PELICULEROS

jueves, 3 de diciembre de 2009

Flashback hacia 1995 ....


El año 95 fue un gran año para el cine y para mí. Se estrenaron películas que hoy son ya clásicos contemporáneos, se cometieron burrerías cinéfilas antológicas (¿alguien recuerda las siete nominaciones al Oscar para Babe, el cerdito valiente incluyendo mejor película y mejor actor secundario?) y yo empecé a interesarme por el séptimo arte más allá de ir a ver películas infantiles o de efectos especiales. En enero del 95, con 12 añitos y a siete meses de cumplir los 13, le pedí dinero a mi madre para comprarme mi primera Fotogramas, con aquella lejana portada donde salían Kenneth Branagh y Helena Bonham-Carter promocionando la muy infravalorada Frankenstein. Un poco más tarde empecé a pedirle a mi madre que me llevara al cine del Puerto de Santa María a ver películas que la pobre no se esperaba que estuvieran entre los gustos de un crío: Los puentes de Madison, Un paseo por las nubes, El primer caballero y similares. Y si no podía llevarme en coche hasta allí, entonces siempre me las apañaba para escaparme hasta casa de mis tíos en el pueblo de al lado, Villamartín, que tenía un único cine-teatro donde ponían las películas un par de meses después de que se estrenaran. Definitivamente, el 95 fue el año donde dije por primera vez esa estupidez insensata de "yo de mayor quiero hacer películas".

Bravehearth fue una de las historias que me tuve que ir a ver al cine-teatro de Villamartín. Lo recuerdo perfectamente, la película se había estrenado en octubre pero al pueblo no llegó hasta diciembre, concretamente la pude ver porque estábamos pasando la Nochebuena toda la familia en casa de mis tíos. Mi madre ya me miró raro por eso de escaparme al cine en un día así, aunque fuera a la sesión de las cinco de la tarde. Pero el caso es que yo no podía desaprovechar una de las pocas ocasiones en que podía ir al cine así que ni dudé en utilizar mi paga para sentar mi culo pre-adolescente durante tres horas en un vieja sala (por cierto, sobra decir que hace años que ya no existe) y asistir embobado a la historia de William Wallace, ver por primera vez unas caras azules que ahora ya son carne de parodia y llorar como un enano (bueno, realmente lo era) cuando la música de James Horner sube y Wallace grita una palabra que se convertiría en parte de la historia del cine: ¡¡Libertad!!


Es impresionante la de recuerdos que se pueden tener asociados a una película. Y más impresionante aún es volver a revivirlos como si estuvieras en un flashback de Perdidos. El pasado martes tuve la suerte de asistir, gracias al señor Pérez Toledo, a una proyección especial de Bravehearth en los cines Proyección para celebrar el 15 aniversario de la película y su lanzamiento en BluRay. Y durante tres horas fue como volver a aquel lejano 1995, como volver a tener 13 años y sentir que el mundo estaba lleno de posibilidades increíbles y que todo estaba a mi alcance en esa pantalla blanca donde se proyectaban historias que cada vez eran menos afición y más pasión obesiva. La proyección de tres horas, que se me hizo extrañamente corta y breve, se convirtió en un inmenso flashback de un montón de recuerdos.


Vista ahora, Bravehearth es una película que envejece regular, sobretodo por su primera hora de metraje donde hay varios momentos que son un poco de juzgado de guardia. Pero todo se le perdona por esa hora y media final que es un absoluto orgasmo cinematográfico, con la BSO de James Horner manipulando a todo volumen (que gusto ser manipulado así) y la épica de las imágenes que hace que involuntariamente acabes diciendo eso de "ya no se hacen películas así".

Que bueno ha sido vivir este flashback hacia 1995, que bueno ...

No podía dejaros con otra cosa que no fuera esto:



2 comentarios:

vuelo de hada... dijo...

Y como olvidar ese grito de libertad!!! una peli que también me trae ciertos recuerdos.
No pasaba por aquí hace rato te dejo un saludito.

Alfins dijo...

De un burro cinéfilo a un Braveheartófilo:
¡Cómo olvidar aquel 1995! Sí, yo era uno de los que aposté mi paga semanal a que "Babe" arrasaría. Lo que no acababa de entender era cómo habían podido dejar fuera de las nominaciones a mejor actor a semejante despliegue interpretativo!!!. Sí vale, era un cerdo, pero cuántos de "ellos" no han terminado llevándose la estatuilla al baño de su casa con interpretaciones infinitamente peores. Sí Jota, este flashback hacia 1995 me ha retrotraído a uno de los recuerdos más amargos de mi historia cinéfila. Fue entonces cuando perdí mi inocencia cinéfila, cuando comprobé que los premios no íban en serio, que todo era puro teatro cuando a mí lo que más me gustaba era el CINE. Que hasta entonces era como si hubiera estado viviendo una ficción como las que se me "regalaban" en la sala oscura. Y resulta que NO, que en la realidad un cerdito, por más empeño que le ponga a querer ser un cerdo pastor, por más épica que le eche, y por más concursos que consiga ganar en una pantalla, su futuro, fuera de ella, está predestinado de antemano, es carne de jamón, o lo parten a platazos en Casa Cándido si tienes menos suerte...
Yo también asistí al grito de LIBERTAD de William Wallace (pero mis lágrimas ese año me las había robado un cerdo ;-) y mientras estaba en la sala, no podía dejar de pensar: este tío en cuanto pueda, entre Arma Letal y Arma Letal, rodará La Pasión de Cristo... y lo hará en latín y en arameo para mas INRI.

P.d. Los caminos del placer son inescrutables. Quién me íba a mí a decir entonces que mientras un chaval de casi trece años en Cádiz, descubría su pasión por el CINE viendo la historia de un tipo que quería liberar a Escocia del yugo inglés, me terminaría emocionando casi 15 años después con un cortometraje titulado PLACER ;-)