PELICULEROS

miércoles, 30 de junio de 2010

Sobre cumpleaños feliz ...

Odio cuando en las fotos el único que sale perjudicado por los efectos de la noche ("Because the night" que cantaría Patti Smith) soy yo. La imagen de arriba, donde salimos Adri, Lidia y yo, cumple hoy justo un año y era la noche en que pasábamos del 30 de junio al 1 de julio. Celebrábamos los cumpleaños de Adri y mío y aún nos quedaba por delante un largo verano de esos de película de iniciación a la vida adulta pero eso aún no lo sabíamos.

La historia de la amistad entre Adrián y yo es curiosa y en ella tienen una especial importancia nuestros cumpleaños. Adri nació el 30 de junio de 1982 y apenas unas horas después, el 1 de julio, llegué yo a este mundo después de que mi madre maldeciera con toda su alma el tener que parir con todo el apogeo del calor gaditano. Adri y yo nos criamos en la misma calle de un pequeño pueblo de Cádiz, yo viviendo en mitad del callejón y él justo al final. Si él no estaba en mi casa era porque yo estaba en la suya. Y todos nuestros amigos esperaban impacientes nuestros cumpleaños porque eso significaba dos fiestones seguidos, el 30 de junio y el 1 de julio.

Adri y yo seguimos siendo amigos, muy amigos, hasta el instituto. Como si se tratara de una película adolescente, su madre se casó y él se fue a vivir a otra ciudad así que con 13 años perdimos el contacto porque ya se sabe que esas cosas pasaban antes de la era del teléfono móvil, el messenger, el e-mail y el facebook.

Pasaron los años, llegó la Universidad, la mudanza a Málaga y una mañana iba yo paseando por Calle Larios cuando un chaval imponente, de 1,85, empieza a gritarme: ¡¡Javi!! ¡¡Javi!! Yo supuse que aquello no iba conmigo (os sorprendería la de veces que se puede oír gritar un nombre como Javi en la calle) así que seguí andando hasta que aquel chaval me paró y me dijo: "tío, que soy el Adri" ... y yo me quedé muerto y enterrado. El chaval de 13 años, bajito y poca cosa que se fue del pueblo se aparecía ante mí con 22 años, un tipo de infarto y diciéndome que estaba estudiando fotografía en Málaga. Y es que a veces la vida te sorprende con regalitos como éste.

Y es que miradle que guapo:

Adri y yo recuperamos el contacto y acabó convirtiéndose en mi director de fotografía. Él, junto con Dani y Fran, ha sido el responsable del diseño de luces de todos mis cortos, excepto del último 3,2 (lo que hacen las novias), y hemos acabado recuperando confidencias, noches de farra, días de estudio en la facultad (manda cojones que los dos acabáramos estudiando Comunicación Audiovisual con veintitantos años), cervezas de medio día, frustraciones y sueños.

Incluso el año pasado celebramos juntos esa medianoche en que coincide el final de su cumpleaños con el principio del mío. Como cuando éramos unos críos y su fiesta terminaba cuando empezaba la mía.

Feliz cumpleaños Adri.

Por cierto, Edu ya me ha dado mi regalo y me ha sorprendido con un marco electrónico donde se van sucediendo fotos de mi vida. Abajo podéis ver la primera imagen de Pumba el día en que me lo regalaron, recién llegado a casa envuelto en su manta naranja.

Es raro ver tantas imágenes importantes pasando una detrás de otra como si fuera magia. Y pensar que antes como mucho te regalaban un marco de plata para colocar una foto impresa ... supongo que es lo más parecido a eso que dicen de "ver pasar toda tu vida delante de tus ojos".

Como cambian las cosas: antes teníamos marcos con una sola foto y ahora tenemos uno donde cabe toda una vida; antes me encantaba cumplir años y ahora cada vez me pesan más estos veintitantos que pasan a un ritmo de vértigo.

No hay comentarios: