PELICULEROS

sábado, 28 de noviembre de 2009

Sobre el amor, Gran Hermano y "Lost in translation" ...

Sí, antes que nada quiero advertir de una cosa a los lectores que se aventuren en este blog: que nadie ponga el grito en el cielo porque voy a mezclar en un mismo post a Indhira de Gran Hermano y a la obra maestra de Sofia Coppola, Lost in translation. Avisado queda todo aquel que no quiera indigestarse con tan curiosa mezcla. Empecemos ...


En mi piso somos muy dados a trasnochar ya que sólo estamos los tres juntos a partir de las 23:30 y es entonces cuando aprovechamos para quejarnos de la vida, lamentarnos, comer mucho chocolate para demostrar lo deprimidos que estamos ante la situación del cine en España y gritar como niños porque Unicaja nos ha invalidado las tarjetas bancarias porque son de una cartilla Joven y según el banco ... a nuestros 27 años ya no somos jóvenes. Un asco todo. El caso es que el jueves pasado cuando estábamos a punto de irnos a la cama a las 01:30 de la mañana, hicimos un último zapping y en la tele resonaron unas dulces palabras dichas por una concursante de uno de los programas de más audiencia de la actualidad: "¡¡¡zorra, zorra, que eres una zorra!! ¿quieres que te enseñe mi rabo?" Obviamente estas palabras tuvieron un efecto hipnótico en nosotros que nos quedamos pegados a la televisión y nos faltó grabar la posterior pelea con el móvil para colgarlo después en youtube, y es que aquello parecía un barrio de extrarradio con dos chonis tirándose de los pelos y sus novios observándolo todo desde sus motos mientras lo graban para ponerlo después en Facebook. La telebasura que tiene algo que engancha ...

Supongo que a estas alturas ya habréis visto uno de los vídeos más vistos de la red en estos días:


Vayamos por partes, a mí la escena me dio bastante verguenza ajena. La tal Indhira ha pensado que quizás su madre no haya tenido suficiente con verla como una coneja a todas horas, buscando los ángulos muertos de las cámaras para ponerse las botas, practicando el lanzamiento de lasaña a discrección e incluso protagonizando un porno amateur a lo Algo pasa con Mary con gomina blanca directa a toda su cara ... ¿Qué queréis que os diga lectores? A mí ver todo esto en la tele me da un poco de verguenza ajena, por mucho que me digáis que si a nosotros nos pusieran una cámara en la vida real seríamos mucho peores. Seguramente tengáis razón pero el caso es que yo no vivo en una casa donde me ven a diario unos seis millones de personas ...


¿Es esto es techo que tocará la telerrealidad española? Porque lo próximo ya no sé lo que será ... directamente que se monten una orgía en la casa y utilicen los micros pegados a la pared como consoladores, porque sino no se me ocurre cuanto más bajo puede caer el formato reality en España.

Obviamente, el vídeo de la pelea de Indhira-Carol ha sido uno de los temas estrella de conversación en todos los cafés, cenas o reuniones sociales de pobres (esto es un eufemismo de botellón en casa porque no tenemos dinero para salir) desde el pasado jueves. Y el caso es que he encontrado muchas opiniones a favor de Indhira con el siguiente argumento: el amor enajena y la pobre chica sufría mal de amores. Cosa curiosa esto del amor, pues .... a ver si al final va a ser verdad que aún somos capaces de enfermar por amor, de que todavía tenemos la capacidad de volvernos idiotas y perder la cabeza, que el sentimiento más sobrevalorado del mundo aún conserva intacto su poder de volvernos locos. El amor enajena, así que tened cuidado si estáis enamorados y hay vasos a vuestro alcance ...

Pero yo si tengo que hablar de amor prefiero quedarme con otro tipo de sentimientos, algo más parecido a lo que recorre todo el metraje de esa absoluta maravilla que es Lost in translation de Sofia Coppola. Justo anoche la volví a ver porque la cinéfila de pacotilla de Chipi me confesó que no la había visto y la obligué a sentar su perfecto culo de actriz en el sofá de Ikea y hacer que su vida cambiara un poco después de conocer a Charlotte y Bob.


Lo que más me sorprendió al terminar la peli es que después de haberla visto como cien veces aún conservara intacto su poder de enamorarme con cada plano, su impresionante capacidad de seducción, su aplastante sencillez convertida en una historia llena de recovecos, de matices, de sentimientos, de diálogos que no se dicen y de personas que se vuelven importantes en tan sólo unos días. Porque para mí el amor no enajena, el amor es un susurro dicho entre dos personas que probablemente ya no se vean nunca más pero que saben que todo va a ser un poco mejor simplemente por haberse conocido.

