PELICULEROS

domingo, 29 de agosto de 2010

Sobre tener un lugar al que siempre volver ...


Hace unos meses, Sergio, Marta y yo tomábamos unas cañas post-cine por Malasaña cuando salió el tema de conversación de tener un sitio al que volver siempre. Marta, que es de Santander, y yo, que soy de Algodonales, un pueblo gaditano, le comentábamos a Sergio, madrileño de pro desde que nació, que vivir en la capital era genial pero que más genial aún era tener un lugar alejado al que volver, una casa familiar donde parece que el tiempo se detiene, y un paisaje que nos ha visto nacer, crecer y salir corriendo de allí para darnos cuenta de que lo echamos de menos más de lo que pensábamos.

La foto de arriba la sacó Edu la semana pasada, es Algodonales y allí que hemos estado pasando unas semanas para desconectar de la búsqueda de piso y de otras mil historias más que en la ciudad parecen importantísimas pero que en un pueblo se convierten automáticamente en tonterías. Y es que es una gozada instalarse en la casa familiar, vacía desde que mi abuela murió, y ver a Pumba en el patio andaluz en que yo aprendí a andar.


O levantarte por la mañana y desayunar en el mismo patio mientras se oye a las vecinas marujear en la calle. Hasta me desentonaba en medio de esto mi ordenador portátil, que me había llevado para escribir algo que me tiene obsesionado desde hace varios meses.


Es inevitable, cada vez que me voy al pueblo a pasar unos días acabo acordándome de la magistral Volver. Me siento como Penélope Cruz y Lola Dueñas cuando vuelven a la casa familiar en su pueblo manchego y las vecinas inmediatamente se ponen manos a la obra en cuanto ven la puerta de la casa abierta. En mi caso es exactamente igual, es llegar y abrir la casa y en un momento ya se está abriendo el portón, porque en mi calle nadie llama a la puerta, y empieza el desfile de Emilia, María, Isabel y demás vecinas que vienen a preguntarme cómo estoy y que si necesito algo, que si quiero comer en su casa, que si necesito leche, que me acuerde de cerrar bien las ventanas cuando me vaya, que si tengo que regar el patio para que las macetas no se pongan pochas ... Incluso te dan algún susto por la noche, cuando estás a punto de irte a la cama, y la vecina de enfrente te pega a la ventana, porque mi dormitorio está en el piso de abajo, y te dice: "niño, que te dejas la puerta de la calle abierta, anda y ve a cerrarla no te vayan a entrar".


Lo dicho, muy Volver todo. Lo único que yo no canto como Estrella Morente ni tengo las mamellas de Penélope Cruz ni su arte fregando cuchillos ensagrentados junto con tupperwares con comida de la tía del pueblo.


miércoles, 25 de agosto de 2010

Actualización de dos rombos sobre la masturbación cinematográfica ...


La foto de arriba es un fotograma sin retocar de "3,2 (lo que hacen las novias)" y el que aparece es uno de mis actores favoritos, Juan Caballero. Y sí, está haciendo lo que parece que está haciendo.

Hace unos días mantuve una conversación con unos amigos que giraba en torno a las masturbaciones cinematográficas, y todo empezó porque uno de ellos me comentó que mis dos últimos cortos tenían momentos clave en las pajas (hablemos claro, no creo que nadie de Intereconomía lea este blog así que nadie se asustará por usar esa palabra) que los protagonistas se hacían. En "Placer", el krámpack entre Abel (Ignacio Mateos Vivancos) y Max (Chico García) desencadenaba lo que fue la primera secuencia de sexo que rodaba en mi vida. Y en "3,2 (lo que hacen las novias)", la paja que se hace Ale (Juan Caballero) es el motor de todo lo que viene después en el corto.

