PELICULEROS

jueves, 29 de julio de 2010

Sobre miedos cinéfilos

Fotogramas publica en su número de agosto un genial reportaje sobre el 35 aniversario de la película Tiburón. Leyéndolo he recordado que la película de Spielberg, desde que la vi con siete años, es la gran culpable de que me de un pánico irracional a bañarme en la playa más allá de donde hago pie. Me encanta nadar pero en una piscina, donde sepa seguro que ningún tiburón blanco va a emerger de las profundidades. Pero en la playa no puedo, es superior a mí, es dejar de hacer pie y empezar a sonar en mi cabeza la aterradora música de John Williams. Y la culpa de todo la tiene, como tantas otras cosas en mi vida, el cine.

Y es que que te guste tanto el séptimo arte es un arma de doble filo, te carga de ilusiones pero también de fobias y miedos. Por ejemplo, si me tengo que ir de acampada prefiero que sea a un cámping lleno de gente, con sus duchas y su chiringuito grasiento. Ni se me pasa por la cabeza irme a un bosque apartado porque me impactó demasiado El proyecto de la bruja de Blair y no quiero acabar de cara a la pared.

De pequeño me daban pánico los canales de la tele donde no emitían nada, sólo nieve, por culpa de Poltergeist. Y si un circo llegaba al pueblo, ni quería oír hablar de los payasos porque me dio demasiado miedo It. Y los San Bernardos no me hacen especial gracia porque Cujo me destrozó los nervios. Y tuve una época en la que no me gustaba pasar mucho tiempo sentado en el váter porque creía que un Ghoulie estaría allí escondido y saldría para morderme el culo, como en la escatológica secuencia de la muerte de uno de los protagonistas en Ghoulies II.

Y ni siquiera creciendo se me pasaron los miedos cinéfilos, al contrario, han ido aumentando con nuevas pesadillas rodadas en 35 mm. Y es que desde que vi [REC] me dan miedo los bloques antiguos sin ascensor; por culpa de Paranormal activity no me gusta dejar la puerta del dormitorio abierta; las hachas me dan fobia gracias a El resplandor; las serpientes me dan repelús a pesar de lo tremendamente mala que era Anaconda; si en una habitación empieza a hacer mucho frío sin venir a cuento, empiezo a pensar que estoy rodeado de gente muerta como en El sexto sentido; los cuartos de baño blancos impolutos me producen escalofríos desde que vi A l´interieur ...

Y, por supuesto, ni se me pasa por la cabeza irme de mochileo por Europa del Este porque la idea de Hostel me quitó el sueño.

Escribiendo esta entrada me he dado cuenta de que me hubiera gustado tener otra vocación porque el cine ha hecho de mí un completo cagado. Eso o que Fotogramas no hubiera provocado un reportaje tan bueno sobre Tiburón que me ha hecho recordar tanto ...

martes, 27 de julio de 2010

Cómo pasar una tarde de lunes salvando a un perro abandonado ...

La de ayer se supone que iba a ser una tarde tranquila, una de esas en las que aprovechas para ponerte al día en la serie que estés viendo, para escribir un poco o para mirar al techo ordenando el caos que tienes por vida. Pero entonces ocurrió una serie de catastróficas desdichas propias de una película de Disney Channel. La cronología es la siguiente:

-18:00 p.m. Casa de Edu. Estamos en el salón cuando oímos un griterío en la calle y Pumba sale disparado al balcón para ver qué está pasando. La casa de Edu está colocada justo enfrente de un cruce muy mal señalizado, por lo que ver castañazos antológicos desde la ventana es algo tan normal que uno se acostumbra a asomarse con la taza de café para ver cómo los conductores se despellejan vivos. Nos asomamos y vimos un montón de coches parados mientras la gente buscaba por todos sitios algo ....

