PELICULEROS

martes, 10 de noviembre de 2009

Sobre segundas oportunidades ....


En la vida real no soy muy defensor de las segundas oportunidades porque creo que al final terminan siendo sólo un remake de los malos de la situación original. Sin embargo, si hablamos de cine y películas creo que las segundas oportunidades son, casi siempre, imprescindibles para descubrir historias que en su momento se te atragantaron, o que viste en el día menos indicado o que, simplemente, no supiste ver con los ojos adecuados. En mi caso las segundas oportunidades cinematográficas me han ayudado a darme cuenta de lo contradictorio y lo absurdo que soy ya que muchas películas han pasado de ser odiadas a amadas en cuestión de sólo dos visionados.

Me pasó, por ejemplo, con Brokeback Mountain, Shortbus, Gremlins 2, Antes que anochezca, La pianista, Rompiendo las olas y un largo etcétera de pelis que pasaron de provocarme urticaria a convertirse en referentes. Pero sobretodo me ha pasado con dos de las últimas películas de nuestro manchego más universal, nuestro querido Pedro: Hable con ella y Los abrazos rotos.


Y es que este post viene al caso porque ayer nos pusimos en el piso Hable con ella, así como para que estuviera de fondo mientras nosotros hablábamos y arreglábamos el mundo con un Cola Cao (porque arreglarlo a las seis de la tarde con un vino es demasiado alcohólico hasta para mí queridos lectores, reservo eso para cuando llegue a la crisis de los treinta), y el caso es que me di cuenta de lo mucho que había cambiado mi relación con esta historia de amores imposibles y comas profundos. Vi la película de Almodóvar en su estreno, en un multicines de Granada un domingo que hacía un frío de cojones. Ali y yo salimos un poco chof del cine, no sólo porque el listón estaba muy alto después de Todo sobre mi madre sino porque durante la proyección no pudimos quitarnos la desagradable sensación de que el "héroe" de la historia era un violador. Además el tono se me antojaba demasiado frío, demasiado gélido y ... demasiado extraño. En otras palabras: salí echando pestes de la sala.

El asunto es que repesqué la peli unos meses después en el videoclub y al ponerla en aquel lejano vídeo que tan buenos momentos dio en mi piso de estudiantes, fue como verla por primera vez. Todo lo que me había dejado confuso (que gran palabra, siempre me ha encantado porque es como un sinónimo bonito de agilipollado) en el estreno, ahora me parecía original. Todo lo que me había dejado frío, me dejó en el segundo visionado con una sensación muy intensa de melancolía, de profunda poesía y de absoluta tristeza. Además desde el minuto 1 hasta el final de los créditos, no pude evitar la sensación de que quien había escrito y dirigido eso era un puto genio. Cosa rara esto del cine, oiga.


Y lo mismo me ha pasado este año con Los abrazos rotos. En este blog ya comenté las ganas locas que tenía de ver la película y la posterior decepción cuando la devoré en el pase de prensa en Madrid. Sin saber muy bien porqué pasé por taquilla unas semanas después para darle una segunda oportunidad y la cosa mejoró un poco pero no mucho. Pero gracias al fantástico mundo del videoclub (porque recuerdo que descargarse pelis está muy mal, aunque la Caudilla Sinde sea una clara invitación para hacerlo) he podido darle una tercera, una cuarta y hasta una quinta oportunidad .... y ahora me parece un filme hipnótico, lleno de una tristeza devastadora y rodeado de un amor al séptimo arte que me hace recordar una gran frase que me dijo hace poco Laura (actriz de prácticamente todos mis cortos y gran amiga): "los directores no podréis enamoraros nunca de alguien, no de una manera real, no al 100%. Vosotros estáis enamorados sólo de esa manera de una cosa y es el cine ..."



De hecho, la última vez que vi Los abrazos rotos me sorprendí a mí mismo con el corazón en un puño en determinadas secuencias y completamente embobado por el arrollador magnetismo de Penélope Cruz y de un director que es capaz de hacerme cambiar de opinión y callarme la boca. Para eso sólo hace falta eso tan poco realista, pero que en el cine funciona tan bien, que es una segunda oportunidad.

Os dejo con una secuencia de Los abrazos rotos:





3 comentarios:

vuelo de hada... dijo...

Interesante deducción Jota y tienes razón hay que dar no una sino 2 y varias oportunidades a veces cuando de cine se trata, porque quizás vemos ciertos films que son buenos y si los volvemos a ver nos damos cuenta que no lo eran tanto y vice, entonces es como jugando con el momento en que decidimos verlos para hacer una deducción del mismo.
Me he dado también cuenta de eso, pasa como cuando estamos pasando por una mala situación sentimental, vemos una peli que nos cala hasta los huesos pero porque nos encontramos en ese momento predispuestos a eso y luego nos damos cuenta que fuimos bastante estúpidos en mezclar lo que sentíamos en el momento y resulto siendo un verdadero tostón lo que vimos en fin, pongo este ejemplo porque las pelis o son buenas o no lo son y algunas rescatables y asi mismo hay que sentir al verla.
Un abrazo ya tendré tiempo de adelantarme en tus recomendaciones.

Angus dijo...

Me parece inevitable verse influenciado en un primer visionado por cuestiones circunstanciales como tu estado de ánimo, tu trayectoria personal o tus preocupaciones del momento. Y eso hace que en ocasiones tu valoración de una película no deba ser rotunda, aún menos en trabajos complejos o en directores como Almodóvar que deslumbran con imágenes y música hasta hacerte perder la medida real de la trama. Y a menudo muchos vemos cosas distintas viendo la misma película. Por eso creo tan poco en las críticas...y en los críticos.

caotico_jq dijo...

Yo en su día ya dije en mi blog que "Los abrazos rotos" tenía bastantes cosas que me gustaban mucho (no es de mis favoritas de Almodóvar, pero me gustó bastante... y en el momento del estreno, decir esto era casi una nota de suicidio, vamos). Pero con "Hable con ella" sí que me pasó como a ti: me dejó super frío y, un tiempo después, aluciné al volverla a ver. Está claro que Almodóvar es un genio, o al menos tiene mucho de genialidad... y eso sólo se puede explicar con estos cambios de opinión de un polo al otro que provoca.

Otra peli que me han hecho pasar de la frialdad a la admiración es "20 centímetros" (te lo juro).