PELICULEROS

miércoles, 8 de diciembre de 2010

"Biutiful" o la depresión hecha película ...

El cine de Alejandro González Iñárritu tiene una ventaja innegable: hace que uno valore mucho más su vida. Me explico, uno entra al cine pensando que tiene muchos problemas, que su día a día apesta, que no puede tener peor suerte y, sin embargo, sale de ver cualquiera de las cuatro películas de Iñárritu con la sensación de que tiene bastante suerte de tener la vida que se tiene. Y es que desde Amores perros a Biutiful, pasando por 21 gramos o Babel, Iñárruti insiste en enseñarnos las miserias humanas más deprimentes y desoladoras.

Esa tendencia al dramatismo más exagerado y retorcido, unido a los excesivos e innecesarios 150 minutos de duración, son el peor lastre de la gran película que podía haber sido Biutiful y no es. Yo, como espectador, he desconectado a los 90 minutos de tanta desgracia, de tanto problema inhumano, de tanta basura, real y metafórica. Ojo, no veo mal que una película retrate problemas reales y a pie de calle, pero es que parece que Iñárritu tiene una predilección especial por regodearse en lo truculento, en la desgracia, en el dolor de las clases más bajas de la sociedad ... con el agravante de que todo parece contado por un director de cine multimillonario que no tiene ni idea real de lo que está contando, quedándose así en la superficie más evidente y demagógica.

Es una pena este empeño por alargar con secuencias, que se suponen dolorosas hasta lo delirante, una película que podía haber durado perfectamente 90 minutos. Y es una pena porque la película tiene destellos de auténtico genio, como la conversación entre Rubén Ochandiano y Javier Bardem en la cafetería o todo lo que rodea al poder sobrenatural del personaje protagonista. Y da todavía más rabia el hecho de que Biutiful sea tan fallida por el simple hecho de que visualmente es arrebatadora y fascinante, con esa cámara al hombro casi documental, esa luz sucia y esos primeros planos acojonantes. Aunque no sé si sobre este aspecto tendríamos que felicitar a Iñárritu o al extraordinario trabajo de Rodrigo Prieto como director de fotografía.

Eso sí, el reparto al completo de la película está para llevarse todos los premios del año. Lo que hace Javier Bardem no tiene nombre, la manera en que se mimetiza con el personaje, esa mirada de perro apaleado por la vida, la expresión corporal que aporta a un hombre que camina constantemente al borde del abismo más aterrador. Bardem está brillante y consigue una interpretación dura, conmovedora y magnética, creando un personaje antológico que salva la película cuando al director se le va de las manos. El actor podrá caer mejor o peor, se podrá estar de acuerdo o no con su actitud ante la prensa, se le podrá valorar más o menos como personaje público, pero lo que no se le puede negar es que es uno de los mejores actores que ha dado el cine en los últimos .... no sé, probablemente en toda su historia.

Y Maricel Álvarez, Hanaa Bouchaib, Guillermo Estrella (estos dos últimos interpretando a los hijos de Bardem, y consiguiendo unas interpretaciones infantiles memorables) o Eduard Fernández tampoco se quedan atrás, dejándose la piel y el alma en unos personajes pasadísimos de vueltas que podrían haber dado lugar a unas sobreactuaciones apoteósicas, pero que en manos de estos actores se convierten en lo que salva a Biutiful del desastre más absoluto.

Podríamos estar hablando de una de las mejores películas del año ... pero nos quedamos con una relativa decepción. ¿Cuándo aprenderán ciertos directores que una película buena no es aquella que dura más de dos horas?

El tráiler:





3 comentarios:

Cinemagnific dijo...

Pues la veré esta semana seguramente. A ver qué me encuentro...

Arion dijo...

Hola, ubiqué tu blog a través de Querido Peliculario de Bertoff. Y déjame decir que ha sido un buen hallazgo. Me ha parecido muy interesante tu comentario sobre la película de Bardem (que todavía no he visto).

Me encantaría que te sumes como seguidor a mi blog, y por supuesto, yo haré lo mismo.

www.artbyarion.blogspot.com

Sr Nocivo dijo...

Parece que ahora si una película no supera los 120 minutos no es una película.
Lo que cuentas que tanta desgracia te acabó superando y que te hizo desconectar a mi me paso con "Las cenizas de Ángela", de Alan Parker. Se abusa tanto de los dramas y las desgracias que al final ya te da igual lo mal que lo pasen los personajes... porque sabes que siempre van a ir a peor.