-18:15 p.m. Volvimos a oír jaleo y nuestra curiosidad insaciable nos llevó de nuevo al balcón. Esta vez vimos que lo que pasaba era que un pequeño perro-zorro intentaba cruzar la carretera. El pobre estaba acojonado y sin saber qué hacer, aquello me recordaba a los juguetes de Toy Story 2 intentando pasar la carretera escondidos en conos naranjas. Esperamos un rato y vimos que el animal estaba solo así que decidimos bajar e ir a por él antes de que se convirtiera en una la victima canina de una película gore.


-18:30 p.m. Calle. Lo encontramos y lo recogemos. Lo primero que nos sorprende es lo bueno que es y lo tranquilo que permanece en todo momento. Eso sí, está sucio, lleno de garrapatas y con la cabeza cubierta de heridas. Lo subimos un momento a casa mientras pensamos qué hacer y enseguida hace buenas migas con Pumba que empieza a olerlo y a moverle el rabo. Incluso tienen un intento fallido de echar un polvete que yo corto de inmediato. Bromeamos con la idea de quedárnoslo y llamarlo Timón pero inmediatamente desechamos la idea y decidimos buscar la dirección de la protectora de animales para llevarlo allí esa misma tarde, más que nada porque sabíamos que si pasaba sólo una noche en casa nos lo quedaríamos, y no está la economía como para alimentar otra boca perruna que no sea la de Pumba.

-19:00 p.m. Nos montamos en el coche y nos dirigimos a la protectora de animales que, según internet, está en el segundo barrio más peligroso de toda Málaga. Así que aparcamos y nos metemos en una barriada de pisos de protección oficial en busca del número 31. No lo encontramos y nos dicen que la protectora cerró hace meses, ahora en su lugar hay un centro evangélico donde va a dar charlas el padre de Mari Luz.

-19:30 p.m. Vuelta al coche a buscar el veterinario más cercano. Lo encontramos y nos dicen que el perro tiene chip pero no está activado así que no hay duda de que lo han abandonado. Nos dan la dirección de la protectora que está activa y nos volvemos a poner en circulación. El perro me mira y se apoya en mi pierna para dormir, a mí se me cae el mundo encima e intento hacerme el duro. No lo consigo, soy un puto blando ...

-20:30 p.m. Llegamos a la protectora y nos topamos con la jefa que está saliendo en ese mismo momento. Le explicamos la situación y la muy bitch nos dice que acaba de terminar su turno y que no es su problema lo que hagamos con el perro, arranca su coche y se va sin mirarnos a la cara. Eso sí, si nuestros deseos se cumplen, ahora mismo estará despeñada en el fondo del barranco más profundo de toda Andalucía. En la puerta de la protectora hay una cuidadora que nos dice que ella no puede cogerlo pero que vayamos a la policía, pongamos la denuncia, lo dejemos allí y un chaval de la protectora se encargará de recogerlo.

-21:15 p.m. Llegamos a la comisaría más cercana que, curiosamente, está en el primer barrio más peligroso de Málaga. Edu me señala un bloque destartalado que me cuenta que funciona a modo de gigantesco corral donde crían a los cerdos y a las gallinas en el hueco del ascensor. "Que tarde tan divertida", pienso. Le explicamos al policía la situación y llama al chico de la protectora pero nos dice que tenemos que esperarlo nosotros. Cojonudo todo, el tiempo pasa, los ojos del perro parecen los del gato con botas de Sherk, y yo no sé cómo vamos a entregar a esta preciosidad.

-22:00 p.m. Llega el chico de la protectora y recoge al perro. Mientras nos toma los datos, le hacemos jurar que en ese sitio no sacrifican a los animales. El chico nos dice que no, que no nos preocupemos, que allí estará muy bien y que el único motivo por el que los "duermen" (me resultó terrorífica la manera en que dijo "duermen") es porque tengan una enfermedad terminal que les está haciendo sufrir. Mete al perro en un transportín en la parte trasera de su furgoneta y a mí me dan unas ganas terribles de llorar mientras la puerta se cierra y dejo de tener contacto visual con el can. Justo cuando va a arrancar, el chico se vuelve a nosotros y nos dice: "eso sí, espero que sea fuerte porque el patio de la protectora es la jungla y sólo sobreviven los más fuertes". Dicho esto, arranca, se va y nos deja con cara de pasmo después de tan demoledora declaración.

