PELICULEROS

lunes, 24 de mayo de 2010

Sobre un final magistral y un debate de Cuatro vergonzoso ...

Antes que nada, esto va a estar lleno de SPOILERS así que si aún no habéis visto el desenlace de Lost mejor pasáis de este blog porque no me pienso morder la lengua.

Bueno, el mundo en general e internet en particular están siendo un hervidero de todo tipo de comentarios sobre el tan esperado final de esta serie mítica desde hace ya un par de años. Y visto lo visto parece ser que soy de los pocos que está encantadísimo con el desenlace, no sólo eso sino que encima me parece que es muy coherente con el desarrollo de la serie y que pone un punto y final brillante a una ficción que va ser muy difícil, por no decir imposible, de superar.

El caso es que creo que el gran giro de guión de Lost ha sido que su propio nombre no hace referencia a que sus protagonistas están perdidos en una isla desierta sino que están perdidos en la vida y durante seis temporadas han aprendido a encontrarse a sí mismos. Resumiendo, que nos creíamos que estábamos viendo una serie de ciencia ficción y lo que nos estábamos tragando era un prodigioso drama sobre el ser humano en todas sus vertientes. Chupa del frasco carrasco.


Eso sí, antes de seguir quiero dejar claro, por si alguien le interesa que seguramente no, lo indignado que estoy con el coloquio-debate-circo de pasayos (llamadlo como queráis) que Cuatro ha emitido justo después del episodio final. Y es que no he podido quedarme NO LABIO (como diría mi admirado Javier Quevedo en su fantástico blog La invasión de las ultracerdas) cuando Ana García Siñeriz empieza el programa comentando el plano final y diciendo: ahí tenemos el plano de Jack tumbado junto a un perro. Cari, seguramente te estén pagando un sueldo de ministra por estar comentando la serie así que al menos infórmarte de que el chucho en cuestión es un personaje más de la trama y se llama Vincent. Que menos ¿no?

Y ahí no acaba mi sorpresa. Después de esto veo que una veinteañera vestida de mujer de sesenta años asistiendo a misa de 12 va y le suelta a la Siñeriz: ha pasado lo que más temíamos y es que todos estaban muertos desde el principio. Me quedo loco y no doy crédito a lo que estoy escuchando pero mi cara de Nicolasa Kidman después de enchufarse botox aumenta cuando veo que ninguno de los integrantes del coloquio la contradice y se limitan a asentir. Todos le dan la razón y comentan lo indignados que están con esa explicación. En ese momento me conecto a Facebook y veo que el 90% de mis contactos comparte mi estupor con el debate de Cuatro y es que uno no podía dejar de preguntarse: ¿¿qué capítulo final habían visto Siñeriz and company para quedarse tan panchos afirmando que todos estaban muertos desde la primera temporada?

Ya está, ya me he desahogado.

Y tampoco me quiero extender mucho porque es absurdo hablar y hablar sobre supuestas teorías o cosas que se han quedado en el tintero. Para mí Lost ha acabado siendo una portentosa reflexión sobre la vida, el amor, la muerte, lo terrible y aterradora que puede acabar siendo la soledad y el poder curativo del amor en todas sus variantes.

¿Qué se han quedado muchas cosas sin explicar? Of course, pero la verdad es que yo hacía tiempo que había perdido la esperanza de que me contaran porqué la isla viaja en el tiempo, porqué cura el cáncer o demás pajas mentales de la serie. Y eso no ha hecho que disminuya ni un ápice mi interés porque si pongo en una balanza las explicaciones sobrenaturales o las explicaciones sobre los personajes acaban pesando mucho más secuencias de la season finale como el I love you entre Jack y Kate, el encuentro frente a la máquina expendedora de Juliet y Sawyer, el momento en que Locke vuelve a poner un pie en el suelo y se libra de la silla, el revival del parto de Claire o ese acojonante, y emotivo hasta límites insospechados, plano de Jack cerrando el ojo mientras una lágrima le cae por la mejilla.

