PELICULEROS

jueves, 30 de junio de 2011

"Los ojos sin rostro" o cómo descubrir un clásico imprescindible.

Tenía muchísimas ganas de revisar "Los ojos sin rostro" (1960) desde que John Carpenter dijera que la máscara que luce la protagonista de la película fue la inspiración para crear la de uno de mis mayores iconos cinematográficos, el Michael Myers de "La noche de Halloween". Mis ganas aumentaron después de que la mayoría de críticas sobre "La piel que habito" en Cannes la señalaran como el gran referente que había usado Almodóvar para construir su historia. Y creo que estos símiles no son gratuitos, al fin y al cabo "Los ojos sin rostro" y "La piel que habito" nos cuentan la historia de un cirujano que mantiene presa en una mansión a una mujer mientras intenta buscar una nueva piel (o rostro) con la que intentar arreglar una vida destrozada después de un accidente de tráfico.

Así que esta semana me he pillado la esplendorosa edición de dos discos que Versus Entertainment ha editado en España de "Los ojos sin rostro", obra de culto del francés Georges Franju que casi acaba con su carrera por esa manía de los espectadores, pero sobre todo de los críticos de cine, de no querer ver más allá de las apariencias que tienen estigmatizado al género de terror. ¿A qué mola mi edición en DVD?

Decía Sir Alfred en el libro "El cine según Hitchcock" de Truffaut que una buena película es aquella que puede entenderse y disfrutarse sin necesidad de sonido, diálogos, música y demás adornos cinematográficos, sólo con el poder de las imágenes y lo que éstas te cuentan. Pues entonces tenemos que hablar de "Los ojos sin rostro" como una buena película (de hecho podríamos decir que es una obra imprescindible), una cinta hipnótica que se desnuda de cualquier artificio para centrarse en las sensaciones perversas y malsanas que sus imágenes son capaces de crear.

Los primeros minutos de la película ya demuestran que Georges Franju sabe dónde colocar la cámara para contar su historia sin apenas recurrir a los diálogos, que los hay pero que son completamente secundarios a pesar de que hay alguna conversación, esa en la que la hija del cirujano se queja de que puede ver su rostro desfigurado en cualquier superficie brillante a pesar de que su padre ha hecho desaparecer todos los espejos de la casa, que el espectador no olvidará fácilmente. Pero no nos desviemos del tema, la primera escena de la película nos coloca en un coche conducido por una misteriosa mujer que parece huir de alguien. Un simple movimiento para recolocar el espejo retrovisor sirve para ver qué alguien duerme en el asiento trasero del vehículo. El nerviosismo de la mujer aumenta, parece que un coche la sigue y ella aparca en el arcén para dejar que le adelante, echa un vistazo atrás y sale fuera arrastrando a la persona dormida a duras penas hasta la orilla del río Sena. Una gabardina cubre el cuerpo "dormido" pero deja ver unas piernas de mujer y entonces nos damos cuenta de que es un cadáver. La mujer tira el cuerpo al agua y espera mientras se hunde, poco a poco. Ni una sola palabra y el espectador ya está inmerso en "Los ojos sin rostro".

La fascinación de la historia aumenta cuando se nos presenta el personaje principal, Christiane, la hija desfigurada del enloquecido cirujano que vive obsesionado con darle una nueva cara aunque para ello tenga que secuestrar y asesinar a jóvenes para arrancarles el rostro. El director mueve la cámara alrededor de Christiane que deambula con una máscara inexpresiva (no sólo Carpenter homenajearía esa careta, Amenábar también lo haría en "Abre los ojos") por una especie de casa encantada donde no hay fantasmas pero sí muerte. Y Georges Franju es capaz de crear suspense y terror sólo con esa figura trágica que asiste impasible a las operaciones clandestinas donde jóvenes mueren mientras se les arrebara la cara. Pero también sabe sacar poesía del horror como en esa escena arrebatadora en que Christiane entra en el sótano donde su padre tiene encerrados a una jauría de perros con los que experimenta, unos minutos conmovedores en los que la protagonista acaricia a unos animales que no se asustan de su cara y que acabarán convirtiéndose en piezas clave de un final espeluznante que aún hoy, y a pesar de estar acostumbrados ya a todo tipo de torturas cinematográficas por culpa de "Saw", es capaz de hacer que miremos a otro lado para no tener que ver el horror que se proyecta en la pantalla.

"Los ojos sin rostro" acaba resultando una película pausada, con un ritmo peculiar pero sin renunciar al terror que puede producir un simple plano fijo y mantenido en el que se ve como un padre atraviesa todos los límites morales y éticos para arrancar un rostro mientras su hija espera en un sofá con la esperanza de que esa sea su nueva cara. Es una cinta de horror pero que demuestra que no hay nada mejor que este género para hablar de las relaciones más atípicas entre unos personajes que bien podrían ser los protagonistas de un melodrama de sentimientos en carne viva (nunca mejor dicho).

Impecable e imprescindible ... hacedme caso, no os arrepentiréis.

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