Mis amigos me preguntaron cómo era rodar una masturbación y yo les respondí con total sinceridad: es ridículo pero puedes convertirlo en un momento dramático brutal. Generalmente ves a actores, que en muchas ocasiones acaban convertidos en amigos íntimos, fingiendo un acto tan íntimo y rodeados de un equipo que intenta captar que el sonido sea lo más realista posible, que el actor no tenga brillos o que su brazo no entre en sombras mientras sube y baja ... lo intento y no se me ocurre otra palabra para definir esto que no sea "ridículo". Aunque también es verdad que, después de esta conversación, me di cuenta de que la masturbación siempre ha sido un elemento importantísimo en mis guiones, y es que si se sabe aprovecharla puede ser todo un filón inagotable de conflictos dramáticos. Y eso mola, mola mucho.

Después de unos cuantos vinos más, porque sobra decir que este tipo de conversaciones surge siempre al amparo del alcohol, empezamos a recopilar las masturbaciones más célebres que recordábamos sobre una pantalla de cine. Yo lo tenía muy claro, una de mis favoritas era la de Louis Garrell en Soñadores, ante la atenta mirada de Eva Green y Michael Pitt. Recordemos el momento: los hermanos protagonistas juegan a adivinar películas y si uno falla, tiene que exponerse al castigo que el otro ordene. Louis Garrell falla y Eva Green le obliga a masturbarse delante de un póster de Marlene Dietrich mientras ella, y un atónito Michael Pitt que no sabe la que le viene encima, le miran en silencio. Bertolucci se las apaña para rodar una de las secuencias más eróticas y perturbadoras que yo recuerdo.
Aunque mi favorita, sin duda, es esta:


Y es que Alfonso Cuarón dio una lección magistral sobre cómo hacer cine en Y tu mamá también.
Curioso tema el de las masturbaciones cinematográficas ...

lunes, 23 de agosto de 2010

Sobre buscar piso y llamarlo hogar ...

Una de las películas que más gracia me hacía de pequeño era Esta casa es una ruina con Tom Hanks. Recuerdo verla miles y miles de veces y acabar siempre descojonado de la risa, aunque eso era antes de crecer y darme cuenta de que buscar un hogar era una cosa muy seria y que lo que le pasaba a Tom y su mujer en la película no tenía ni puta gracia.

Esta semana la hemos pasado entre carteles de "Se alquila" y puedo dar fe de que encontrar la que espero sea mi casa durante un montón de años ha sido toda una aventura, y lo último que espero es encontrarme con un hogar aparentemente perfecto que luego se cae a trozos. Prometo no volver a reírme nunca más cuando vea Esta casa es una ruina.

Como casi todos los de mi generación, me independicé por primera vez a los 18 años cuando entré en la Universidad y me tuve que mudar de mi pequeño pueblo gaditano de 5.000 habitantes a Málaga. Neli y yo éramos amigos de toda la vida y cumplíamos el sueño de irnos a vivir juntos al empezar la Universidad así que dimos saltos de alegría al encontrar un piso viejo, decrépito, adornado con muebles propios de Luis XIV, con un cuadro horrible de un caballo saltando un lago, y donde nada funcionaba como se supone que tenía que funcionar. Pero nos daba igual, era nuestra primera casa en la que no había padres, era nuestro primer piso de estudiantes.

Después he vivido con más amigos, en pisos más nuevos, más viejos, algunos con piscina, otros con cucarachas, unos pocos muy caros y otros más asequibles pero que acababan convertidos en albergues improvisados de amigos que convertían nuestra casa en un meeting point. Incluso llegamos a vivir, durante el tercer año de Universidad, en una casa de tres plantas al más puro estilo Amityville donde había algo extraño que merodeaba por la noche.

