PELICULEROS

lunes, 12 de julio de 2010

Sobre un trocito de historia ...

A lo tonto, nuestra generación está siendo testigo de algunos acontecimientos históricos que dentro de mucho tiempo contaremos a nuestros nietos.

Los que nacimos a principios de los ochenta recordamos como de pequeños nos jodía un montón que nos cortaran la emisión de los dibujos animados para hablarnos de no sé qué historias de un muro que se caía. Y muchos años después temblamos de miedo cuando la emisión de "Friends" se interrumpió para que viéramos como dos aviones nos redefinían el concepto de la palabra "terror".

Y un poco más tarde se nos congeló la sangre cuando salimos de clase una mañana y un compañero, llorando a lágrima viva, nos dijo: ha habido un atentado en Madrid, Atocha es una matanza.

Hace poco más de un año nos acostábamos siendo testigos de la muerte de un rey del pop con una vida que no hubiera escrito ni el mejor guionista de Hollywood.

Pero ayer fuimos testigos de algo mucho más agradable, un acontecimiento que supimos que era histórico desde el minuto 1. Y qué alegría saber que por una vez estamos viendo historia sin necesidad de sentir miedo ni unirlo a la palabra tragedia.

No me gusta el fútbol y ni siquiera vi el partido de la Eurocopa que nos dio la victoria hace dos años. Pero lo de ayer era diferente porque era sentir que algún día le podría contar a mi hijo que el domingo 11 de julio de 2010 vi la final del mundial en casa de Lydia, que pedimos dos pizzas familiares, que hicimos sangría, que nos tiramos todo el partido mordiéndonos las uñas, que saltamos en el sofá y nos abrazamos cuando Iniesta entró a formar parte de la historia, que salimos al balcón a gritar cuando el contador llegó a 0, que nos reímos y se nos saltaron las lágrimas cuando Iker Casillas se tiró al suelo a llorar ....

Y probablemente le cuente a mi hijo que estábamos a punto de salir a la calle a celebrarlo cuando en la pantalla de la televisión pasó esto:



Y todos nos pusimos a aplaudir como unos críos porque eso beso nos había emocionado tanto o más que el clímax de cualquier película romántica.

Sí, definitivamente ayer fuimos testigos de un trocito de historia.

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