Gracias Sofia por regalarnos esta película que hay que ver, como mínimo, una vez al mes ...



martes, 24 de noviembre de 2009

Sobre mentes peliculeras y días en el campo ...



El sábado pasado, Adri, Ismael, Pili y yo nos pusimos la ropa de montaña (es un decir, porque éramos los más cool de la sierra pero los menos prácticos porque las converse no encajan bien con el senderismo) y nos fuimos a la Pedrizas a pasar un día alejados de estreses, internet y todo eso sin lo que se supone que no podemos vivir los veinteañeros. Así que nos cargamos las mochilas para perdernos por las montañas madrileñas en busca de emociones fuertes, y quien dice emociones fuertes dice hacer un book de fotos, no tener cobertura en un par de horas e intentar no despeñarse por mi falta de equilibrio (¿seré yo un príncipe destronado como Caye en Princesas y por eso tengo tan poco equilibrio? Y no, no hace falta que hagáis la broma fácil con la profesión de Caye en masculino)



El día dio para mucho, para muchas risas y para constatar que la fotogenia no es lo mio, prefiero ponerme detrás de las cámaras y ver lo asquerosamente bien que salen Ismael, Adrián y Pili mientras que yo parezco víctima de algún virus intestinal. Y también dio para muchas idas de olla y para darnos cuenta de la mente peliculera de la que hace gala nuestra generación. Si pones a cuatro jóvenes juntos en un bosque perdido y con un día nublado, inmediatamente la imaginación vuela hasta cualquier peli de terror teenager donde hubiéramos sido víctimas de un asesino con motosierra que se esconde en la montaña; o una bruja cabreada que manda a niños fantasma a que te toquen las pelotas; o quizás acabaríamos convertidos en la cena de un grupo de caníbales madrileños cabreados con el mundo ...

Lo dicho, vemos demasiadas películas de terror. Incluso establecimos un más que lógico orden en el que moriríamos. La estructura de nuestra particular película de terror rural sería la siguiente:

- en otras circunstancias, Pili sería la primera en caer sin ningún tipo de duda ¿Por qué? Porque es rubia, guapa, parece una Barbie y tiene un cuerpo y unas tetas estupendas de la muerte. Y todos sabemos que eso en el terror adolescente equivale a acabar ensartada en cualquier arma blanca. Pero en nuestra peli esto no pasaría porque era la única chica del grupo y no se podía dejar al sector masculino sin la scream queen de buenas a primeras.

-el primero en desaparecer sería yo ... según la opinión de Ismael porque soy rubito y porque llevaba la cámara de fotos. Mi desaparición ocurriría de la siguiente manera: como ando despacio, acabaría rezagado y mientras ellos me esperan al final de un estrecho camino algo saldría entre los matorrales y me arrastraría al fondo del bosque mientras mis tres amigos charlan entre ellos sin darse cuenta de nada. En la foto de abajo, momentos antes de mi desaparición del show:


-una vez que encontraran la cámara de fotos destruida, ellos se darían cuenta de que algo va mal y que alguien les observa desde el bosque. Podéis ver su cara de pánico y terror:


-terror en el bosque. Empiezan a aparecer excursionistas muertos e intentando salir del lugar, se pierden porque todos los caminos parecen iguales. Ahora es la parte en que toca correr mucho, que alguien diga eso de "vamos a morir todos" y el momento en que Adri desaparece de la película tras su muerte. En la foto, Ismael escapando del serial killer cual Jessica Biel en La matanza de Texas:


-Y entonces llega el clímax en que descubrimos que la rubia Barbie no murió la primera ... ¡¡porque ella era la asesina!! Los motivos de su locura / chaladura/ trauma/ obsesión no nos quedaron muy claros pero tampoco le podéis pedir peras al olmo. Esto es un slasher adolescente y aquí la lógica no importa mucho, hay una asesina loca del chimichurri y con eso el público ya está contento. Y mirad como mata al último superviviente del grupo de amigos:


- pero ¡¡sorpresa!! en un último giro de guión vuelve a aparecer mi personaje que no estaba muerto y que reaparece para poder ser el primero en morir en la próxima secuela campestre.


Lo dicho, creo que los de mi generación vemos demasiadas películas. Eso sí, cuando nos dimos cuenta de que eran las 17:30, que quedaba poco para anochecer, que estábamos a una hora de camino del coche y que estábamos perdidos ... la cosa ya no tenía tanta gracia. Y es que la sombra de la bruja de Blair es muy, muy, muy alargada para los miedicas como yo.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Sobre Caracoles y pijos ....


Hay diálogos y situaciones reales que harían palidecer de envidia a cualquier escritor o director surrealista. El siguiente diálogo se produjo el pasado viernes entre un cliente acaudalado, por no decir que le faltó entrar en la tienda montado en su porsche y aparcarlo delante de mi pequeño mostrador de información, y yo ...