No es broma, lo juro. Un día Reme nos confesó en el desayuno que llevaba días sin poder dormir porque escuchaba alguien que se pasaba toda la noche caminando por el pasillo. Incluso una vez llegó a golpear en la pared y todos los poster de su cuarto se cayeron a la vez. Todos, sin excepción, yo mismo los vi al día siguiente en el suelo a pesar de que eran muchos y todos estaban pegados a la pared con masilla. No le quisimos dar más importancia hasta que nuestros amigos nos confesaban que si se quedaban a dormir en el piso de abajo, de repente les entraba un miedo irracional que no sabían explicar. Y para colmo, uno de los días que fuímos a pagarle a la casera, ésta nos dijo que se fue de aquella casa porque su hijo, que tenía retraso mental, tenía auténtico pánico a quedarse solo en la casa, hasta el punto de que tuvieron que dejarla y alquilarla. Para colmo, uno de nuestros compañeros nos dijo que alguien le tocó en la cara justo después de apagar la luz e irse a dormir. No hace falta que os diga que no duramos mucho en aquel acogedor hogar, por mucho que haya sido la casa más barata en la que he estado.

Después de aquello he pasado por muchos pisos más, prácticamente uno por año excepto en el mítico hogar de El Paseo de los Tilos donde probablemente haya pasado los tres mejores años de mi vida. Muchas casas más, algunas en Málaga y otras en Madrid. Algunas con muy pocos habitantes y otras que parecían sacadas de la película Una casa de locos y sus inquilinos Erasmus desatados.

De todos mis hogares guardo un recuerdo especial, algo que me marcó de alguna u otra manera. Pero creo que ninguno se puede comparar al que a partir de octubre se convertirá en nuestro primer hogar y del que hoy hemos firmado un papelito en el que se dice que ya es nuestro. Bueno, nuestro y de Pumba.

Como diría mi amiga Yaye, empieza una nueva etapa...


miércoles, 18 de agosto de 2010

"Ander" y el cine independiente español ...

Tenía muchas ganas de ver Ander por varias razones. La primera era por cierta simpatía haca una película que no consigue estrenarse en su país de origen, esta madre patria nuestra, pero que sin embargo arrasa en festivales de cine tan importantes como el de Berlín y acumula más de ocho premios de prestigio a nivel internacional. La segunda era por la curiosidad que me despertaba el hecho de que la definieran como el Brokeback Mountain español. Y la tercera era simplemente el hecho de que me fascina ver aquellas películas que se hacen con cuatro duros y consiguen cierta repercusión. Así que esta semana la he conseguido ver Ander y la verdad es que me ha despertado toda una serie de sentimientos contradictorios.

Por si alguien no ha oído hablar de Ander sólo se puede decir que es la historia de amor entre un granjero vasco (por cierto, casi todo el filme está hablado en esa lengua con subtítulos en español) y un chico peruano al que contrata para que cuide sus tierras después de tener un accidente que lo deja inválido durante unas semanas. Todo esto se desarrolla en un ambiente tan opresivo como es el mundo rural vasco.

Tengo que ser sincero y es que casi quito la película a los quince minutos de visionado. Una cosa es conseguir levantar un guión con cuatro duros pero con un cierto sentido de la narrativa cinematográfica, como es el caso de la estupendísima Once, y otra es rodar una película a base de planos torpes, con una estética de video amateur demasiado evidente, y con una separación de secuencias a base de cortes y transiciones a negro que dan un poco de verguenza ajena. Incluso hay un plano secuencia donde se oye al cámara caminar mientras los personajes permanecen sentaditos tan cómodamente.

No es que a mí me preocupe demasiado la técnica pero es que esto era demasiado ... y sin embargo seguí viéndola porque me parecía que los actores, todos ellos desconocidos, estaban inmensos en sus papeles y llenaban la pantalla de una naturalidad que hacía mucho tiempo que no veía.


Y poco a poco te vas olvidando de la técnica y te vas dejando llevar por la historia, por el torbellino de sentimientos por los que atraviesan los personajes y que se ven a través de las miradas, de los roces, de lo que no se dice. Ander acaba convirtiéndose en una tremendísima experiencia emocional llena de interpretaciones extraordinarias, con secuencias brillantes como la del primer polvo en el baño de caballeros que tiene un impacto similar al del primer encuentro entre los dos protagonistas de Brokeback Mountain en la tienda de campaña.