De lo único que me puedo sentir estafado por Lost, si es que estafa es la palabra adecuada, es que nos ha hecho creer que estábamos ante una ciencia ficción cuando realmente nos estaba contando una aventura humana de proporciones épicas. ¿¿A quién le importa que no nos expliquen los misterios de la isla, de por sí inexplicables y de ahí su gracia, cuando nos han presentado a unos personajes de los que va a ser imposible olvidarse??

Yo no sé vosotros pero yo he estado todo el día un poco triste e incluso me he sorprendido lagrimeando en el trabajo cuando he recordado a Jack y Vincent acostados entre el bambú.

Cuando iba en el autobús camino del curro se ha sentado a mi lado un chaval con una camiseta de Dharma. Lo he mirado y le he dicho: que gran final ¿verdad? Él me ha mirado, me ha sonreído y me ha dicho: ahora noto como que me falta alguien, los voy a echar mucho de menos. Yo le he asentido y me he dado cuenta de que no sentía algo así desde que David el Nomo se convirtió en un árbol ...

Muy grande Lost ... lo dicho, os voy a echar mucho de menos tripulantes del Oceanic.

domingo, 23 de mayo de 2010

We have to go back!!!

Uys, que raro, que extraño ... un post hoy sobre Lost ¿dónde se ha visto eso? Seguro que soy el más original de toda la red y no encontraréis hoy en facebook, twitter, blogs varios, fotologs y demás sustitutivos del sexo de nuestra generación 2.0 nada relacionado con esta serie ¿verdad?

Bueno, no es nada raro que le dedique el día de hoy a los supervivientes del Oceanic sobretodo teniendo en cuenta la foto de arriba donde podéis ver los productos Dharma que preparamos en junio del año pasado para la fiesta de visionado de la season finale de la quinta temporada.

Sí, los de la imagen de abajo somos nosotros caracterizados como algunos de los personajes de Lost: Jack, Locke, Charlie ... Rocío con su apoteósico disfraz de humo negro.


Y sí, yo iba de Charlie e incluso me pinté en la mano el legendario Not Penny ´s boat que tantos disgustos nos dio en el final de la tercera temporada. Con la otra mano agarraba firmemente mi cerveza Dharma.

Supongo que todos los que seguimos Lost tenemos un recuerdo muy claro de cuándo, cómo y porqué entramos en contacto con esta ya mítica serie. Yo fuí de los tardíos a pesar de que ya tenía unos cuantos amigos enganchados hasta la médula y que no paraban de decirme que la siguiera, que era como una droga, que era cómo convertirte en una especie de Mark Renton enganchado a su particular heroína. Pero yo no les hacía ni caso, había intentado ver un par de esas series que se supone que inauguraron la época dorada del formato (Mujeres Desesperadas, Sexo en Nueva York, CSI ...) pero me había aburrido de todas porque no tenía paciencia ni tiempo para seguirlas.

Un día se presentó Pili en casa y me dejó las tres primeras temporadas originales de Lost junto con un aviso que era casi una amenaza: tienes que ver esto y punto. En ese momento estaban emitiendo en EEUU la cuarta temporada y a mí me dio una pereza enorme tragarme 74 episodios para llegar a ponerme al día. El caso es que esa noche no había nada interesante en la tele, Lidi y yo estábamos aburridos y los apuntes de los exámenes de febrero nos miraban desde la mesa esperando ser leídos. ¿Vemos el primer capítulo de eso a ver qué tal? me preguntó Lidia. Vale, yo no tengo ganas de estudiar y así no me siento culpable, le contesté yo. ¿El resultado de esa noche? Tres semanas de obsesión pura y dura donde dejamos de ir a clase, de salir de marcha, de practicar sexo con nuestras parejas y casi de respirar con tal de poder seguir viendo capítulo tras capítulo. A la cuarta semana ya íbamos al día y fue entonces cuando nos hicimos la pregunta que seguramente os hicistéis todos en algún momento del visionado: ¿cómo he podido vivir hasta ahora sin Lost?


Lost significó descubrir lo qué era una perfecta construcción de personajes; saber que la mezcla de géneros podía funcionar y ser portentosa; que podías pasarte un capítulo entero con la boca abierta y acabar llorando a lágrima viva; sentir a los protagonistas casi como si fueran de la familia y cruzar los dedos para que los guionistas no mataran a tus favoritos ...

