PELICULEROS

martes, 8 de marzo de 2011

Sobre chicas que lloran en los autobuses y sociedades podridas.

Adoro "La Sexta 3", me encanta, me gusta mucho, me vuelve loco, me pierde llegar a casa, plantar mi culo en el sofá y encontrarme en la tele con películas como "La vida privada de Sherlock Holmes", "Jackie Brown" o "Doctor Zhivago". Uno de sus primeros días de emisión nos deleitó con la magnífica "Seven", película que en su día se nos vendió como un simple thriller imitación de "El silencio de los corderos" y poco más. Pero la película de David Fincher ha sabido envejecer muy bien y hoy nadie duda de que es una de las mejores películas que nos dejó la década de los 90, un formidable ejercicio de estilo y un desolador estudio sobre la condición humana. Hacía tiempo que no la veía así que me la tragué de principio a fin. En una de sus escenas más logradas Morgan Freeman le explica a Brad Pitt que una mujer que es violada nunca debe gritar pidiendo ayuda porque la gente no acudirá a su grito de auxilio, debe gritar "¡fuego!" y entonces tendrá respuesta. Más tarde, el asesino John Doe (un aterrador Kevin Spacey) le confiesa a los detectives que para que la gente te escuche no basta con darle una palmadita en la espalda, necesitas darle con un mazo de hierro. Han pasado ya dieciséis años desde que se estrenó "Seven" y su deprimente visión del ser humano y de la sociedad podrida en la que vivimos está más vigente que nunca.

Os suelto este rollo porque hoy ha venido a mi cabeza la película de Fincher mientras volvía en bus a casa del trabajo. Yo estaba leyendo un libro (diría, para quedar bien, que se trataba de "Las uvas de la ira" de Steinbeck pero realmente era "Come, reza, ama" de Elizabeth Gilbert) cuando escuché algo raro, un sonido así como muy familiar y que provenía de unos asientos por detrás mía. Giré un poco la cabeza, así como quien no quiere la cosa, pero dos abuelas me impedían ver qué estaba pasando así que volví a concentrarme en el libro. No pasan ni dos minutos cuando el sonido se convierte en un llanto descontrolado, miro hacia atrás y consigo ver a una chica de unos veintipocos años llorando a lágrima viva. No hablaba por el móvil ni iba nadie sentado a su lado, simplemente estaba ella sola sin poder parar de llorar. Las abuelas también la miran pero todos optamos por hacer como que allí no pasa nada y nos volvemos a concentrar en nuestras cosas. Y de repente la chica apoya su cabeza contra la ventanilla y empieza a gemir, como si le faltara el aire, el cuerpo entero le tiembla y ella sólo puede repetir una y otra vez "no puedo más, no puedo más, me quiero morir".

Sobra decir que todos los pasajeros del autobús nos encontrábamos girados, con mayor o menor disimulo, hacia esa pobre chica. Pero ninguno hicimos nada, ninguno nos acercamos a preguntarle si estaba bien, si necesitaba algo, si quería algún tipo de ayuda por absurda que fuera. Yo no recuerdo haber visto nunca a nadie llorar así, con esa desesperación que rozaba casi en el terror. Todos miramos pero todos hicimos como que allí no pasaba nada.

Cuando el bus llegó a la estación yo esperé un poco a salir, hice como que me ponía la cazadora y la bufanda y aproveché para echar un último vistazo a la chica. Ésta seguía llorando, me miró y se tapó la cara con las manos. Yo estuve a punto de acercarme y ofrecerle un pañuelo o alguna gilipollez parecida pero no, me abroché la cazadora y salí del bus muerto de vergüenza por haber pensando en entrometerme en la vida de la pobre chica. Pero al llegar a casa me di cuenta de que me había comportado como la sociedad podrida que nos enseña "Seven" y que ni siquiera acude al grito de auxilio de una violación. Que vergüenza me doy ...

2 comentarios:

martanews dijo...

NO es que dejaras la situación por verguenza a entrometerte en la vida de la chica, sino porque sabías que ayudar a esa chica no iba a ser fácil ni para tú ocupado tiempo, ni para tu valiosa vida.
La verdad que:
1º te avergonzaste de la posibilidad de convertirte tú, al igual que la chica, en el centro de esa atención.
2ºPensaste: " a ver si ahora me voy a meter en un berengenal, o me va a ocupar más tiempo del oportuno, o me va a montar el pollo.


Em definitiva, es fácil decir y creer que no acercándote, hiciste lo mejor que tu moralidad y educación te permite, pero no. NO acercándote conseguiste reiterar lo que somos todos los humanos, unos seres egoístamente natos. Y te lo digo yo, porque a mi me ha pasado y también así he reaccionado.

Espero que al menos aprendamos para futuras situaciones comprometidas.

#elniñodelbolso dijo...

Wow!! Como impresiona leerlo. Pero es lo que somos. Nos puede el pensar si es o no lo correcto. La vergüenza, el pudor...
Dejamos de ser nosotros en cada minuto del día.
Me duele pensar que no hay solución...