Me di cuenta de lo muchísimo que me gustó Ander cuando al día siguiente me la tuve que poner otra vez para saborearla con más tranquilidad, con más ganas, y empecé a recomendarla a amigos. Es una pena que no se cuidara más la técnica pero también es cierto que esta es la enésima ocasión en que comprobamos que nada en el cine tiene tanta importancia como la historia y los actores.

El tráiler:




jueves, 12 de agosto de 2010

Sobre sexo, amor y amistad on line ...

Quedan muy pocos días para que se cumpla un año de la presentación de Placer. Si ahora alguien me pregunta qué significa este corto para mí, ni me lo pienso y contesto: un capricho en forma de corto suicida. Un capricho porque esta historia, compuesta de cinco pequeños cortos unidos por una película porno, me llevaba años rondando la cabeza y no paré quieto hasta que Paco y yo la exorcizamos en forma de guión de 27 páginas. Y un corto suicida porque no quise renunciar a ninguna de las tramas y me empeñé en que el resultado final fuera un mediometraje de 29 minutos con lo que estábamos firmando nuestra sentencia de muerte de cara a los festivales.

¿Por qué hacerlo entonces? Pues porque ha sido el rodaje donde más he aprendido, donde mejor me lo he pasado, donde más amigos he hecho y de donde ha salido la historia de la que me siento más orgulloso. Y es que con todas sus virtudes, y sus millones de defectos, Placer me sigue provocando muchas emociones cuando lo veo, y eso es un logro en alguien como yo que odia absolutamente todo lo que hace.

Por cierto, esta es una de las fotos de rodaje que más me gusta. Son los siete actorazos de Placer y un servidor en el salón de la casa rural donde explota toda la acción del corto (o mediometraje, como queráis llamarle) De izquiera a derecha, y de arriba a abajo, estamos Ignacio Mateos Vivancos (Abel), Sergio Ocón (Juan), Laura Artolachipi (Lola), Maggie Civantos (Leo), un servidor, Juan Caballero (Adrián) y Noemí Ruiz (Ruth).

Un año después de su estreno, y casi año y medio de que lo rodamos, hemos vuelto a subir Placer a la red después de retirarlo durante unos meses. No sé porqué pero algo me dice que el vasto universo de internet va a ser el medio idóneo de este corto que ha funcionado mucho mejor fuera de España que dentro. Aunque lo que más me sigue sorprendiendo son las ocasiones en que hemos recibido una llamada para decirnos: "no podemos proyectar vuestro corto, es muy agresivo verbalmente y tiene secuencias demasiado comprometidas" Me choca porque considero que Placer es un corto muy light donde se habla mucho pero donde no se enseña gran cosa, más allá de un montón de sentimientos que los siete protagonistas tienen escondidos y que sacan a la luz después de hacer una tontería tan poco madura como es ver una película porno en grupo.

Lo dicho, Placer ya está definitivamente en la red para que todo el que quiera pueda echarle un vistazo a esta historia generacional en la que intentamos hablar del amor, de la amistad, del sexo, de los príncipes azules, de los consoladores y de las películas porno. Una historia donde es tan importante lo que se dice, y es que mis personajes tienen tendencia a la incontinencia verbal, como lo que se no dice y sólo se intuye a través de miradas, de frustraciones, de sueños perdidos, de oportunidades que vuelven por segunda y última vez, y de sexo que esconde amor, venganza u odio.

Ahora sólo queda que Placer emprenda un viaje en el que el equipo que lo hemos hecho ya no tenemos nada que decir. Que el espectador opine ...






martes, 10 de agosto de 2010

Sobre Manolator ...