INT. LIBRERIA - DÍA

Un pijo repelente, con cara de pocos amigos y jersey de Lacoste, se acerca al mostrador de información de la librería acompañado de su hija pequeña, aún con el uniforme del colegio y expresión de estar oliendo cien mil boñigas de vaca a la vez. El pijo ni saluda, deja un libro llamada Caracoles, compuesto a su vez de varios cuentos como veis en la foto de arriba, encima del mostrador.

PIJO: ¿De qué va esto?

Yo le miro con cara de pasmo y me pregunto porqué los colegios privados cada vez tienen una proporción inversa en lo referente a dinero - educación. Me resigno, cojo el libro, le echo un vistazo y empiezo a vislumbrar que tengo ante mí lo que será mi primera pelea antológica en el curro.

YO: Es un cuento infantil.

PIJO: Quiero abrirlo y ver cómo es por dentro.

YO: Lo siento, pero no puede.

PIJO: Pues entonces dime de qué va.

YO: Perdone pero Caracoles no está entre mis libros de cabecera.

La señora que espera detrás del pijo en la cola, suelta una risotada. Yo me arrepiento casi al momento porque acabo de declararle la guerra al pijo.

PIJO: Pues dime por lo menos las líneas generales del argumento.

YO: Es un libro recomendado para niños entre 0 y 4 años. Y trata sobre caracoles.

PIJO: ¿Qué clase de distinción es esa? ¿De 0 a 4? ¿Me estás diciendo que un niño recién nacido se lo puede leer?

YO: Hombre, supongo que para un niño de 0 años, el subtexto de Caracoles puede resultar muy complicado, quizás se le escapen detalles del argumento.

El pijo me mira con cara de horror, por un momento creí que su cocodrilo de Lacoste reviviría y me arrancaría la cabeza allí mismo. Decido buscar por internet para darle algo más de información.

YO: Pues mire, creo que Caracoles es la apasionante historia de amor entre un caracol y una caracola. Pero creo que en esta colección se incluyen cuatro libros más, en la secuela estoy leyendo que el caracol se enamora de una vaca. Supongo que Caracoles será una especie de épica romántica, como Crepúsculo.

Cuando levaté la vista, el pijo me fulminó con su mirada, la hija parecía que había dejado de oler boñiga de vaca para oler boñiga de dinosaurio, y ambos se fueron sin decir adiós dejándome Caracoles sobre el mostrador. Yo decidí que era hora de integrar esta lectura para mis viajes en metro. Al fin y al cabo, Caracoles promete ser un libro apasionante ...


jueves, 19 de noviembre de 2009

¡¡Con la censura hemos topado!!


Que ganas tenía de decir eso de ¡¡con la censura hemos topado!! Y es que todavía no me sentía realizado porque ninguno de mis trabajos había sido prohibido, mutilado o directamente vilipendiado por algún medio. Aunque sinceramente todo el equipo esperábamos que fuera Placer el trabajo que inaugurara nuestra relación con la tijera y la censura. Pero mira lo que son las cosas, ha sido nuestro cortometraje más azucarado y ñoño, Un cuento de hadas, el que ha sido objetivo de las mentes bienpensantes y puritanas andaluzas que vigilan por el cumplimiento de la moral y la ética en nuestra querida Andalucía.

Hace unas semanas Félix me pidió permiso para proyectar Un cuento de hadas en el primer programa de cortometrajes de la Televisión de Granada, se supone que mi historia de putas superheroínas sería el corto inaugural del nuevo espacio cinéfilo de dicha televisión. Yo encantado de la vida, oiga, porque a lo tonto el corto lleva ya dos años rulando por festivales y proyecciones varias. Así que me he quedado de piedra cuando me he enterado de que la televisión, una vez que los responsables vieron el corto, se negó en rotundo a proyectar Un cuento de hadas por su lenguaje "soez" totalmente inapropiado. O sea, que el programa se tuvo que volver a grabar de nuevo ya sin mi corto en escena.


Sinceramente, esto es algo que me ha hecho mucha gracia y casi me atrevería a decir que ilusión. Al fin y al cabo desde nuestra prohibición por mal hablados, he recibido muchos mails preguntándome dónde poder ver Un cuento de hadas aunque algo me dice que la decepción posterior de quien busca polémica es de campeonato. Y es que "nuestro engendro de lenguaje soez" no es más que un cuento para adultos contado desde la perspectiva de un niño pequeño, un cortometraje completamente inofensivo y hasta inocentón. Vale, que sí, que las protagonistas son unas putas poligoneras que de vez en cuando sueltan un "voy a ir para allá y te voy a arrancar tos los pelos del coño" pero no creo que eso traumatice a nadie que pierda 16 minutos de su vida en verlo. Más teniendo en cuenta que tenemos una televisión donde en prime time, periodistas reputadas como Mercedes Milá reconocen que se mean en la ducha y que eso les da gustirrinín.


