PELICULEROS

jueves, 15 de julio de 2010

Sobre el nuevo Freddy y cosas que molan de ir a un estreno

Cosas que molan de ir al estreno español del remake de Pesadilla en Elm Street:

-compartir la experiencia con un fanático de Freddy Krueger como Manolator. Juntos podemos recrear de memoria todos los asesinatos de las siete partes anteriores así que ir al renacimiento de Freddy juntos fue algo así como una experiencia religiosa, que diría Enriquito Iglesias.

-encontrarnos con una amiga actriz de Manolo que nos cuela por el photocall. Durante un momento quedamos atrapados entre Angy (sí, la mujer cuyo embarazo televisivo ha durado casi 15 meses) y Edurne mientras un montón de niñas histéricas nos miraban con cara de "¿en qué reality salíais vosotros?"

-ver en persona al nuevo Freddy, Jackie Earle Haley, que llegó enfundado en una camiseta de la selección española. Muy simpático pero yo no podía dejar de mirarle y acordarme de la mítica escena en que se corta el pene ante la aterradora mirada de Kate Winslet en Little children, papel que le debería haber dado el Oscar a mejor actor secundario para que el estuvo nominado pero que finalmente perdió.

-disfrutar del momento más bizarro que recuerdo en mucho tiempo: la gran Alaska cantándole en el escenario a Jackie el Happy Birthday en una escena que era una mezcla entre Marilyn y la Novia Cadáver de Tim Burton.

-que se apaguen las luces y destrozarle a Manolo el brazo por culpa del miedo que pasé. Y disfrutar como un crío aplaudiendo cada vez que uno de los adolescentes acababa muerto. Y cuando digo aplaudir me refiero a que nos dolían las manos de la euforia y de lo bien que nos lo estábamos pasando, era como volver a principios de los 90 cuando le robábamos los VHS a la dueña del videoclub y hacíamos maratones de Freddy.

-llevarnos de recuerdo una garra de Freddy y acabar una noche gloriosa posando antes de la salida del Capitol.
Por cierto, no entiendo las críticas tan destructivas que Pesadilla en Elm Street está teniendo. Yo me encontré con un remake dignísimo que homenajea, respeta pero a la vez reinventa el mito original de Freddy Krueger aproximándolo al cuento infantil de El flautista de Hamelin. Cierto que no supera ni se acerca a la sordidez y al profundo terror que hoy en día sigue provocando la película original pero es que, al igual que le pasó a Rob Zombie con Halloween, el precedente es demasiado bueno como para pensar que se puede hacer algo superior.

Pero al menos se intenta hacer una película respetuosa, que evita en todo momento la comedia absurda en que cayó la saga después de la tercera entrega y que intenta meter el miedo en el cuerpo con secuencias tan perturbadoras como la del descubrimiento de unas viejas fotos en el ático de una de las protagonistas, las aterradoras imágenes de Freddy jugando al escondite con los niños, o el clímax final donde unas polaroids revelan tanto o más terror que las pesadillas asesinas. Además introduce un nuevo elemento en la saga como son los microsueños, esos momentos en que estás tan cansado que sueñas despierto. Y ya os digo que eso da mucho, mucho, mucho yuyu.

Y lo mejor es que Jackie Earle Haley se impregna del efecto Heath Ledger y consigue lo impensable: que nos olvidemos de Robert Englund desde el primer minuto en que su Freddy aparece en pantalla.

Entretenidísima, muy bien rodada, con alguna que otra secuencia para el recuerdo y con unos actores que se molestan en actuar y no simplemente en morir.

Os dejo con el señor Krueger jugando al escondite. Como él mismo dice: quien no se ha esconcido, tiempo ha tenido ...

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