Manolo me envió ayer la foto de arriba. Son él y David en la puerta del teatro Lyceum de Londres donde, desde hace años, se representa el musical de El Rey León. Me hizo una ilusión muy tonta, en el buen sentido, e infantil que Manolo se acordara de mí en ese teatro que yo ya visité con Edu hace cuatro años para quedarme con la boca abierta. Y no es sólo porque El Rey León me marcara de pequeño, no es sólo porque creo que la obra maestra de Disney encierra todas las respuestas a las preguntas más importantes de la vida, no es sólo porque soy coleccionista de todo lo que encuentro de Simba ... no, no es eso. El musical te deja con la boca abierta porque al apagarse las luces y abrirse el telón te encuentras con esto:



Ya se lo avisé a Manolo, nunca has visto nada igual. Y me ha dado la razón.

Manolo, o Manolator como le llamamos por su capacidad para hacerlo todo y todo hacerlo a la perfección, ha vuelto de Londres cargado de anécdotas y de fotos. Lo mejor de la vida vista a través de su cámara es que es capaz de convertir en arte cosas tan sencillas y poco interesantes como dos ruedas de neumático convertidas en columpio en plena capital inglesa. Si tú pasas por allí y ves eso no le prestas atención pero Manolo lo convierte en algo tan atractivo que te quedas con la boca abierta mirando la foto:



Manolo ha sido el director de fotografía, y montador y alma, de "3,2 (lo que hacen las novias)" de la que estamos terminando la postpro final ahora que ha vuelto de sus vacaciones. Ha sido un placer currar con él, no sólo por su inmensa profesionalidad sino también por sus toneladas y toneladas de calidad humana. Y es que Manolo es una de esas personas que te devuelven la fe en el género humano, uno de esos artistas que vale tanto por su genio como por eso tan raro y difícil de encontrar como es un corazón que no cabe en el pecho.

Podéis ver lo que este maestro de la fotografía hace visitando su web: http://www.manuelppavon.com/

Yo os dejo con uno de sus mejores trabajos, la dirección de fotografía y montaje que hizo para el corto Un amor, premio del público en el Notodo, dirigido por Raúl Arévalo.



sábado, 7 de agosto de 2010

El señor Nolan y el buen cine ...

Voy a empezar esta entrada con la pregunta del millón: ¿qué es una buena película? Y es que hay un grupo demasiado numeroso de espectadores que piensa que una buena película es aquella que pertenece al género dramático, donde se sufre mucho, de gran duración, un poco incomprensible y que se autorodea de un halo de importancia que seguramente no tiene. Es decir, una película de estas minoritarias que se proyectan en cines de arte y ensayo y tienen un público muy reducido. Podéis pensar que estoy exagerando pero os digo por experiencia propia que esto ocurre en demasiadas ocasiones.

Sinceramente, yo odio el cine minoritario. Creo que no hay cosa más triste que entrar en una sala de cine y verla medio vacía, con un público que se cree superior a la media y que considera que son una especie de elegidos por disfrutar de una película que al gran público aburre. Y es que pienso que esto va en contra del propio cine.

Entonces ¿qué es una buena película? ¿Será aquella que trata al espectador como alguien inteligente pero a la vez es capaz de ofrecer entretenimiento? ¿Un filme que puedan ver tanto aquellos que necesitan algo más que imágenes como los que quieren disfrutar de dos horas de evasión de la realidad? Yo creo que sí aunque, claro, es mi opinión personal ...

El señor Nolan se está convirtiendo en todo un maestro a la hora de hacer buenas películas, o al menos el concepto que yo tengo de ellas. Memento es una arriesgada película pero a la vez un más que correcto filme de acción; Batman begins reinventó el cine de superhéroes para públicos palomiteros pero también para los exigentes; El truco final es una rareza capaz de unir al espectador de cine de multisalas con los que ven películas de época; y El caballero oscuro, sencillamente, es una de las mejores obras de la década, un prodigio que usa a Batman para hablar del terrorismo, del caos, de la degeneración de nuestra sociedad y del débil sentido de la justicia que manejamos. De vez en cuando tiene un tropiezo como el de Insomnio pero ojalá que todos los tropiezos fueras como ese.

