PELICULEROS

jueves, 10 de junio de 2010

Mamá, quiero ser artista ...


No os engañéis, puede que ahora mismo OT os suene a jueces hijos de puta, canciones mutiladas de manera brutal, concursantes sin ningún talento musical, enfrentamientos absurdos, presentador con ansias de protagonismo y cualquier aspecto polémico que no tenga nada que ver con la música. Pero cuando media España nos enganchamos al talent-show en octubre de 2001, el programa era otra cosa ... de hecho, se parecía mucho al fenómeno musical televisivo de este año: Glee. ¿Qué no? Bueno, en ambos casos tenemos un formato para televisión donde un profesor enrollado (Will / Nina) se dedica a formar un grupo de variopintos personajes de distintas clases sociales (Rosa/Mercedes, Bisbal /Finch, Chenoa/Rachel ...) para que triunfen en el mundo artístico a base de cantar canciones de ayer, hoy y siempre, como dirían en el reality al que acude Blanca Portillo en Volver.

Lo sé, es una comparación absurda pero no he podido evitarla sobretodo porque Glee ha supuesto que la frase favorita de Concha Velasco, "mamá, quiero ser artista", vuelva a sonar en boca de todos de una manera que no lo hacía desde el primer OT.

Coñas aparte, llevo ya media temporada de Glee entre pecho y espalda y la verdad es que ha sido todo un descubrimiento a pesar de todos mis prejuicios contra una serie high school sobre unos nerds aspirantes a triunfitos. Pero día sí y día también escuchaba cosas sobre la serie por todos lados, las redes sociales estaban llenas de vídeos de la serie, nombres como Rachel o Finn empezaban a ser habituales en las conversaciones de mis amigos ... y finalmente Edu me sentó y me puso el piloto de Glee al que inmediatamente siguieron el capítulo 2, el 3, el 4, el 5, el 6 ....


Lo más curioso de Glee es su asombrosa capacidad para mezclar azúcar, sal gruesa, escatología y ñoñería a partes iguales. El resultado es sorprendente, un auténtico Prozac natural que es capaz de alegrarte hasta el día más oscuro de la más horrible semana de tu vida. Los personajes son estereotipos sacados del cine de los 80 de John Huges pero a la vez son originales y capaces de sorprender en cada capítulo consiguiendo así lo impensable: que un formato teenager sea el más original y sorprendente del año. Entrar en el instituto de Glee es como hacerlo en el de Scream: parece que nos conocemos al dedillo cada personaje y situación pero no nos podemos confiar porque en cualquier momento todo cambia perversamente para darnos en las narices y hacernos soltar la carcajada o la lagrimita.

Yo me declaro fan absoluto e incondicional de la gran Rachel y de la mejor mala que ha parido el cine y la televisión desde la Úrsula de La Sirenita, la entrenadora Sue.

Yo que creía que el fin de Lost nos dejaba huérfanos y resulta que he tenido a su sucesora ahí delante todo el tiempo y no me había dado cuenta. Por cierto, ahora que se ha confirmado que Nina volverá a estar al frente de la Academia de OT ¿no creéis que el formato del talent show, en estado de muerte catatónica desde hace un par de ediciones, va a acercarse en su nueva edición mucho, muchísimo, a Glee? En septiembre lo veremos pero por lo pronto me quedo con numerazos musicales como este:

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