-22.30 p.m. LLegamos a casa cansados como si viniéramos de la guerra. Pumba sale a recibirnos y yo no puedo dejar de darle besos. Y me acuerdo de la placa que hemos visto a la entrada de la protectora, ahí dice:

"El nivel de humanidad de una civilización se mide en la manera en que trata a sus animales".

Y en ese momento no pude evitar acordarme de los hijos de puta que eran y son los que hayan sido capaces de abandonar a un perro en medio de una carretera.

jueves, 22 de julio de 2010

Terceras partes nunca fueron ...

Jo, que pereza da hablar todos los años de la última película de Pixar. Siempre, menos en el caso de Cars, hay que decir lo mismo: que es maravillosa; que trata a los adultos y a los niños como personas más que inteligentes; que su guión pide a gritos un Oscar que injustamente nunca llega; que su historias es la más original del año en que se estrena; que mezcla aventura, comedia y drama como pocas películas lo hacen en la acualidad; que habla de las cosas importantes de la vida con una sencillez acojonante; que bla, bla, bla, bla, bla, bla ...

Y es que ya es un poco tópico hablar de obra maestra, película magistral y demás elogios superlativos cuando se trata de referirnos a Pixar, pero es que lo han vuelto a conseguir con Toy Story 3, y mira que lo tenían difícil después de un hito como Up.

Yo soy de la generación que ha crecido viendo Toy Story, tenía 12 años cuando se estrenó la primera parte y 17 cuando llegó la secuela. Ahora tengo 28 años recién cumplidos y puedo entender pefectamente todo lo que los niños pequeños no pillarán de esta tercera entrega: que es la película definitiva sobre el doloroso y amargo proceso de hacerse mayor y dejar atrás todo lo que nos ata a nuestra infancia.

Justo cuando salíamos de la sala, pasó junto a mí un chaval de unos ocho años que iba emocionadísimo lanzando al aire una réplica del sombrero de vaquero de Woody. Yo le miré y me dieron ganas de decirle: no sabes lo que haces, lo que acabas de ver es lo que te pasará a ti dentro de unos años, cuando te des cuenta de que crecer es la putada más grande que te va a pasar en la vida.

Para los críos, Toy Story 3 es una formidable película de aventuras llena de secuencias antológicas de acción como la fuga de la guardería o el trepidante final en el vertedero. Para los que ya estamos crecidos, la nueva obra de Pixar es una tristísima metáfora sobre crecer y hacerse adulto, una historia casi cruel sobre el momento concreto en que hay que decir "ya no soy un niño". Resulta asombroso como consiguen que sintamos tantísima empatía con unos juguetes hasta el punto de que si uno hace como Amélie en mitad de la proyección, y se gira en su asiento para ver las caras de los espectadores, podrá ver sin problemas como casi todos ellos están llorando a lágrima viva.

Hace poco, Sigfrido, probablemente uno de los cortometrajistas que más sabe de cine de Málaga, me decía: "estás obsesionado con el temita cinematográfico de hacerse mayor. Ergo, te vas a acabar convirtiendo en Sarita Montiel." No quiero ni imaginar lo que voy a tener que aguntar después de que los dos hayamos visto Toy Story 3 y yo confiese que no lloraba igual en un cine desde ... hace muchísimo tiempo.


Magnífica, emotiva, brillante, trepidante, original, conmovedora, divertida, entrañable, cínica, irónica ... se me acaban las palabras para describir Toy Story 3.

Terceras partes nunca fueron buenas ... fueron magistrales.

Os dejo con el original corto que acompaña a la proyección de Toy Story 3:

miércoles, 21 de julio de 2010

Sobre fantasías cinéfilas y tráilers ...

