PELICULEROS

domingo, 29 de agosto de 2010

Sobre tener un lugar al que siempre volver ...


Hace unos meses, Sergio, Marta y yo tomábamos unas cañas post-cine por Malasaña cuando salió el tema de conversación de tener un sitio al que volver siempre. Marta, que es de Santander, y yo, que soy de Algodonales, un pueblo gaditano, le comentábamos a Sergio, madrileño de pro desde que nació, que vivir en la capital era genial pero que más genial aún era tener un lugar alejado al que volver, una casa familiar donde parece que el tiempo se detiene, y un paisaje que nos ha visto nacer, crecer y salir corriendo de allí para darnos cuenta de que lo echamos de menos más de lo que pensábamos.

La foto de arriba la sacó Edu la semana pasada, es Algodonales y allí que hemos estado pasando unas semanas para desconectar de la búsqueda de piso y de otras mil historias más que en la ciudad parecen importantísimas pero que en un pueblo se convierten automáticamente en tonterías. Y es que es una gozada instalarse en la casa familiar, vacía desde que mi abuela murió, y ver a Pumba en el patio andaluz en que yo aprendí a andar.


O levantarte por la mañana y desayunar en el mismo patio mientras se oye a las vecinas marujear en la calle. Hasta me desentonaba en medio de esto mi ordenador portátil, que me había llevado para escribir algo que me tiene obsesionado desde hace varios meses.


Es inevitable, cada vez que me voy al pueblo a pasar unos días acabo acordándome de la magistral Volver. Me siento como Penélope Cruz y Lola Dueñas cuando vuelven a la casa familiar en su pueblo manchego y las vecinas inmediatamente se ponen manos a la obra en cuanto ven la puerta de la casa abierta. En mi caso es exactamente igual, es llegar y abrir la casa y en un momento ya se está abriendo el portón, porque en mi calle nadie llama a la puerta, y empieza el desfile de Emilia, María, Isabel y demás vecinas que vienen a preguntarme cómo estoy y que si necesito algo, que si quiero comer en su casa, que si necesito leche, que me acuerde de cerrar bien las ventanas cuando me vaya, que si tengo que regar el patio para que las macetas no se pongan pochas ... Incluso te dan algún susto por la noche, cuando estás a punto de irte a la cama, y la vecina de enfrente te pega a la ventana, porque mi dormitorio está en el piso de abajo, y te dice: "niño, que te dejas la puerta de la calle abierta, anda y ve a cerrarla no te vayan a entrar".


Lo dicho, muy Volver todo. Lo único que yo no canto como Estrella Morente ni tengo las mamellas de Penélope Cruz ni su arte fregando cuchillos ensagrentados junto con tupperwares con comida de la tía del pueblo.


1 comentario:

Cinemagnific dijo...

Yo soy de Málaga de toda la vida y sí que he notado eso cuando viví un verano en la República Dominicana y tres meses en Irlanda, y ahora lo noto cuando estoy aquí en Ceuta (donde por razones de trabajo vivo). Es curiosa la sensación. Yo hasta ahora no la había sentido, y la siento bastante cuando vuelvo a Málaga cada dos fines de semana (voy bastante porque la verdad es que Ceuta me aburre un poco XD).

PD: Soy el dueño de Archivo de Cine Ecléctico, que me he mudado a otro blog: http://cinemagnificus.blogspot.com/

Te agrego y te sigo :)