El caso es que el tema de la censura ha reanimado mi relación de amor-odio con Un cuento de hadas. Sí es verdad que ahora me da un poco de corte enseñar este corto que rodamos hace ya casi tres años, con la estúpida inconsciencia que te dan los veintipocos y la ignorancia de creer que puedes hacer con 1000 euros y una cámara HD lo que deberías hacer con 30.000 euros y en 35 mm. Pero bueno, ahí quedó la cosa como un intenso ejercicio de aprender fallos que no deben volver a cometerse, de conocer profesionales que han acabado siendo amigos y, sobretodo, de lo bien que uno se lo puede pasar en un rodaje. Como muestra, el making of rodado por Lydia Ruiz de ese cachondo fin de semana de principios de 2007 en el que estuvimos 14 horas bajo un sol abrasador de un polígono industrial malagueño:

Un Cuento de Hadas - Making of from Interrumpidos Films on Vimeo.


Pero no me puedo quejar porque a pesar de todos los fallos, Un cuento de hadas lleva dos años rulando por España, ha conseguido su pequeña lista de premios e incluso me ha dado la satisfacción de proyectarse en la sala 1 del Cine Albéniz en Málaga, llena hasta la bandera y con mi madre, a la que va dedicada el corto, entre el público. Fue un corto de aprendizaje puro y duro, una experiencia divertida que involuntariamente se acaba de convertir en mi primer corto censurado. Sólo por eso ya ocupa un lugar especial en mi corazón.

El motivo de la polémica es este:

Un Cuento de Hadas from Interrumpidos Films on Vimeo.






martes, 17 de noviembre de 2009

Sobre guiones rosa que salen negros, negrísimos ...


El personaje que aparece conmigo en la foto no es ninguna novedad en este blog. Es una de las personas más importantes de mi vida, el señor Paco Anaya que no es sólo uno de mis mejores amigos sino la persona con la que suelo escribir los guiones de mis cortos e incluso de lo que se supone algún día serán mis películas. De hecho, la foto está hecha durante la fiesta de presentación de Placer, cortometraje dirigido por mí y escrito por los dos, hace unos meses.

Los dos somos polos opuestos pero creo que por eso mismo funcionamos tan bien (no en calidad, que eso no somos nosotros nadie para juzgarlo, sino en lo bien que nos lo pasamos escribiendo juntos) Paco tiene una tendencia natural a la comedia mientras que yo soy una cabra que tira al monte del drama más desatado y la tragedia más absoluta. Paco suele tratar bien a los personajes y darles un happy end, a mí me gusta torturarlos y putearlos como suele pasar en la vida real. Paco sólo puede escribir cuando está de buen humor y feliz, a mí me salen mejor las cosas cuando estoy triste y deprimido.

Esto viene al caso porque ambos estamos ahora enfrascados en un nuevo guión, una historia generacional para la que he robado el título de un antiguo trabajo mío en vídeo, Las últimas palabras de Kurt Cobain, para dar forma a 24 horas en la vida de cinco personajes en un lejano día de abril de 1994. La idea es volver a los rodajes divertidos, esos de con poca gente, todos amigos, y sin la preproducción aburrida aburridísima de lo que se supone que tiene que ser un curro profesional. Básicamente se trata de volver a los orígenes y rodar porque sí, para pasárnoslo bien.

Yo tengo que escribir lo que se supone es la historia de amor típica del corto mientras que Paco se encarga, como es su especialidad, de un romance menos convencional y más marciano. Pero el problema es que me pasa un poco como al personaje de Leo (Marisa Paredes) en La flor de mi secreto.


Si recordáis una de las películas más infravaloradas de Almodóvar, Leo es una escritoria de novelas rosa que escribe bajo el seudónimo de Amanda Gris. Pero su último trabajo no le sale, lo que se supone que tenía que ser una historia de amor rosa y cursi se convierte en una historia de mujeres que matan a sus maridos y los esconden en neveras (no es ninguna sorpresa que Almodóvar utilizaría años más tarde este argumento para dar forma a Volver) Esto es porque Leo vive en un caos de vida donde nada está como debería estar.

A mí últimamente me pasa un poco como a Leo, que tengo que escribir algo rosa y lo que sale es algo negro, negrísimo ...

domingo, 15 de noviembre de 2009

Sobre llorar en el cine y en la vida real ....


