PELICULEROS

domingo, 17 de octubre de 2010

Cosas muy difíciles de explicar ...

Hace unos cuantos años, me tuve que dar de baja un par de días en el trabajo porque casi no podía mover el brazo. La versión oficial que les di fue que me caí por las escaleras y me golpeé el brazo contra el suelo. Si les hubiera tenido que contar la verdad tendría que haberles dicho: "estábamos en el piso jugando al escondite, mis compañeros de piso y yo, y cuando me encontraron salí corriendo a intentar salvarme, tropecé y casi me quedo sin brazo porque me lo golpeé contra una pared al intentar tocarla antes que mi compañero, que era el que tenía que buscarnos. Ya se sabe, cosas normales que hacen los veinteañeros en su casa". Obviamente tuve que contar la versión oficial.

Ayer llegué a mi trabajo cojo, y aún hoy me cuesta andar. La versión oficial que he tenido que dar es que me resbalé al salir de la ducha y me doblé el pie. Si les hubiera tenido que contar la verdad tendría que haberles dicho: "estaba jugando en mi piso al pilla pilla con Pumba, mi perro, y yo le perseguía cuando él hizo un cambio de dirección muy rápido, me despistó, y yo me estrellé contra la puerta del baño, dejándome parte del pie derecho en el intento de frenar".
Obviamente he tenido que contar la versión oficial.

Hay cosas muy difíciles de explicar, sobre todo si tienes una cierta edad ...

El caso es que mi pie cojo y yo nos parecemos a la Charlotte (Scarlett Johanson en una interpretación conmovedora) de Lost in translation. Ella está intentando colgar una especie de lámpara moderna y cool, como seguro que es Sofia Coppola, y al bajarse de la cama se tropieza con la pata, más o menos como yo tras haber sido engañado por Pumba en su estratégico cambio de dirección para escapar de mí.



Días después se queda del dolor del pie. Bob (inmenso Bill Murray) se lo mira y le dice que lo tiene amoratado (más o menos como tengo yo ahora mismo el mío) y se la lleva a un hospital nipón, a pesar de que ninguno de los consigue entenderse con el idioma. Charlotte entra en una sala para que le miren su pie, y Bob se queda fuera, en la sala de espera:



Una cosa aparentemente sin importancia, como un pie morado por culpa de un accidente tonto, da lugar a una de las secuencias más tremendamente románticas del cine moderno (el vídeo de arriba es sólo un pequeño fragmento). Un poco gafapasta, lo sé, pero no deja de ser amor lo que hay entre Charlotte, Bob y el pie amoratado de ella.

4 comentarios:

Orologiaio dijo...

Me encanta la manera en que imbricas cine y vida.

:D

Bea Cepeda dijo...

A mí me duele el pie derecho desde hace una semana y tres días. La versión oficial es que me debí hacer daño un día que salí de fiesta borracha y no lo recuerdo. La real es que follé mucho rato en una mala postura xD

Luis Chacón dijo...

Buenas artista!
Pues qué pena de versiones oficiales, me gustan muchos más las originales, tu jefe no sabe las historias que se pierde!

y nada, como excusa un trozito del señor murray nunca viene mal =)

un saludito, a ver si me pongo al dia leyendo qué tal todo por aqui ultimamente! muA!

Toni En Blanc dijo...

Como conozco yo eso de las versiones oficiales y las verdaderas... cuantas veces habré dado una razón distinta de la que me ha provocado heridas en mi cuerpo xD Es tal, que a veces cuando cuento una verdad, piensan que seguro que es la oficial... :P

Saludos, y me apunto la peli, no pasa de esta semana que la vea ^^