Con Lost yo creo que todos hemos pasado por situaciones familiares: ir al día con los capítulos y decirle a alguien que acaba de empezar lap rimera temporada eso de "pues no te queda nada por descubrir"; llamar a un íntimo amigo que está lejos, y tan enganchado como tú, justo al terminar de ver la season finale de una temporada para comentar a grito pelado todo lo que ha pasado; convertir unas cañas en una exposición de todos los tipos de teorías que cada uno tiene sobre lo que acabará pasando ...

Y seguro que todos hemos experimentado esa sensación de ir retrasados un par de capítulos, sentarte con tus colegas y sentir como estos te miran con esa expresión de "pringado, nosotros sabemos algo que tú no sabes".

Esta madrugada sonará el despertados a las seis de la mañana, pondremos una cafetera al fuego, nos lavaremos la cara, pondremos nuestro culo en el sofá, encenderemos la tele, agarremos los kleenek y sintonizaremos la Fox ... dos horas y media después nuestra vida habrá cambiado un poco y esta vez seremos nosotros, y no Jack, los que querremos gritar: we have to go back, Kate!!

Os dejo con uno de mis momentos favoritos de Lost:

martes, 18 de mayo de 2010

10 años ....

El pasado día de Nochevieja Pili se iba a pasar el fin de año a Cádiz y yo me tenía que quedar en Madrid por motivos de curro. Justo antes de salir se abrazó a mí y me dijo: "parece mentira pero en 2010 va a hacer diez años que somos amigos" La verdad es que aquello me pilló por sorpresa porque se me había olvidado por completo que el próximo septiembre hará una década que empezamos la Universidad y que conocí a algunas de las personas que se convirtirían en indispensables en mi vida.

Este 2010, por tanto, estamos de aniversario y va a ser uno muy, muy, muy especial.

Anoche me puse a pensar en esto y me sorprendió lo raro que fue la formación de nuestra pandilla que acabaría convirtiéndose en una especie de segunda familia para todos. La primera persona que conocí del grupo fue a Reme e inmediatamente nos convertirmos en inseparables, sobretodo cuando descubrimos que éramos vecinos de barrio y que los pisos de estudiantes, por aquel entonces toda una experiencia nueva y orgásmica en nuestra vida, eran sitios ideales para pasarse la tarde viendo ShowGirls hasta aprendernos de memoria las coreografías.

Reme y yo acabamos compartiendo casa, experiencias y pasando prácticamente juntos las 24 horas del día durante cuatro años. Inolvidables los febreros y junios cuando teníamos que estudiar y acabábamos arrasando con todas las películas del videoclub.

A Bea y Ali las conocí de casualidad pero inmediatamente se ganaron un pueso en el top ten. No pasábamos mucho tiempo juntos pero poco a poco nos dimos cuenta que cada vez eran más comunes las cañas después de clase, que cada vez nos llamábamos más a menudo y que cada vez nos gustaba más meter el pijama y el cepillo de dientes en la mochila para irnos a dormir a la casa de Bea. Y Ali se convirtió prácticamente en un habitante más de mi piso, sobretodo porque en aquella época tener un DVD en casa era un lujo y a nosotros nos perdía perder el tiempo dedicándoselo a nuestra educación cinéfila.



En los primeros exámenes de febrero Reme y yo empezamos a hacernos muy amigos de Eva. La llamábamos la niña sureña en honor al personaje de Paz Vega en Siete Vidas (por eso del arte y de ser de Sevilla, fíjate tú que originales que éramos) Con Eva empezamos a descubrir el gran placer de conocer a fondo todos los bares dignos de conocerse de Málaga. Y también nos dimos cuenta de que después de una noche de farra, desayunar juntos en la playa al amanecer es una excelente manera de abrazarte a una persona y descubrir ese momento tan bonito en que una persona se está convirtiendo en tu amiga. Y a través de Eva conocimos a Adri que se convirtió en compañero de juerga y persona a admirar porque salía más que todos nosotros juntos y no bajaba del sobresaliente. Reme y yo empezamos a darnos cuenta de que estábamos formando una pandilla que parecia una plantilla de concursantes de OT: cada uno con una personalidad concreta.