El pasado miércoles pasé por taquilla en lo que fue un acto de estupidez absoluta e irresponsabilidad premeditada. Me refiero a que ver una película como Siempre a tu lado (absurda traducción para el tampoco muy original título de Hachiko: a Dog´s story) es un suicidio emocional para alguien como yo, que llora con cualquier cosa proyectada sobre una pantalla blanca pero más aún cuando se trata de la historia de un perro y su lealtad hacia su dueño. Vamos, que no debía haberme planteado ver esa película aunque sólo sea por el hecho de que aún no he podido subirme a Pumba a Madrid, que echo de menos abrir la puerta del piso y que venga a saludarte o que ponga su cabeza sobre tu rodilla y parezca que te entiende perfectamente. Pero como soy un masoquita de los sentimientos, allá que me fue directo a la sala donde ya sabía que saldría con los ojos como tomates y con el corazón encogido. Aunque sé que al menos le alegré la posterior Coca Cola en el Vips a Roberto, que me vio en mi estado más patético y triste de lloroso cinéfilo y sensiblón.

Como ya sabréis, Siempre a tu lado está basada en la historia real de un perro japonés, Hachiko, que esperó en la puerta de la estación de tren a su dueño fallecido día y noche hasta que murió. Una historia de esas que parecen sacadas de un mal programa de sucesos pero que a los que tenemos perro nos toca un poco el corazoncito. En la foto de abajo el Hachiko real:


Y vale, que la película es manipuladora hasta decir basta. Que busca la lágrima fácil de una manera un pelín vergonzosa. Que uno no sabe muy bien qué hace una actriz superlativa como Joan Allen en un producto así. Que a ratos parece mentira que el director de este almíbar envenenado sea el mismo de maravillas como Las normas de la casa de la sidra, ¿A quién ama Gilbert Grape? o Chocolat. Y todavía es más incomprensible el hecho de que la película no oculte para nada su condición de telefilme listo para emitir en la sobremesa de cualquier día de Navidad ... pero todo eso se le perdona por la catharsis de llorar libremente durante hora y media. ¿Por qué? En mi caso es muy importante hacer esto, más que nada porque en la vida real soy incapaz de llorar, no puedo soltar ni una triste y mísera lágrima pase lo que pase. Sin embargo delante de una pantalla de cine puedo berrear como un niño pequeño, puedo moquear y cualquier cosilla que le pase a los protagonistas me afecta muchísimo, como si les conociera de toda la vida ...

Y esto viene al caso también porque hoy Pili e Ismael han finiquitado A dos metros bajo tierra, cuyo apotéosico final yo ya vi hace unas semanas. Curiosamente no he visto la serie completa, sólo algunos capítulos sueltos y los tan comentados diez minutos finales de la serie porque ya me habían dicho, por activa y por pasiva, que eran una joya cinematográfica. Hace unas horas Pili me ha llamado por teléfono para preguntarme escandalizada cómo he podido ver el final y no tener intención de completar el visionado de la serie completa. Y yo simplemente le he contestado qué en la vida real no lloro pero que delante de una historia soy una Maria Magdalena de tres al cuarto. Parece absurdo pero no quiero meterme en una serie de cinco temporadas, encariñarme con los personajes, sentirlos parte de la familia y luego llegar a un final como el de A dos metros bajo tierra y pasarme varios días con un principio de depresión agudo. ¿Por qué digo esto? Porque ya sufrí lo mío después de seis temporadas de Dawson Crece; y es que no mola nada madurar un poco a la vez que sus repelentes pero entrañables protagonistas, cogerles cariño como si fueran colegas reales .... y acabar la serie con ese doble capítulo que es una puñalada a los sentimientos, con la declaración de Jenn delante de la cámara de Dawson y los dos rollos de papel higiénico que gasté viéndolo:


Soy raro, lo sé ... y ya me estoy preparando para cuando tenga que ver el capítulo final de Perdidos el año que viene. Sé que ese día me arrepentiré de haber visto la serie sólo por el pellizco en el estómago que me va a dejar el hecho de tener que despedirme de Jack, Kate, Swayer, Sayid and company. Si es que soy lo peor, siempre intento evitar el sentirme mal aunque eso signifique dejar de ver una serie.


jueves, 12 de noviembre de 2009

Sobre sueños y chicos cotillas ...


"Sueños. Todo el mundo los tiene. Algunos buenos, otros malos ... algunos desearíais poder olvidarlos.

Algunas veces te das cuenta de que los superas. A veces sientes que algunos se han hecho realidad. Algunos de nosotros sólo tenemos pesadillas. Pero no importa lo que sueñes, porque cuando llega la mañana la realidad se entromete y los sueños empiezan a desvanecerse ..."


