguir a sus líderes espirituales, los curas, por destrozar la vida de muchos niños metiéndoles mano? Porque eso ya no es ficción, eso es la puñetera realidad.

En fin, creo que quien mejor ha definido esta situación es el director Jaume Balagueró con su demoledora sentencia: "lo que está pasando está convirtiendo a España en un país ridículo".



martes, 8 de marzo de 2011

Sobre chicas que lloran en los autobuses y sociedades podridas.

Adoro "La Sexta 3", me encanta, me gusta mucho, me vuelve loco, me pierde llegar a casa, plantar mi culo en el sofá y encontrarme en la tele con películas como "La vida privada de Sherlock Holmes", "Jackie Brown" o "Doctor Zhivago". Uno de sus primeros días de emisión nos deleitó con la magnífica "Seven", película que en su día se nos vendió como un simple thriller imitación de "El silencio de los corderos" y poco más. Pero la película de David Fincher ha sabido envejecer muy bien y hoy nadie duda de que es una de las mejores películas que nos dejó la década de los 90, un formidable ejercicio de estilo y un desolador estudio sobre la condición humana. Hacía tiempo que no la veía así que me la tragué de principio a fin. En una de sus escenas más logradas Morgan Freeman le explica a Brad Pitt que una mujer que es violada nunca debe gritar pidiendo ayuda porque la gente no acudirá a su grito de auxilio, debe gritar "¡fuego!" y entonces tendrá respuesta. Más tarde, el asesino John Doe (un aterrador Kevin Spacey) le confiesa a los detectives que para que la gente te escuche no basta con darle una palmadita en la espalda, necesitas darle con un mazo de hierro. Han pasado ya dieciséis años desde que se estrenó "Seven" y su deprimente visión del ser humano y de la sociedad podrida en la que vivimos está más vigente que nunca.

Os suelto este rollo porque hoy ha venido a mi cabeza la película de Fincher mientras volvía en bus a casa del trabajo. Yo estaba leyendo un libro (diría, para quedar bien, que se trataba de "Las uvas de la ira" de Steinbeck pero realmente era "Come, reza, ama" de Elizabeth Gilbert) cuando escuché algo raro, un sonido así como muy familiar y que provenía de unos asientos por detrás mía. Giré un poco la cabeza, así como quien no quiere la cosa, pero dos abuelas me impedían ver qué estaba pasando así que volví a concentrarme en el libro. No pasan ni dos minutos cuando el sonido se convierte en un llanto descontrolado, miro hacia atrás y consigo ver a una chica de unos veintipocos años llorando a lágrima viva. No hablaba por el móvil ni iba nadie sentado a su lado, simplemente estaba ella sola sin poder parar de llorar. Las abuelas también la miran pero todos optamos por hacer como que allí no pasa nada y nos volvemos a concentrar en nuestras cosas. Y de repente la chica apoya su cabeza contra la ventanilla y empieza a gemir, como si le faltara el aire, el cuerpo entero le tiembla y ella sólo puede repetir una y otra vez "no puedo más, no puedo más, me quiero morir".

Sobra decir que todos los pasajeros del autobús nos encontrábamos girados, con mayor o menor disimulo, hacia esa pobre chica. Pero ninguno hicimos nada, ninguno nos acercamos a preguntarle si estaba bien, si necesitaba algo, si quería algún tipo de ayuda por absurda que fuera. Yo no recuerdo haber visto nunca a nadie llorar así, con esa desesperación que rozaba casi en el terror. Todos miramos pero todos hicimos como que allí no pasaba nada.

Cuando el bus llegó a la estación yo esperé un poco a salir, hice como que me ponía la cazadora y la bufanda y aproveché para echar un último vistazo a la chica. Ésta seguía llorando, me miró y se tapó la cara con las manos. Yo estuve a punto de acercarme y ofrecerle un pañuelo o alguna gilipollez parecida pero no, me abroché la cazadora y salí del bus muerto de vergüenza por haber pensando en entrometerme en la vida de la pobre chica. Pero al llegar a casa me di cuenta de que me había comportado como la sociedad podrida que nos enseña "Seven" y que ni siquiera acude al grito de auxilio de una violación. Que vergüenza me doy ...