Curiosamente no fue hasta el segundo año en que nos hicimos amigos de Pili e Ismael, al menos en el caso de Reme y mío. Y es que a los dos los veíamos un poco tontos, muy metidos ellos en sus papeles de cool de la facultad. Vamos, que por momentos parecía que se creían que estaban en una peli adolescente y que ellos pertenecían al grupo de los quaterbacks y de las animadoras. Pero en segundo de carrera Pili se fue a vivir con Bea y una noche nos llamaron para salir con ellos al Puerto Marítimo. Yo le dije a Bea que no, que no me apetecía mucho pero ella insistió porque esa noche venía su novio de Andújar y quería que saliéramos todos juntos. ¿El resultado? Una noche para el recuerdo que terminó con un desayuno con churros en C/La Unión y una amistad a prueba de bombas. Hay que ver lo equivocadas que son a veces las primeras impresiones. De hecho, resulta curioso que la última persona de la que me hice amigo ha acabado siendo una amiga con la que he pasado los momentos más importantes de mi vida y con la que he emprendido la aventura inevitable de hacernos mayores. E Ismael se ha convertido en un chute de optimismo que te transmite ganas de todo con sólo un abrazo.



Y la gran Marichu siempre estuvo por ahí aunque no fue hasta tercero que de repente se convirtió en esa persona que todos los días te daba un abrazo y que creía en ti más que tú mismo. Un prodigio de mujer que es más que eso, es una fuerza de la naturaleza que deja huella en ti aunque pases meses y meses sin verla.


La formación de la pandilla fue rara pero nos hicimos inseparables y fueron cuatro años tan, tan, tan grandes que ahora da un poco de pena pensar que nunca volverá a haber una época tan mágica y tan llena de vida como aquella. O puede que sí ...

El 25 de septiembre hará diez años que nos vimos por primera vez las caras en el aula 8 de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Lo que ha llovido desde entonces ... y lo que queda por llover.

Pili, sé que esto es un golpe bajo pero ahí lo llevas:

lunes, 17 de mayo de 2010

Sobre un rodaje al estilo de Gran Hermano ...


Ya sé que lo parece pero las 11 personas de la foto de arriba no estamos a punto de entrar en la casa de Gran Hermano y no estamos posando justo antes de nuestro encierro frente a la puerta de la famosa guarida de Guadalix de la Sierra. Y eso que hemos estado 48 horas encerrados en un espacio reducido, conviviendo y sin ningún tipo de intimidad ... pero no, no somos concursantes del Big Brother; las 10 personas de la foto, yo ya no me cuento, son el equipo que ha hecho posible que 9 páginas escritas a courier new tamaño 12 se convirtieran el fin de semana pasado en 3,2 (lo que hacen las novias)

No ha sido un proceso fácil el que concluyó el sábado y domingo pasado, cuando nos encerramos en un loft de Tribunal para gritar ¡¡acción!! y dar forma a una historia que camina siempre entre la comedia y el drama, un guión muy sencillito, escrito a cuatro manos, pero a la vez muy complicado porque todo ocurre en un piso en mudanza, en una cama de matrimonio y con tres personajes que empiezan de farra y terminan al límite de sus sentimientos. Y ellos, los de delante de las cámaras, han sido los muy grandes Sergio Mur, Marta Hazas y Juan Caballero.

La idea desde el principio fue muy clara: volver a los tiempos en que empezábamos a querer dedicarnos a esto y enfrentarnos a un rodaje con los medios justos, sin grandes alardes, con un presupuesto de risa, sin plan de rodaje, sin parafernalia ... sólo con la iluminación necesaria, equipo reducido donde todos hacíamos de todo, un buen sonido, unas ganas tremendas y el talento sobresaliente de tres actores sin miedo a coger el toro por los cuernos.