¿Quién dijo que Gossip Girl era una serie superficial? Creo que la subestimé, el diálogo de arriba es el cierre de uno de los capítulos de la segunda temporada y tengo que reconocer que, no sé si por mi estado desordenado de ánimo, me ha hecho soltar la lagrimita. Gran putada eso de los sueños, putadón porque nadie te enseña qué tienes que hacer cuando salen por la ventana y no consigues echar a volar para alcanzarlos.

Post breve y como no podía ser de otra forma, me despido a la manera Gossip:

Yo know you love me ... XO, XO ...

martes, 10 de noviembre de 2009

Sobre segundas oportunidades ....


En la vida real no soy muy defensor de las segundas oportunidades porque creo que al final terminan siendo sólo un remake de los malos de la situación original. Sin embargo, si hablamos de cine y películas creo que las segundas oportunidades son, casi siempre, imprescindibles para descubrir historias que en su momento se te atragantaron, o que viste en el día menos indicado o que, simplemente, no supiste ver con los ojos adecuados. En mi caso las segundas oportunidades cinematográficas me han ayudado a darme cuenta de lo contradictorio y lo absurdo que soy ya que muchas películas han pasado de ser odiadas a amadas en cuestión de sólo dos visionados.

Me pasó, por ejemplo, con Brokeback Mountain, Shortbus, Gremlins 2, Antes que anochezca, La pianista, Rompiendo las olas y un largo etcétera de pelis que pasaron de provocarme urticaria a convertirse en referentes. Pero sobretodo me ha pasado con dos de las últimas películas de nuestro manchego más universal, nuestro querido Pedro: Hable con ella y Los abrazos rotos.


Y es que este post viene al caso porque ayer nos pusimos en el piso Hable con ella, así como para que estuviera de fondo mientras nosotros hablábamos y arreglábamos el mundo con un Cola Cao (porque arreglarlo a las seis de la tarde con un vino es demasiado alcohólico hasta para mí queridos lectores, reservo eso para cuando llegue a la crisis de los treinta), y el caso es que me di cuenta de lo mucho que había cambiado mi relación con esta historia de amores imposibles y comas profundos. Vi la película de Almodóvar en su estreno, en un multicines de Granada un domingo que hacía un frío de cojones. Ali y yo salimos un poco chof del cine, no sólo porque el listón estaba muy alto después de Todo sobre mi madre sino porque durante la proyección no pudimos quitarnos la desagradable sensación de que el "héroe" de la historia era un violador. Además el tono se me antojaba demasiado frío, demasiado gélido y ... demasiado extraño. En otras palabras: salí echando pestes de la sala.

El asunto es que repesqué la peli unos meses después en el videoclub y al ponerla en aquel lejano vídeo que tan buenos momentos dio en mi piso de estudiantes, fue como verla por primera vez. Todo lo que me había dejado confuso (que gran palabra, siempre me ha encantado porque es como un sinónimo bonito de agilipollado) en el estreno, ahora me parecía original. Todo lo que me había dejado frío, me dejó en el segundo visionado con una sensación muy intensa de melancolía, de profunda poesía y de absoluta tristeza. Además desde el minuto 1 hasta el final de los créditos, no pude evitar la sensación de que quien había escrito y dirigido eso era un puto genio. Cosa rara esto del cine, oiga.


Y lo mismo me ha pasado este año con Los abrazos rotos. En este blog ya comenté las ganas locas que tenía de ver la película y la posterior decepción cuando la devoré en el pase de prensa en Madrid. Sin saber muy bien porqué pasé por taquilla unas semanas después para darle una segunda oportunidad y la cosa mejoró un poco pero no mucho. Pero gracias al fantástico mundo del videoclub (porque recuerdo que descargarse pelis está muy mal, aunque la Caudilla Sinde sea una clara invitación para hacerlo) he podido darle una tercera, una cuarta y hasta una quinta oportunidad .... y ahora me parece un filme hipnótico, lleno de una tristeza devastadora y rodeado de un amor al séptimo arte que me hace recordar una gran frase que me dijo hace poco Laura (actriz de prácticamente todos mis cortos y gran amiga): "los directores no podréis enamoraros nunca de alguien, no de una manera real, no al 100%. Vosotros estáis enamorados sólo de esa manera de una cosa y es el cine ..."



De hecho, la última vez que vi Los abrazos rotos me sorprendí a mí mismo con el corazón en un puño en determinadas secuencias y completamente embobado por el arrollador magnetismo de Penélope Cruz y de un director que es capaz de hacerme cambiar de opinión y callarme la boca. Para eso sólo hace falta eso tan poco realista, pero que en el cine funciona tan bien, que es una segunda oportunidad.

