PELICULEROS

jueves, 22 de julio de 2010

Terceras partes nunca fueron ...

Jo, que pereza da hablar todos los años de la última película de Pixar. Siempre, menos en el caso de Cars, hay que decir lo mismo: que es maravillosa; que trata a los adultos y a los niños como personas más que inteligentes; que su guión pide a gritos un Oscar que injustamente nunca llega; que su historias es la más original del año en que se estrena; que mezcla aventura, comedia y drama como pocas películas lo hacen en la acualidad; que habla de las cosas importantes de la vida con una sencillez acojonante; que bla, bla, bla, bla, bla, bla ...

Y es que ya es un poco tópico hablar de obra maestra, película magistral y demás elogios superlativos cuando se trata de referirnos a Pixar, pero es que lo han vuelto a conseguir con Toy Story 3, y mira que lo tenían difícil después de un hito como Up.

Yo soy de la generación que ha crecido viendo Toy Story, tenía 12 años cuando se estrenó la primera parte y 17 cuando llegó la secuela. Ahora tengo 28 años recién cumplidos y puedo entender pefectamente todo lo que los niños pequeños no pillarán de esta tercera entrega: que es la película definitiva sobre el doloroso y amargo proceso de hacerse mayor y dejar atrás todo lo que nos ata a nuestra infancia.

Justo cuando salíamos de la sala, pasó junto a mí un chaval de unos ocho años que iba emocionadísimo lanzando al aire una réplica del sombrero de vaquero de Woody. Yo le miré y me dieron ganas de decirle: no sabes lo que haces, lo que acabas de ver es lo que te pasará a ti dentro de unos años, cuando te des cuenta de que crecer es la putada más grande que te va a pasar en la vida.

Para los críos, Toy Story 3 es una formidable película de aventuras llena de secuencias antológicas de acción como la fuga de la guardería o el trepidante final en el vertedero. Para los que ya estamos crecidos, la nueva obra de Pixar es una tristísima metáfora sobre crecer y hacerse adulto, una historia casi cruel sobre el momento concreto en que hay que decir "ya no soy un niño". Resulta asombroso como consiguen que sintamos tantísima empatía con unos juguetes hasta el punto de que si uno hace como Amélie en mitad de la proyección, y se gira en su asiento para ver las caras de los espectadores, podrá ver sin problemas como casi todos ellos están llorando a lágrima viva.

Hace poco, Sigfrido, probablemente uno de los cortometrajistas que más sabe de cine de Málaga, me decía: "estás obsesionado con el temita cinematográfico de hacerse mayor. Ergo, te vas a acabar convirtiendo en Sarita Montiel." No quiero ni imaginar lo que voy a tener que aguntar después de que los dos hayamos visto Toy Story 3 y yo confiese que no lloraba igual en un cine desde ... hace muchísimo tiempo.


Magnífica, emotiva, brillante, trepidante, original, conmovedora, divertida, entrañable, cínica, irónica ... se me acaban las palabras para describir Toy Story 3.

Terceras partes nunca fueron buenas ... fueron magistrales.

Os dejo con el original corto que acompaña a la proyección de Toy Story 3:

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