Y es que me faltan las palabras de agradecimiento para hablar de Marta, de Sergio y de Juan que se han dejado la piel (o el pellejo, como diría mi madre) durante dos días en los que empezaron riéndose y acabaron emocionalmente por los suelos. Siempre es un placer proponer una aventura y que tres actorazos se unan a ti con los ojos cerrados ... y que al terminar el rodaje descubras que no sólo son profesionales sino también amigos. Un placer.

Sergio, Marta y Juan nos enseñaron a todos los ingredientes con los que están hechos los grandes actores: con talento, humildad, generosidad, luz propia y con muchos cojones. Y encima los tres son guapísimos y simpatiquísimos ... como le dijo Sandra Bullock a Carey Mulligan cuando recogió su Oscar: vuestro talento, simpatía, elegancia y belleza ... me pone enferma. En nuestro caso no nos ponía enfermos, simplemente nos depertaba admiración.




Por cierto, a todo el equipo nos asombró el tremendo parecido que Marta tenía en cámara con Nicolasa Kidman antes del bótox, sobretodo con el personaje de Chase Meridian en Batman Forever. Y es que a un fan del caballero oscuro como yo, eso le hace mucha ilusión. No me digáis que en la foto de abajo no parecemos Joel Schumacher y Nicolasa preparando una toma para la muy gay tercera parte de Batman.


¿El resultado de esta aventura? Un fin de semana donde, al contrario que lo que ocurre en la historia del corto, nos hemos reído muchísimo, hemos comido muy bien gracias a Ali y sus tortillas de patatas y lomo a las finas hierbas (y es que por momentos, aquello parecía una Romería más que un rodaje, sólo nos faltaba la Virgen) y hemos acabado agotados pero tremendamente orgullosos de haber sido capaces de levantar contra viento y marea una historia tan pequeñita y complicada como ésta.

Lo único negativo ha sido que 3,2 (lo que hacen las novias) ha sido mi primer rodaje madrileño y se ha echado mucho de menos a parte de mi equipo andaluz que no ha podido estar en la capital. Pero todo lo malo tiene su parte buena y los recién incorporados al equipo han sido grandes descubrimientos como profesionales y como personas.

Gracias a los de siempre: a Edu por estar ahí las 24 horas desde hace tanto, a Lydia por ser tan grande y controlarlo todo y a Gabi por suplir con buen humor cualquier contratiempo que se presentara en el rodaje como esa afición a los martillazos de cierto vecino hijo de ******, y a Ali por ser amiga, compañera, confidente y una excelente cocinera a la vez que auxiliar de producción, ahí es nada.

Y mil gracias a los descubrimientos: a Manolo por esa simpatía, esa calidad humana desbordante y ese talentazo a la hora de crear luz y planos; a Sara por comportarse en todo momento como si estuviera currando en una superproducción; a Jesús por darme la oportunidad de currar juntos después de 13 años de amistad; a Paloma por llegar al rodaje sin conocernos a ninguno y ser una más del equipo a los dos minutos...

Y gracias a Roberto por escribir esta locura conmigo. Y a Sergio y a Marta por todo lo que habéis dado sin pedir nada a cambio. Y, por supuesto, a Juan por dejarnos la casa y a la vez dar vida a un personaje con un desnudo físico y emocional tan complicado.

Esto ha sido una aventura inigualable ... ¿el resultado? Sólo espero que al final esté a la altura de todo lo que este equipo maravilloso ha currado.

domingo, 16 de mayo de 2010

Sobre pesadillas aterradoras y particulares revisiones de Freddy Kruegger ....


Lo reconozco, dormir me pierde. Es uno de esos placeres absurdos que al proletario de a pie le cuesta disfrutar, sobretodo cuando el maldito despertador (en mi caso uno verde y amarillo con un Simba cachorro del que salen dos manecillas que marcan las horas) se empeña en sonar cinco días a la semana a las siete de la mañana.

Pero también es verdad que desde pequeño tengo unas pesadillas que ríete tú de la pobre Nancy en Pesadilla en Elm Street. Quizás por eso el bronceado Freddy Krueger siempre ha sido el monstruo cinematográfico que más miedo me ha dado, era ver una de sus películas y tener que dormir con la luz encendida durante más de una semana. Supongo que a nadie le pillará a estas alturas por sorpresa, pero Wes Craven se basó para escribir la primera película de la saga en la historia real de un adolescente coreano que tenía unas pesadillas tan fuertes que acabó muriendo de miedo durante una de ellas.