Os dejo con una secuencia de Los abrazos rotos:





viernes, 6 de noviembre de 2009

Sobre "Caníbales" ....


Pues ayer pude por fin presentar Placer en el LesGaiCineMad después de que el lunes no pudiera ir por un asunto de última hora. Pero voy a pasar de hablaros de mi corto porque prefiero dedicarle este espacio a comentar el trabajo que más me gustó de todos los que componían la sección Cortos Españoles en la que Placer competía. Y es que Caníbales, cortometraje dirigido por Juanma Carrillo, es una experiencia visual fascinante que te deja mal cuerpo pero que te hace sentir durante todo el metraje como si estuvieras en una montaña rusa de sensaciones, dejándote muy mal cuerpo pero con ganas de más ...


Si echáis un vistazo a los dos pósters que he cogido prestados del Facebook de Juanma, ya podréis haceros una idea de que Caníbales es un corto que no se anda con tonterías y que va a levantar ampollas si no las está levantando ya. A un nivel MUY SUPERFICIAL se puede decir que es una historia sobre el cruising gay haciendo que el espectador se meta de lleno (y es que la cámara adopta el punto de vista de la primera persona) en La Casa de Campo de Madrid y empiece a ahondar cada vez más en las prácticas sexuales entre desconocidos que al principio del corto parecen casi invisibles hasta que se descubre todo un mundo oculto de cuerpos desnudos y sexo detrás de cada árbol, de cada escondite, de cada vuelta del tortuoso camino que es Caníbales. Y el señor Carrillo, que aparece en la foto de abajo dirigiendo, no se corta un pelo a la hora de retratar este mundo: poco diálogo porque la palabra entre los implicados importa poco, un uso impresionante del sonido que hace que los nervios se vayan poniendo de punta casi como si se tratara de un filme de suspense, y el blanco y negro de la imagen le da un rollo "bruja de Blair" al corto y un aire de falso documental que aumenta la conexión y la empatía con el espectador.


Caníbales no es un corto cómodo de ver, de hecho puede provocar un rechazo instantáneo si no entras en el juego que te propone. No es una historia al uso, no es un cortometraje complaciente, no es una propuesta que puedas ver sin dejar de sentir cosas ... y todo eso se convierte en algo positivo cuando el acabado final es el de cine hecho desde las tripas y desde la más absoluta de las pasiones. Cine de verdad, cine vivo y, lo más importante, cine hecho con dos cojones.



Vi ayer Caníbales a las 16:00 de la tarde, estuvimos comentando el corto después en una cafetería, llegué a casa y pensaba todavía en la historia y esta mañana al llegar al curro no he parado de recomendárselo a los compañeros. Y eso sólo lo consiguen los directores que tienen algo importante que contar. Mi más sincera enhorabuena a Juanma Carrillo por este corto que me da mí en la nariz que va a tener una larga presencia en festivales y un palmarés en su currículum de los que echa para atrás.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Sobre festivales y entrevistas ...


El de arriba es uno de los pósters que Pilar Illescas diseñó para Placer y que curiosamente era el que más me gustaba aunque al final Habacuc y yo nos decidiéramos por el que ya estáis hartos de ver (si no a la derecha de este blog lo tenéis) El caso es que nuestro pequeño cortometraje se encuentra participando esta semana en el 14 Festival de Cine Gay Lésbico de Madrid, LesGaiCineMad, donde compite por el premio al mejor cortometraje. Y la verdad es que el trato desde la organización del festival está siendo inmejorable, con un afán insuperable por promocionar todas las obras a concurso y con un marketing desde internet que se echa mucho de menos en otros certámenes. Chapeau desde aquí a los organizadores ...

Una de las cosas que más me está molando del Festival es la publicación en su web de todas las entrevistas que han hecho a los directores de los cortos, largos, documentales, etc, a concurso. Esto me ha servido para ver las impresiones de diferentes cineastas y descubrir cortos que estoy ardiendo en deseos de ver, muy especialmente Caníbales de Juanma Carrillo que tiene un pintón tremendo y a primera vista parece tener todas las papeletas para convertirse en mi favorito del certamen: una historia valiente, rodada con dos cojones y que remueve por dentro.

Por si os interesa os transcribo la entrevista que se ha publicado sobre mí. Por cierto, agradezco que la hayan acompañado con esta foto que es una de las pocas del rodaje de Placer donde no salgo con cara de enfermo terminal ... la fotogenia y yo que no nos llevamos nada bien. En ocasiones creo que me pasa como a Chandler en aquel mítico capítulo de Friends donde la sonrisa se le convertía en un gesto de estreñimiento crónico cada vez que veía una cámara de fotos.


