PELICULEROS

domingo, 30 de enero de 2011

Días de vino y Mac Donald´s.

Lo de arriba es el sueño de mi vida, una fuente de la que fluye vino tinto, del bueno y no del que nosotros nos rebajamos a comprar para no dañar la economía del mes. Una gozada que le hacía sentirse a uno un Dinonisios de la vida, con ganas de ponerse en pelotas y danzar por el patio andaluz de la vinoteca con apenas unos racimos de uvas alrededor de la cabeza, ajeno al frío polar y al diluvio universal que sufrimos ese día.

Ya hace unas cuantas semanas que Edu y yo viajamos hasta Ronda para ir a una cata de vinos en el centro histórico de la ciudad. Fuímos previsores, pasamos de coger el coche y nos montamos en un bus preparados para pillar una cogorza disfrazada de visita cultural a un museo, de vino pero museo al fin y al cabo. Fue un día agitado y extraño que a mí me recordó muchísimo al viaje de Paul Giamatti y Thomas Haden Church en la maravillosa Entre copas, de Alexander Payne, película que hay que ver al menos una vez al mes aunque sea para disfrutar del monólogo de Virginia Madsen en el que explica porqué le gusta tanto el vino.

Edu y yo emulamos a los protagonistas de Entre copas y disfrutamos de no sé cuántas variedades distintas de vino, nos rellenamos la copa cuando la camarera no nos veía, nos hicimos los entendidos y metimos las narices en las copas y dijimos que percibíamos ese "aroma afrutado" cuando realmente yo no podía casi ni respirar del resfriado que tenía a cuestas.

Nos regalaron una botella de su mejor vino y Edu y yo nos fuímos a rellenar el estómago a un Mac Donald´s intentando guardar el equilibrio en el camino ¡¡maldito empedrado del centro histórico!! Y allí decidimos hacerle un último homenaje a la película. ¿Os acordáis del final? El personaje de Paul Giamatti toca fondo y decide escaparse de la boda de su amigo, va a casa y saca del armario una botella de vino de coleccionista, un auténtico tesoro que reservaba para una ocasión especial y única. Paul coge el vino y su depresión y se va a un burger, allí rellena un vaso de plástico con el vino y se lo mete entre pecho y espalda mientras se come un vulgar menú. Momento mítico, divertidísimo y a vez amargo y tristísimo.


Decidimos hacerle un homenaje a esa gran escena de Entre copas, probablemente una de las mejores de la década y toda una lección sobre cómo mostrar el clímax de un personaje sin necesidad de escribir ni una sola línea de diálogo.

Por cierto, antes de salir del museo del vino la camerera nos dijo: "aquí la gente sale con una botella, es pisar la calle y cársele al suelo. Y los muy caraduras vuelven dentro con los cristales y pidiendo otra. Obviamente yo lo único que puedo hacer es servirles otra copa para que, al menos, la borrachera aumente y se olviden de la botella rota". Nosotros nos reímos de los pobres borrachuzos ... minutos después, nuestra botella yacía en mil pedazos en el suelo del Mac Donald´s. No comment ...

1 comentario:

Luis Chacón dijo...

pues un merecido homenaje, y seguro que con tanta cata, de lo más divertido!!

(pd: acabo de ver "Varices" de nuevo ^^')