Nada más terminar el rodaje de 3,2 (lo que hacen las novias), y mientras el resto del equipo se tomaba la caña obligada de fin de rodaje, yo le pedí a la gran Marta Hazas que me hiciera un favor cinéfilo. Ella aceptó, Manolo preparó las luces y Edu cogió la cámara de fotos para hacerle un pequeño homenaje a mi película favorita, la hipnótica Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick. Aprovechábamos así el parecido que Marta tenía con Nicolasa Kidman antes del botox, y que el vestuario que luce en el corto era ya otro homenaje a la película de Kubrick, concretamente el erótico pijama que el personaje de Alice (Kidman) lleva en la mítica secuencia del dormitorio que desencadena toda la acción de la magistral obra póstuma de Kubrick.

Así que nos enconmendamos a San Kubrick que está en los cielos y cogimos como referente estas dos icónicas imagenes



Y la impresionante fotogenia de Marta, y los talentos de Manolo y Edu, dieron como resultado este pequeño homenaje fotográfico:



Grande Marta que durante todo el rodaje tuvo una sonrisa en la boca, y que incluso cuando todos disfrutaban ya del fin de rodaje, se prestó a hacer realidad una vieja fantasía de mi mente cinéfila.

Por cierto, desde ayer ya se puede visionar el tráiler de 3,2 (lo que hacen las novias). Manolo Pérez Pavón es el responsable de este pequeño avance del cortometraje ... bueno, realmente ha sido también el director de fotografía y el gran responsable de llevar a buen puerto los 14 minutos de esta historia en la que se ha implicado como si fuera suya. Un auténtico placer trabajar con Manolo, por su profesionalidad y sobre todo por su amistad y por ser el gran descubrimiento del año.

El tráiler:

Tráiler "3,2 (lo que hacen las novias)" from Interrumpidos Films on Vimeo.

lunes, 19 de julio de 2010

Sobre cines de verano y sillas azules de hierro ....

Hace unas cuantas semanas, Nacho, uno de los siete protagonistas de Placer, estuvo de bolo con su obra de teatro en mi pueblo y me mandó unas fotos del "cine" donde actuaron. Lo de "cine" se le ha quedado al edificio por costumbre porque hace años que ahí no se proyecta una película, de hecho aún recuerdo la última, Payback con Mel Gibson.

Nacho me comentó que aquello parecía ¡Ay, Carmela! en pleno siglo XXI y yo no le quite razón pero también es verdad que al ver las fotos me vinieron un montón de recuerdos en forma de películas.

En Algodonales siempre tuvimos un cine de invierno y otro de verano. Realmente eran el mismo solar: una parte estaba cubierto, el cine de invierno, y la otra era al aire libre, el cine de verano. Cuando yo era muy pequeño se cerró el cine de invierno así que sólo me acuerdo del otro, del que abría desde finales de junio hasta principios de septiembre. Era un solar enorme lleno de sillas de hierro azules por lo que tenías que llevarte de tu casa un par de cojines si no querías que tu traseo sufriera las consecuencias de pasar dos horas aposentado ahí. Había vecinos que incluso se llevaban sillones y hamacas de su casa, sobretodo cuando se proyectó Titanic y nadie quería pasar por la tortura china de tres horas de las sillas azules.

Nosotros aprovechábamos los cojines para esconder ellos las chucherías que comprábamos en el kiosko de la plaza ¿Por qué? Pues porque a mitad de la película, los dueños del cine paraban la proyección y abrían el bar donde te vendían todo a cinco duros más caro de lo normal. Obviamente no te dejaban entrar con nada de fuera así que nosotros nos las teníamos que apañar para pasar de contrabando las bolsas de pipas o los bocatas que nuestras madres nos preparaban.

Tampoco era muy aconsejable ir en chanclas porque el suelo era de arena y, al volver de ver la película, tu madre te obligaba a meterte en la ducha para lavarte los pies antes de meterte en la cama. Y eso era un coñazo para un niño de nueve años.


Pero todas aquellas incomodidades nos daban igual cuando las luces se apagaban y sobre una pared gigante encalada de blanco se proyectaban los éxitos del año anterior, de las temporadas de otoño e invierno que en nuestro pequeño pueblo gaditano no veíamos hasta el verano. Películas que probablemente ya habían salido en vídeo pero que nosotros veíamos como si fueran grandes estrenos.