Interview Javier Linares PLACER (Short) / Entrevista Javier Linares PLACER (Corto)

¿De qué trata tu película?
Placer es una historia generacional sobre siete amigos a punto de cumplir los treinta años que se reúnen en una casa rural para recuperar sus años de Universidad. El descubrimiento de una vieja película porno sacudirá todo lo que creían saber de ellos mismos hasta el punto que después de una noche nada volverá a ser como antes. Es un corto que intenta hablar de sentimientos por los que todos hemos pasado alguna vez sin importar que se sea gay o heterosexual ya que el amor, la amistad, los celos, la venganza, el sexo, los deseos ocultos y mucho más son sensaciones que no entienden de identidad sexual.

¿Cómo está funcionando en festivales? ¿Ha recibido algún premio? ¿Algún
otro mérito destacable?
Placer se estrenó hace sólo un mes así que está empezando ahora mismo a circular por festivales. Aún así, durante la preproducción del cortometraje ya ganó el premio al mejor proyecto en el Certamen Andaluz de Cortometrajes 2009 y recibió la subvención del Área de Juventud del Ayuntamiento de Málaga que valoró su guión .

¿Quiénes son los actores y cómo fue la relación con ellos durante el rodaje?
Placer existe gracias a sus actores, sin ellos esta aventura no hubiera sido posible ni tendría sentido. Ellos son Laura Artolachipi, Juan Caballero (protagonista de la obra de teatro “Silenciados” sobre el asesinato de distintas personas homosexuales a lo largo del S.XX), Maggie Civantos, Chico García, Ignacio Mateos Vivancos, Sergio Ocón y Noemí Ruiz. Con algunos ya había trabajado anteriormente y con otros lo hacía por primera vez, pero todos ellos se dejaron la piel en el proyecto desde el principio, aceptaron unos papeles muy difíciles y me dieron todo lo que les pedí y mucho más. Placer es una historia donde básicamente todo se sostiene en torno al diálogo entre los siete protagonistas por lo que encontrar a los actores perfectos se convirtió en una obsesión para todo el equipo desde el principio. Por suerte los encontramos.

¿Cómo fue el proceso de producción?
Todo salió bien, desde el principio tuvimos muy claro lo que queríamos hacer y el productor, Habacuc Rodríguez, me dio toda la libertad del mundo para rodar el corto que yo quería, con los actores que yo quería y dándonos mucho margen para la improvisación. Tuve la suerte de contar con el equipo con el que llevo trabajando más de cuatro años y todos nos conocemos, sabemos de qué pie cojeamos cada uno y cómo tenemos que sacar adelante el rodaje. Era un guión difícil pero que creo que ha llegado a buen puerto aunque eso yo no soy nadie para decirlo, lo tiene que decir el espectador.

¿Vendrás a Madrid a presentarlo?
Sí, claro, me hace muchísima ilusión. En 2006 en el Festival de Cine Gay Lésbico de Andalucía me dieron mi primer premio, ganamos al mejor cortometraje con "¿A quién te llevarías a una isla desierta?" por lo que me hace mucha, mucha ilusión presentar "Placer" en el Lesgaicinemad. Es su primer paso y ese es el que siempre se recuerda con más cariño, así que allí estaremos todo el equipo.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Sobre máscaras y disfraces ....


Pues de esta guisa iba yo ayer, enfundado en un traje negro y con la careta de GhostFace enfundada aunque a mitad de la noche voló y me la puse sobre la cabeza para poder respirar. La barbilla de la careta quedaba así justo encima de mi cabeza como si fuera un gran falo lo que me hizo replantearme si realmente iba disfrazado de psycho-killer o de despedida de soltera.

Con la careta simplemente quise homenajear a una de mis películas favoritas, la muy inteligente y muy cinéfila Scream. Y de paso pido desde aquí a Wes Craven, Neve Campbell y Courtney Cox que no hagan la cuarta parte (David Arquette me da igual porque por mí lo podían haber matado, descuartizado y quemado sus restos justo después del magnífico prólogo de la primera parte) porque si algo está bien como está y si ya se ha hecho una de las mejores trilogías de terror de la historia del género ... ¿para qué cagarla con más partes?

El caso es que es muy raro que yo me disfraze con máscaras porque me da el agobio y la claustrofobia. Pero las máscaras siempre van a tener una gran virtus: esconden y ocultan.

En unas horas vuelvo a Madrid con un montón de cambios y con la sensación de que todo va mal eliminada por completo. Una llamada de teléfono el viernes por la tarde ha cambiado mucho las cosas y me enfrento a una semana que es como el principio del resto de mi vida ... y encima coincide con la presentación de Placer mañana y el jueves en la capital. Las cosas empiezan a marchar y los planetas empiezan a alinearse, lo sé ... pero mientras tanto las máscaras siguen haciendo falta.