Y ahora nos llega Origen que es uno de esos extraños casos en los que hay que hablar de originalidad para referirse a un blockbuster veraniego.

No me voy a poner ahora a desgranar Origen porque me parece redundante ya que es el tema estrella en cualquier blog o página de cine, o en cualquier de estado de facebook, de este fin de semana. Todo el mundo habla de la película de Nolan así que ¿qué voy a decir yo que sea mejor o diferente de las millones de cosas que se están comentando? Además, creo que de Origen se puede hablar poco, son 150 minutos que hay que ver y disfrutar en primera persona porque es una experiencia tan cinematográfica que va directa a los sentidos. Podría contaros lo espectacular que es, la manera tan brillante en que trata al espectador como una persona inteligente, el espectáculo trepidante que supone desde que empieza hasta que acaba, lo magistrales que son algunas secuencias como el primer sueño de Ellen Page o el clímax final ... Podría hablar mucho pero nada de eso tendría comparación con el espectáculo que ofrece Nolan en la pantalla.

No hay que leer sobre Origen, hay que verla y después sentarse a discutir con los amigos. Es un blockbuster intelectual o, lo que es lo mismo, una buena película que arrastra a la gente a las salas para darles una experiencia única y una historia de calidad. Porque ¿quién nos iba a decir que íbamos a usar la palabra original para hablar de una superproducción que se estrena en verano?

Ah, y Origen tiene el mejor plano final que un servidor ha visto en años, una de esas imágenes que provocará discusiones cinéfilas durante horas y horas.

El tráiler:


viernes, 6 de agosto de 2010

To sex or not to sex?


Uno de mis últimos días en Madrid, estaba con Manolo y unos amigos suyos frente al Cine Capitol de Gran Vía cuando salió el polémico tema del sexo en el cine. Manolo y yo justo acabábamos de terminar el montaje definitivo de "3,2 (lo que hacen las novias)" y comentábamos que nos había salido un corto muy sexual a pesar de que jugábamos, precisamente, a no ser demasiado explícitos. Y ahí empezamos a opinar ...

Yo comenté que me parecía muy valiente la decisión de algunos directores de incluir sexo real o explícito en sus historias. Le comentaba el caso concreto de un cortometraje, uno de mis favoritos del año pasado, en el que el director se había atrevido a incluir una mamada real, algo completamente lógico dentro de una historia como la suya en la que se proponía al espectador un descenso a los infiernos del sexo fácil y sórdido. Ana, una amiga actriz de Manolo, me dijo que ella pensaba que el sexo real era para el porno, en ningún momento para el cine convencional. Los argumentos que me dio eran que no se mataba de verdad en el cine, tampoco se amaba de verdad (bueno, salvo en algunos casos y sino que se lo pregunten a Brangelina y a la cornamenta de la Aniston) y, por tanto, era absurdo que se follara de verdad. Y con esos argumentos me desarmó por completo ...

Cuando llegué a casa y me puse a revisar el montaje de "3,2 (lo que hacen las novias)", no pude evitar darle vueltas a la conversación de hacía sólo unas horas. Y me di cuenta de que quizás yo estaba equivocado. Es decir, hay películas convencionales con sexo real que me parecen una maravilla, Deseo, peligro, 9 songs o Shortbus (a la que pertenece la imagen de arriba), y otras que me parecen una mamarrachada, como Ken Park, Los idiotas o Anticristo. Pero me paré a pensar y me di cuenta de que ninguna de ellas me excitó lo más mínimo, más allá de pensar que eran buenas o malas películas.