Además, mi casa estaba justo detrás del cine por lo que en verano siempre me dormía escuchando el sonido de la película que estuvieran proyectando esa noche.

Hace muchos años que el cine dejó de funcionar pero ese solar conserva aún las sillas azules de hierro y el suelo de arena para acoger obras de teatro, mítines políticos o la fiestas del pueblo de julio.

Cuando Nacho me dijo que había estado actuando en el cine de mi pueblo y me mandó las fotos, un bofetón de nostalgia me golpeó en la cara. Sí, aquello puede parecer ¡Ay, Carmela! pero mi educación cinematográfica no sería nada sin esas sillas azules y esos veranos llenos de películas del invierno anterior.

jueves, 15 de julio de 2010

Sobre el nuevo Freddy y cosas que molan de ir a un estreno

Cosas que molan de ir al estreno español del remake de Pesadilla en Elm Street:

-compartir la experiencia con un fanático de Freddy Krueger como Manolator. Juntos podemos recrear de memoria todos los asesinatos de las siete partes anteriores así que ir al renacimiento de Freddy juntos fue algo así como una experiencia religiosa, que diría Enriquito Iglesias.

-encontrarnos con una amiga actriz de Manolo que nos cuela por el photocall. Durante un momento quedamos atrapados entre Angy (sí, la mujer cuyo embarazo televisivo ha durado casi 15 meses) y Edurne mientras un montón de niñas histéricas nos miraban con cara de "¿en qué reality salíais vosotros?"

-ver en persona al nuevo Freddy, Jackie Earle Haley, que llegó enfundado en una camiseta de la selección española. Muy simpático pero yo no podía dejar de mirarle y acordarme de la mítica escena en que se corta el pene ante la aterradora mirada de Kate Winslet en Little children, papel que le debería haber dado el Oscar a mejor actor secundario para que el estuvo nominado pero que finalmente perdió.

-disfrutar del momento más bizarro que recuerdo en mucho tiempo: la gran Alaska cantándole en el escenario a Jackie el Happy Birthday en una escena que era una mezcla entre Marilyn y la Novia Cadáver de Tim Burton.

-que se apaguen las luces y destrozarle a Manolo el brazo por culpa del miedo que pasé. Y disfrutar como un crío aplaudiendo cada vez que uno de los adolescentes acababa muerto. Y cuando digo aplaudir me refiero a que nos dolían las manos de la euforia y de lo bien que nos lo estábamos pasando, era como volver a principios de los 90 cuando le robábamos los VHS a la dueña del videoclub y hacíamos maratones de Freddy.

-llevarnos de recuerdo una garra de Freddy y acabar una noche gloriosa posando antes de la salida del Capitol.
Por cierto, no entiendo las críticas tan destructivas que Pesadilla en Elm Street está teniendo. Yo me encontré con un remake dignísimo que homenajea, respeta pero a la vez reinventa el mito original de Freddy Krueger aproximándolo al cuento infantil de El flautista de Hamelin. Cierto que no supera ni se acerca a la sordidez y al profundo terror que hoy en día sigue provocando la película original pero es que, al igual que le pasó a Rob Zombie con Halloween, el precedente es demasiado bueno como para pensar que se puede hacer algo superior.

Pero al menos se intenta hacer una película respetuosa, que evita en todo momento la comedia absurda en que cayó la saga después de la tercera entrega y que intenta meter el miedo en el cuerpo con secuencias tan perturbadoras como la del descubrimiento de unas viejas fotos en el ático de una de las protagonistas, las aterradoras imágenes de Freddy jugando al escondite con los niños, o el clímax final donde unas polaroids revelan tanto o más terror que las pesadillas asesinas. Además introduce un nuevo elemento en la saga como son los microsueños, esos momentos en que estás tan cansado que sueñas despierto. Y ya os digo que eso da mucho, mucho, mucho yuyu.

Y lo mejor es que Jackie Earle Haley se impregna del efecto Heath Ledger y consigue lo impensable: que nos olvidemos de Robert Englund desde el primer minuto en que su Freddy aparece en pantalla.