El caso es que llevo una semana preocupado por si a mí me pasa algo parecido. El viernes por la noche tuve una pesadilla de estas horribilis en la que alguien no paraba de clavarme agujas en la mano. Y las clavaba con saña y con muy mala leche, además yo estaba atado en una silla, rollo Hostel, y no podía hacer nada por evitarlo. Cuando me desperté tenía la palma de la mano llena de sangre, seguramente por haberme clavado las uñas durante la pesadilla igual que mandé la sábana a tomar viento fresco a la otra punta de la habitación de tanto moverme. Pero durante unos segundos no pude evitar pensar en Freddy y en su matanza de adolescentes (¡¡qué bien que me confunda con alguien de dieciocho años, por cierto!!) haciendo que sus pesadillas se convirtieran en realidad.

Que yuyu me dio ver mi mano con tanta sangre cuando hacía sólo unos segundos alguien en mi mente me estaba clavando agujas. Por un momento me dio un pánico tremendo acabar como la pobre Tina en una de las secuencias más aterradoras que se ha rodado nunca:



Espero que no porque acabar revolcado por la pared con cuatro cortes en el estómago, aunque sea después de una agradable sesión de sexo teenager, no es un buen plan para acabar la noche.

Y ahí no acaba la cosa. Hace tan sólo unas horas me he despertado empapado en sudor porque he estado soñando con una hipótetica III Guerra Mundial en la que nos capturaban y nos mandaban a una especie de imitación de Auschwitz donde nos ponían en cola en la puerta de un barracón esperando para entrar en un horno crematorio. Me he despertado justo en el momento en que a mí me tocaba entrar .... y me ha costado hasta tomarme el primer café de la mañana. Aterrador. Es mi particular Pesadilla en Concejal Francisco Jose Jiménez Martín Street.

¿Por qué no podré soñar con conejitos rosas, campos llenos de flores y cervatillos con ojos tan grandes como los de un dibujo Manga?

En fin, el caso es que no escarmiento y dentro de poco podré ver por fin el remake de Pesadilla en Elm Street. Aunque la crítica americana la ha puesto a parir, algo me dice que a mí me va a encantar aunque esto siga alimentando mis pesadillas durante un par de años más ...

El tráiler del remake:

jueves, 6 de mayo de 2010

Sobre los días ...




Los de arriba no son sólo tres actores, son tres personas que te enamoran con su profesionalidad, su encanto, sus ganas de comerse el mundo y su arrolladora personalidad. Son Marta Hazas, Sergio Mur y Juan Caballero. Las últimas semanas las hemos pasado combinando días y horas para enclaustrarnos y hablar, hablar, y hablar ... más que ensayar lo nuestro ha sido el descubrimiento de tres personajes a base de charlas muy reveladoras.

Y estos últimos días también han sido días de quedar con el gran Manolo y planificar guiones técnicos y storyboards varios. Y descubrir su enorme y envidiable colección de DVD´s, sobretodo su apabullante colección de cine de terror adolescente que hace que yo parezca un simple aficionado a este subgénero tan apasionante.

Obviamente tampoco han faltado las quedadas con Sara y Lydia para ver cuánto quedaba por hacer y qué cosas se podían sacar de gratis. Y no sé cómo nos la hemos apañado pero estas "reuniones" siempre han terminado con mojitos en La Latina o en la mismísima y mítica casa de Lydia en Avenida de América. Eso sí, han conseguido a la primera todo lo que les he pedido.

Estas últimas semanas también han dejado cosas curiosas como que Jesús y yo vayamos a trabajar juntos por primera vez después de habernos conocido hace 12 años mientras los dos estudiábamos en Francia. Y están siendo días de escuchar la voz de Gabi, siempre con esa tranquilidad que contrasta siempre con mi estado perpetuo de estar al borde de un ataque de nervios.

Y no han podido faltar las llamadas a Málaga para recordarle a Edu las fotos que tendrá que sacar. Ni de discutir con Ali el menú casero que todos comeremos durante dos días.