Sin embargo, hay historias que juegan a la insinuación y sí consiguen esa excitación que se supone debe conseguir una escena sexual. Me acordé especialmente de la secuencia de la piscina de La mala educación en la que Almodóvar consigue un erotismo casi insoportable usando sólo el juego de miradas entre Fele Martínez y Gael García Bernal. Uno se desnuda mientras el otro se lo come vivo con la mirada ... sólo eso y el efecto erótico que tiene es mayor que el de todas las películas porno del mundo juntas.


El caso es que siempre he sido un gran defensor del sexo explícito en el cine, siempre y cuando esté justificado, como el caso de Shortbus, y no se use sólo para polemizar y autoproclamarse el "mejor director vivo del mundo". Pero esa conversación enfrente del Capitol hizo tambalearse muchas de mis creencias a la hora de rodar el sexo ...

miércoles, 4 de agosto de 2010

Revival veraniego ...

Lo retro está de moda como demuestra el fotograma de arriba, perteneciente a la insufrible, pedante y eterna (¡¡dos horas y veinte para una película que no tiene absolutamente nada que contar!!) Mr. Nobody. Yo también me uno a la moda revival, entre otras cosas porque no me queda más remedio que viajar al pasado para ver películas decentes. Y es que este verano está siendo, con diferencia, el peor que recuerdo en términos cinematográficos. Desde abril, y no exagero, no recuerdo una sola película que se haya estrenado que haya tenido unas ganas locas de ver. Y no vale pensar en Toy Story 3 y Origen porque esas son las excepciones que confirman la regla.

Así que no llevo unos meses tirando de videoclub para ponerme al día con películas que se me escaparon de otras temporadas, o directamente de otras décadas, que me alivien cinematográficamente un poco este verano. Y así he descubierto que mis prejuicios no me llevan a ninguna parte, porque en noviembre me negué a ver Julie and Julia y ahora he descubierto una más que notable comedia llena de encanto. O he comprobado los injustos que son los premios de Hollywood después de ver la genial La carretera y no entender porqué no arrasó en nominaciones, al menos en los apartados de interpretación, brutales y viscerales Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee, montaje o la impresionante fotografía de Javier Agirresarobe. Y también me he dejado llevar por la arrebatadora elegancia, y el apabullante erotismo, de Un hombre soltero que te atrapa visualmente desde el primer hasta el último plano.

Una de las grandes sorpresas de este revival ha sido Luciérnagas en el jardín, que se estrenó hace unos meses sin ningún tipo de publicidad y casi de tapadillo. Y me he topado con un poderoso melodrama cuajado de estrellas, de Julia Roberts a Willem Dafoe pasando por Ryan Reynolds, Carrie Ann-Moss o Emily Watson, que hubiera sido todo un éxito si se hubiera estrenado a finales de los ochenta o principios de los noventa. Gran película, década incorrecta.

Y, por supuesto, he pasado noches enteras de verano disfrutando del terror, descubriendo las más que correctas The crazies, The children y, sobretodo, Frontier (s). Esta última es, por ahora, el gran descubrimiento veraniego, una enfermiza película de horror a la francesa que demuestra, por enésima vez, que no hay nada como el género de terror para hablar de la realidad política de un país. En Frontier (s), un grupo de marroquíes huye de París la semana en que la ultra derecha casi sale ganadora en las elecciones francesas. En su huida hacia Holanda vivirán, sin comerlo y sin beberlo, la peor de las pesadillas por culpa de una familia rural con creencias políticas algo anticuadas. Brutal y aterradora, pocas veces veréis algo igual.

Y, claro está, también he aprovechado para ponerme al día con las series de televisión. He terminado la muy recomendable Hay alguien ahí y he descubierto Breaking bad, absoluta genialidad que es como unir la mejor comedia con el mejor drama. Bueno, y también me he puesto al día con Gossip Girl y 90210 pero decir eso ya no queda tan cool ...

Vaya veranito, vaya veranito ...