Entretenidísima, muy bien rodada, con alguna que otra secuencia para el recuerdo y con unos actores que se molestan en actuar y no simplemente en morir.

Os dejo con el señor Krueger jugando al escondite. Como él mismo dice: quien no se ha esconcido, tiempo ha tenido ...

miércoles, 14 de julio de 2010

Volver ...

Han sido diez meses de coger el metro en hora punta, de ir siempre con prisas a todos lados, de tardar hora y media en llegar al curro y otra hora y media en volver, de aprender a quedar en lo que antes eran sólo nombres de calles del Monopoly ...

Han sido cuarenta semanas de amigos de siempre, de nuevas incorporaciones, de reencuentros muy especiales, de confidencias, de decepciones, de auténticos descubrimientos ... cuarenta semanas de copas de vino en casa, de cañas en la Latina, de fines de semana enteros en Avenida de América, de noches en Gran Vía, de tardes enteras en los Ideal.

Ha sido casi un año entero que ha dado para saber que uno no es más que un niñato, que las hostias vienen por izquierda y derecha pero las caricias para curarlas siempre llegan a tiempo, que cuando te caes siempre te recoge alguien y después te da una colleja para espabilarte por ser tan ingenuo. Casi un año que ha sido como una película iniciática rollo Cuenta conmigo.

Han sido cuatro estaciones donde he aprendido a querer esta ciudad que es capaz de ilusionarme y de desquiciarme como si tuviéramos una relación de amor-odio digna de Las amistades peligrosas.

Han sido muchos días con muchos nombres propios: Ale, Lydia, Curro, Cristina, Eugenia, Sergio, Marta, Manolo, Juan, Jesús, Ali, Edu, Chipi, Pili, Ismael ... Y han sido muchas horas que han dado forma a "3,2 (lo que hacen las novias)"

Han pasado muchas cosas pero ya es hora de volver a sentarse en la playa junto a Pumba. Es hora de volver a casa ...


lunes, 12 de julio de 2010

Sobre un trocito de historia ...

A lo tonto, nuestra generación está siendo testigo de algunos acontecimientos históricos que dentro de mucho tiempo contaremos a nuestros nietos.

Los que nacimos a principios de los ochenta recordamos como de pequeños nos jodía un montón que nos cortaran la emisión de los dibujos animados para hablarnos de no sé qué historias de un muro que se caía. Y muchos años después temblamos de miedo cuando la emisión de "Friends" se interrumpió para que viéramos como dos aviones nos redefinían el concepto de la palabra "terror".

Y un poco más tarde se nos congeló la sangre cuando salimos de clase una mañana y un compañero, llorando a lágrima viva, nos dijo: ha habido un atentado en Madrid, Atocha es una matanza.

Hace poco más de un año nos acostábamos siendo testigos de la muerte de un rey del pop con una vida que no hubiera escrito ni el mejor guionista de Hollywood.

Pero ayer fuimos testigos de algo mucho más agradable, un acontecimiento que supimos que era histórico desde el minuto 1. Y qué alegría saber que por una vez estamos viendo historia sin necesidad de sentir miedo ni unirlo a la palabra tragedia.

No me gusta el fútbol y ni siquiera vi el partido de la Eurocopa que nos dio la victoria hace dos años. Pero lo de ayer era diferente porque era sentir que algún día le podría contar a mi hijo que el domingo 11 de julio de 2010 vi la final del mundial en casa de Lydia, que pedimos dos pizzas familiares, que hicimos sangría, que nos tiramos todo el partido mordiéndonos las uñas, que saltamos en el sofá y nos abrazamos cuando Iniesta entró a formar parte de la historia, que salimos al balcón a gritar cuando el contador llegó a 0, que nos reímos y se nos saltaron las lágrimas cuando Iker Casillas se tiró al suelo a llorar ....