Todo esto sólo quiere decir una cosa y es que en apenas dos días rodamos "3,2 (lo que hacen las novias)". Yo ya estoy desempolvando mi camiseta azul eléctrico de Naranjito que me ha acompañado religiosamente en todos los rodajes desde hace cuatro años.

lunes, 3 de mayo de 2010

Sobre mi particular historia de amor con Ali Amate ...

Sí, la de la foto de arriba es la mítica Ali Amate haciendo una de sus no menos míticas tortilla de patatas a la almeriense.

La historia de amor entre Ali y yo es curiosa y se remonta al lejano mes de octubre del año 2000, cuando hacía sólo unas semanas que habíamos empezado a estudiar periodismo en Málaga. Ella se sentó a mi lado y se dio cuenta de que mi carpeta estaba forrada con un montón de imágenes de películas. Me miró y me dijo: "¿te gusta el cine?" Yo le dije que sí, que más que me gustara era que prácticamente no pensaba en otra cosa. Ali me comentó que ese fin de semana había ido a ver Lo que la verdad esconde y que no había podido dormir en toda la noche del miedo que le dio, yo le contesté entusiasmado que a mí me había pasado lo mismo, que no entendía tantísima mala crítica cuando la película era un divertimento de terror de primer orden.

Ahí se quedó la cosa hasta que unas semanas después se volvió a acercar a mí y me preguntó: "tú eres de Cádiz ¿verdad? Es que estamos haciendo un trabajo para lengua sobre la manera de hablar de cada provincia andaluza y nos falta encontrar a algún gaditano que en la clase no hay muchos ¿te interesa?" Obviamente le dije que sí porque odiaba esa asignatura y necesitaba subir nota. El resultado fue una semana de trabajo en grupo donde Ali y yo nos hicimos inseparables.

Después de aquello llegaron cuatro años de ir cinco veces a la semana al cine, de escaparnos de clase los miércoles por la mañana para ir a la matinal del cine América, de fines de semana enteros en su casa, de cocinar migas con chorizo los sábados por la mañana para combatir la resaca, de soñar mucho despiertos, de ir al videoclub en pijama para descubrir rarezas y alquilarnos todas las chorras adolescentes que pudiéramos ... cuatro años universitarios donde la pandilla de amigos que compartíamos dejó de ser eso para convertirse en una segunda familia.

Y llegó el temido momento de la graduación y Ali se marchó a Granada y después a Praga. Ya se sabe, la mierda de hacerse mayor tiene como consecuencia que la gente a la que quieres tenga que alejarse de ti para buscarse el pan. Pero la amistad sobrevivió gracias a los aviones, a los autobuses y a la tarifa plana de Orange.

La foto de arriba es de abril del año pasado, durante unas minivacaciones en Cabo de Gata. Por aquel entonces Ali y yo estábamos en el paro, ella en Almería y yo en Málaga. Ninguno de los dos imaginábamos que apenas quedaba un año para volver a vivir juntos ...
Hace unas semanas Ali me llamó, histérica perdida, para decirme que la habían contratado en España Directo y que necesitaba quedarse en mi piso unas semanas hasta que encontrara casa en la capital. Coincidencias agradables de la vida, Ale y yo teníamos una habitación libre en nuestro piso. Y así fue como en apenas 48 horas estaba recogiendo a Ali en la estación de Méndez Álvaro y volviendo a compartir piso con una de esas amigas que es más que eso, es uno de los pilares más importantes de tu vida.
Y estas semanas están siendo como un flashback a los años universitarios malagueños: charlas hasta las tantas de la mañana, migas con chorizo para almorzar, maratones de cine debajo de una manta, copas de vino para compartir los problemas, trivials trasnochadores y muchos abrazos de oso contra las patadas de la vida.
Eso sí, menos mal que se ha dejado la guitarra en Almeria. Aunque echo de menos esos momentos en que la cogía y tocaba 20 de abril del 90 para después decirme: "esta es la canción más triste del mundo sobre lo peor que le puede pasar a un grupo de amigos que se hacen mayores. Espero que a nosotros eso nunca nos pase".