PELICULEROS

viernes, 3 de junio de 2011

Réquiem por un cine.

Cómo pasa el tiempo, seis años hace ya de la foto de arriba. Casi ni me reconozco, llevaba el pelo corto, perilla, pesaba algo así como diez kilos menos y entonces no sabía nada de lo feliz que era en aquel momento. Al final va a ser verdad que uno no es consciente de la felicidad hasta que no pasa el tiempo y echa la vista atrás. La foto nos la hicimos en el caluroso verano de 2004, yo llevaba ya un año trabajando en el mítico multicines Larios y aún me quedaban dos años entre esas 10 salas donde vi muchas películas gratis, donde convertimos la sala 9 en nuestra particular botellódromo y donde vi cosas con las que puedo rellenar guiones y guiones de ficción para el resto de mi vida y nadie sospecharía que están sacados de la realidad. Pero sobre todo fue el cine donde parecía que no iba a trabajar sino a ver a amigos, a reírme, a compartir confidencias en el baño de minusválidos y a aprender que nada es más importante en la vida que tener un trabajo que te gusta, sea cual sea éste y aunque no tenga nada que ver con tus estudios.

En las diez salas del cine Larios aprendí a hacerme mayor, vi cosas como chaperos que se prostituían en los baños de la portería A, salas como la 2 donde los clientes aseguraban que algo peludo y negro recorría los bajos de las butacas, mendigos que venían a la sesión golfa con el dinero que habían recaudado durante el día y nos pedían a los porteros que les ayudáramos a ponerse las gotas para los ojos y así un largo etcétera que hace que recuerde esos años como algunos de los mejores de mi vida.

Quizás por eso me puso tan triste esta imagen:

Sí, había muchos rumores desde hace años pero el pasado abril se hizo realidad el cierre del cine Larios. Las 10 salas echaban el candado y la cartelera se quedaba congelada con "Scream 4" en la sala 10, la más grande reservada para los estrenos aunque ya se había quedado desfasada por culpa de esa manía de la gente de querer ir a cines cuanto más espectaculares y masivos mejor.

Siempre me ha dado mucha pena ver un cine cerrado pero aún más cuando se trata de uno al que has ido desde los dieciocho años, donde has visto por primera vez películas que luego se han convertido en claves en tu vida, al que siempre vuelves aunque la gente te diga que no es lo mismo ir ahí que al megacomplejo Yelmo que está justo enfrente. Pero estos cines viejos siempre conservan algo de encanto, de cine de barrio, de la magia de las muchas películas que se han proyectado en sus pantallas.

La primera película que vi en el Larios fue "Lo que la verdad esconde" cuando me mudé de mi pueblo en Cádiz a Málaga para empezar a estudiar periodismo. Para alguien como yo que venía de un pueblo de 5.000 habitantes donde ir al cine significaba que tu madre te llevara en coche hasta Jerez o Cádiz, poder ir a un multicines cada vez que quisiera era algo así como la felicidad máxima elevada al cubo. Y el cine Larios tuvo gran parte de la culpa de esa felicidad. Recuerdo como, mucho antes de trabajar allí, nos colábamos de una sala a otra y así veíamos "Cadena de favores" y nos pasábamos después a "Traffic". Y puedo decir de memoria las películas que se proyectaban el día en que entré a trabajar allí como portero, con "Como Dios" en la sala 1 y "28 días después" de estreno en la sala 10.

Yaye fue una de las mejores personas que conocí en mi último año trabajando en el cine y hoy es una de mis mejores amigas. Siempre le hemos guardado mucho cariño al Larios por ser el sitio que nos unió y que nos dio algunos de los mejores momentos del verano de 2006. Así que hace un par de semanas nos compramos unas botellas de cava y nos plantamos en el desmantelado cine para brindar por él. Daba un poco de grima verlo tan vacío, con todos los póster promocionales apilados en una esquina, sin esas lonas de las películas colgadas en la pasarela por donde se paseaba el proyeccionista para ir de una sala a otra.

El cava fue fluyendo y a Yaye y a mí se nos fue quitando la vergüenza y conseguimos esquivar al guardia de seguridad del centro comercial para meternos dentro de los puestos de palomitas del cine. Estaban vacíos pero aún así pudimos hacernos con algunos recuerdos como esos míticos vasos de litro y los discos de playa que regalábamos con los menús grandes de palomitas. Incluso conseguimos meter en la mochila algunos servilleteros y dejamos la botella de cava de recuerdo al lado de la caja registradora ya inservible, para dejar constancia de que echaremos de menos al cine Larios. Y por supuesto brindamos con uno de los vasos en honor a todos los buenos recuerdos que esas 10 salas nos han hecho vivir.

Da muchísima pena ver que cada vez se cierran más cines viejos, que ya sólo nos quedan los grandes complejos donde nos despluman cada vez que vamos a ver una película, donde no existe ese olor a muchas películas, donde ya ni siquiera existe el celuloide y las películas se proyectan desde un disco duro.

Esa tarde en que Yaye y yo brindamos frente al ya inexistente cine Larios fue como el momento en que Totó ve como se derrumba el nuovo Cinema Paradiso.

Descansa en paz cine Larios.

2 comentarios:

caotico_jq dijo...

Es una pena, la verdad... En Castellón también acabaron cargándose todos los cines clásicos y, que yo sepa, en la propia ciudad ya solo queda uno, resistiendo como un jabato (y no sé por cuánto tiempo, la verdad). Ahora, para ver cine en pantalla grande, a no ser que estes en ciudades como Madrid, muchas veces tienes que desplazarte en coche a complejos comerciales donde pagar precios abusivos por aguantar a la peor calaña de espectadores. Si eso es progreso, que baje Dios y lo vea.

Alfins dijo...

Nunca fui mucho al (y del) multicines Larios (soy de la generación que creció con el América multicines, sí, sí, ves como hay gente mucho más mayor que tú ;-) y "Cinema Paradiso" siempre me pareció una película sobrevalorada.
Ahora, lo mismo que te digo una cosa te digo la otra: PRECIOSO POST(UMO) al multicisnes Larios.

P.d. Mi mejor recuerdo del Larios sigue siendo... su ginebra y "James y el melocotón gigante".