Y probablemente le cuente a mi hijo que estábamos a punto de salir a la calle a celebrarlo cuando en la pantalla de la televisión pasó esto:



Y todos nos pusimos a aplaudir como unos críos porque eso beso nos había emocionado tanto o más que el clímax de cualquier película romántica.

Sí, definitivamente ayer fuimos testigos de un trocito de historia.

jueves, 8 de julio de 2010

Sobre el curioso nacimiento de Facebook

La última semana he devorado, literalmente, el genial libro Multimillonarios por accidente de Ben Mezrich donde se detalla el nacimiento de eso que casi todos usamos un mínimo de mil veces al día, facebook. Pillé el libro casi de casualidad, más motivado por el hecho de que la próxima película de David Fincher trata sobre la creación de la popular red social que por mi propio interés en conocer el origen del caralibro.

Pero, sorpresa, me he encontrado con una historia real que casi parece sacada de la película Casino de Scorsesse.

Y es que ¿sabíais que Facebook fue creado por un par de universitarios marginados sociales que lo único que buscaban era tener una vida social virtual ya que la real brillaba por su ausencia? ¿O qué lo único que querían con su creación era conseguir echar un par de polvos? ¿Y qué probablemente le robaran la idea a dos hermanos deportistas de Harvad que querían lanzar una web social porque sus entrenamientos maratonianos no les dejaba tiempo para ligar?

Será por mi ignorancia de burro pero yo tampoco sabía que en cuanto lanzaron Facebook empezaron a recibir ofertas millonarias por la página que hicieron que sus creadores empezaran a ascender a ritmo de vértigo en la escala social hasta llegar a llevarse a la cama a modelos de Victoria ´s Secret. O que con las ofertas de siete ceros empezaron a surgir entre sus creadores las desconfianzas, las traiciones, las puñaladas traperas (algunas realmente antológicas), las fiestas salvajes y el miedo a bajar las escaleras delante de lo que antes eran sus amigos. Y que la ambición desmedida iba creciendo paralelamente a la red social que cambiaría nuestra manera de comunicarnos para siempre.

¿No es genial? Es como ShowGirls pero en Silicon Valley.


Reconozco que cuando leí que David Fincher, director que a lo tonto ya tiene al menos tres obras de arte en su filmografía, anunció que su próxima película sería sobre el nacimiento de Facebook no le vi mayor interés. No supe qué había visto el genial director en la red social para hacer que se convirtira en película. Ahora lo sé y estoy deseando verla porque The social network puede ser el plato fuerte de la próxima temporada.

El tráiler:

martes, 6 de julio de 2010

Sobre libros devueltos y dedicatorias ....

La imagen de arriba forma parte de una secuencia de Tesis de Alejandro Amenábar. Esta película tiene probablemente uno de los finales más tiernos del cine español de los 90 a pesar de su truculento, y genial, argumento: Ángela va a ver a Chema al hospital y le regala un libro dedicado que él no puede leer porque no tiene gafas. Chema le pide a un abuelete con el que comparte habitación que le lea la dedicatoria y así descubre que Ángela le está invitando a un café muy especial que puede hacer que, por una vez, el chico feo se quede con la chica guapa.

Y es que las dedicatorias en los libros pueden convertir a un puñado de páginas en algo muy especial.

¿A qué viene todo esto? Pues a que el otro día me pasó algo muy curioso en el trabajo. Estaba yo ordenando la sección de cómics de mi querida Fnac cuando se me acerca un chavalito, muy parecido al Chema de Tesis aunque esto es irrelevante, con un libro en la mano y me dice: oye, que he comprado esto aquí y lo quiero devolver. Le pregunté qué le pasaba al libro y él lo abrió por la primera página donde se leía lo siguiente:

"Para Raquel. Gracias por haber hecho que el 20 de junio sea la fecha más bonita del mundo. Te quiero y te querré siempre, Alberto"

Es decir, el tal Alberto le había regalado ese libro a la tal Raquel que había acabado devolviéndolo y así había llegado hasta las manos del pobre chaval parecido a Chema que lo había comprado tras la devolución y se había encontrado con esa dedicatoria sorpresa.Y no pude evitar pensar lo triste qué era eso, lo triste que es dedicarle a alguien un libro diciéndole que le querrá para siempre y que esa persona acabe devolviendo el regalo a los pocos días.

