PELICULEROS

viernes, 11 de marzo de 2011

La degeneración del amor y el talento de Michelle Williams.

Todos los fans de "Dawson crece" dábamos por hecho que muy pocos de sus protagonistas conseguirían sobrevivir al culebrón adolescente. Y todos sabíamos que si había alguien que lo conseguiría sólo podía tratarse de Katie Holmes o Michelle Williams. No había lugar para las dos, sólo podía quedar una (y si alguien pensaba que ese superviviente podría ser James Van der Beek es que realmente era "demasiado" fan de Dawson). Durante mucho tiempo parecía que iba a ser Katie la que conseguiría dejar atrás a Joey Potter, empezó a deslumbrar en "Jóvenes prodigiosos", enseñó sus estupendas mamellas en "Premonición" y fue la chica de Bruce Wayne en la magistral resurrección de Batman a cargo de Chris Nolan. Pero hay que ver cuanto daño pueden hacer un cienciólogo y un sofá. Sin embargo, y a la chita callando, Michelle Williams se ha labrado una carrera envidiable gracias a decisiones arriesgadas pero que han tenido como resultados un buen puñado de interpretaciones memorables y nada fáciles como la esposa engañada de "Brokeback Mountain", la chica que tiene a una perra, en sentido literal lo de perra así que no me penséis mal animales de granja, como única amiga en "Wendy y Lucy", y ahora la mujer frustrada que se enfrenta al derrumbe de su matrimonio en "Blue Valentine", papel por el que ha conseguido su segunda nominación al Oscar, esta vez como mejor actriz protagonista. Y si para algo sirve "Blue Valentine" es para confirmar que Michelle es una de las mejores actrices de la actualidad y que los tiempos de Dawson quedan ya muy, muy lejos.

"Blue Valentine" no cuenta nada nuevo que no se haya contado ya de mil maneras diferentes desde que el cine es cine: el fin del amor y el terremoto emocional que esto supone. Una pareja (unos apoteósicos Ryan Gosling y Michelle Williams) no quiere ver que lo que ellos consideraron un día amor no es más que cotidianidad y rutina desde hace mucho tiempo. En un intento desesperado de recuperar algo que ya está perdido, dejan a su hija pequeña en casa de su abuelo y viajan hasta un motel temático de carretera donde pasarán una noche en una habitación que reproduce una nave espacial (¿qué opinará mi querida Isabel de este homenaje a su última película?). El alcohol, la frustración, un encuentro desafortunado con un ex en un supermercado y una desastrosa sesión de sexo no harán más que precipitar los acontecimientos. Y si este percal no resultara ya suficientemente duro para el espectador, unos oportunos flashbacks contraponen el dolor de una pareja que ve como su amor degenera hasta casi la violencia física con los momentos en que se conocieron y creyeron que nada podría hacerles caer. Este montaje paralelo llega a ser terrorífico en algunos momentos por lo doloroso del contraste entre la ilusión y la frustración, entre el amor y la pena, entre el respeto y el odio. Resumiendo, que "Revolutionary road" ya ha encontrado una más que digna sucesora en su retrato de la destrucción de una pareja.

Todos los que intentamos dedicarnos a esta locura del cine sabemos que una película se puede abordar de dos maneras diferentes, como un simple trabajo o tomándoselo como algo personal. El director de "Blue Valentine", Derek Cianfrance, se saca las tripas y el corazón, las pone encima de la mesa y da forma con sus sentimientos a todos y cada uno de los fotogramas que narran esta crónica de una muerte (de pareja) anunciada. Supongo que será porque lo que les pasa a los protagonistas es uno de nuestros miedos más universales, quizás sea que el propio director ha vivido esa experiencia como nos habrá pasado a todos o nos pasará alguna vez en la vida, pero el caso es que "Blue Valentine" es una de esas películas que respiran verdad y saben transmitírsela al espectador.

Y gran parte de la culpa de esa verdad la tienen Michelle Williams y Ryan Gosling, ambos entregadísimos a sus papeles y consiguiendo esa magia que se logra muy poco últimamente: que dejemos de ver a los actores y sólo veamos a los personajes. Ni ella ni él se esconden detrás de maquillaje, ni de histrionismos, ni de acentos rebuscados, sólo de un inmenso talento con el que construyen a dos personas normales a los que les toca sufrir, sin que sea culpa de nadie, la degeneración de su relación.

Eso sí, prohibido su visionado para todos aquellos que han pasado recientemente por una ruptura o que empiezan a vislumbrar nubarrones en su relación porque entonces "Blue Valentine" puede convertirse en un arma de destrucción masiva.

El tráiler:



1 comentario:

Miguel Sánchez Ibáñez dijo...

Totalmente de acuerdo con esta entrada, una de mis actrices favoritas, sin duda. A mí me encantó en Mamooth, con Gael García Bernal de partenaire.
Un gusto leerte, siempre :)