Y me tiré toda la tarde pensando qué había pasado entre Raquel y Alberto para que ese 20 de junio y ese "te querré para siempre" acabaran quedando sólo reflejados en la primera página de un libro devuelto a la tienda.

Jo, que triste ....

domingo, 4 de julio de 2010

Yo de mayor quiero ser creador de sagas

He tenido una revelación y ya sé lo que quiero ser de mayor. Yo cuando crezca quiero ser creador de sagas literarias que sean adaptadas al cine en películas rompetaquillas. Pero ¿cómo empiezo en mi nueva y ambiciosa vocación cuya finalidad es ser, al igual que JK Rowling o Stephanie Meyer, más rico que el rey? Pues tendré que plagiar los lugares comunes de todas estas sagas que tienen una doble función: la culta (se supone que fomentan la lectura entre una generación que conoce más es el tuenti antes que a Shakespere) y la no culta (adaptar luego el material literario a blockbusters mojabragas de inocentes prepúberes vírgenes).

Bueno, ya estoy delante del folio en blanco del word así que manos a la obra:

-lo primero es sacarse de la manga una supuesta historia épica que se extienda a lo largo de varios libros aunque algunos sólo sirvan de relleno para hacer caja. Pero caris, entended que con la excusa de la lectura los padres están dispuestos a rascarse el bolsillo todo lo que haga falta.

-ahora hay que poner de protagonistas a unos sosos de cuidado. Cuanto más insulsos mejor. Aquí lo importante son los secundarios.

-hay que tener en cuenta que las hormonas de nuestros lectores están desatadas así que adaptamos sin pudor, pero sin que se note mucho, Romeo y Julieta para darles una historia de amor en la era del Superpop y la Nueva Vale. Eso sí, cuidadín con el sexo que luego los padres se nos escandalizan así que como mucho podemos hacer que los protagonistas se toquen una teta.

-da igual cuál sea nuestra historia pero tenemos que decir hasta la saciedad que no es más que un reflejo de los problemas más universales de los adolescentes: enamorarse, que te rompan el corazón, perder la virginidad, salir del armario, dudar entre acostarte con un vampiro que parece gay o un hombre lobo que se asimila a un stripper ... lo típico, vamos.

-te lo tienes que creer tú más que nadie así que tienes que hablar siempre de tu saga como la gran obra literaria del siglo, el Quijote del nuevo milenio, el Hamlet de la actualidad, la Biblia de un nuevo siglo.

Ya sólo me queda esperar porque si cumplo todos estos puntos seguro que un estudio de Hollywood llama a mi puerta y me ofrece una millonada por adaptar mis libros al cine.

Vale, lo reconozco, soy un fanático de las sagas. Me vuelven loco, me encantan, me lo paso como un enano viéndolas, me pirra saberme los nombres de sus protagonistas, llegar al final antes que nadie y decirle a los amigos "uy, no os imagináis como acaba". Por eso me extrañó tanto que la saga Crepúsculo me pareciera tan absurda cuando vi la primera parte, tan blanda, tan tonta, tan .... yo que sé, tan absurda. Pero el caso es que al final no sé cómo lo han hecho pero conozco perfectamente a Bella, Edward, Jacob y toda la panda de vampiros de diseño que harían revolverse en su tumba a Bram Stocker. Y si consigo dejar a un lado el sentido común incluso me sorprendo a mí mismo disfrutando con Luna Nueva o la recién estrenada Eclipse que ha hecho una millonada estratosférica desde que se estrenó el pasado miércoles.

¿Será que sólo con que una película tenga en su título la palabra saga ya me tiene ganado por muy mala que sea? ¿Será que en el fondo yo quiero escribir libros o dirigir películas para tener una piscina de billetes como tío Gilito? ¿O será sencillamente que dentro de mí vive un quinceañero en permanente edad del pavo? No lo sé pero voy a empezar a preocuparme ...