PELICULEROS

martes, 17 de noviembre de 2009

Sobre guiones rosa que salen negros, negrísimos ...


El personaje que aparece conmigo en la foto no es ninguna novedad en este blog. Es una de las personas más importantes de mi vida, el señor Paco Anaya que no es sólo uno de mis mejores amigos sino la persona con la que suelo escribir los guiones de mis cortos e incluso de lo que se supone algún día serán mis películas. De hecho, la foto está hecha durante la fiesta de presentación de Placer, cortometraje dirigido por mí y escrito por los dos, hace unos meses.

Los dos somos polos opuestos pero creo que por eso mismo funcionamos tan bien (no en calidad, que eso no somos nosotros nadie para juzgarlo, sino en lo bien que nos lo pasamos escribiendo juntos) Paco tiene una tendencia natural a la comedia mientras que yo soy una cabra que tira al monte del drama más desatado y la tragedia más absoluta. Paco suele tratar bien a los personajes y darles un happy end, a mí me gusta torturarlos y putearlos como suele pasar en la vida real. Paco sólo puede escribir cuando está de buen humor y feliz, a mí me salen mejor las cosas cuando estoy triste y deprimido.

Esto viene al caso porque ambos estamos ahora enfrascados en un nuevo guión, una historia generacional para la que he robado el título de un antiguo trabajo mío en vídeo, Las últimas palabras de Kurt Cobain, para dar forma a 24 horas en la vida de cinco personajes en un lejano día de abril de 1994. La idea es volver a los rodajes divertidos, esos de con poca gente, todos amigos, y sin la preproducción aburrida aburridísima de lo que se supone que tiene que ser un curro profesional. Básicamente se trata de volver a los orígenes y rodar porque sí, para pasárnoslo bien.

Yo tengo que escribir lo que se supone es la historia de amor típica del corto mientras que Paco se encarga, como es su especialidad, de un romance menos convencional y más marciano. Pero el problema es que me pasa un poco como al personaje de Leo (Marisa Paredes) en La flor de mi secreto.


Si recordáis una de las películas más infravaloradas de Almodóvar, Leo es una escritoria de novelas rosa que escribe bajo el seudónimo de Amanda Gris. Pero su último trabajo no le sale, lo que se supone que tenía que ser una historia de amor rosa y cursi se convierte en una historia de mujeres que matan a sus maridos y los esconden en neveras (no es ninguna sorpresa que Almodóvar utilizaría años más tarde este argumento para dar forma a Volver) Esto es porque Leo vive en un caos de vida donde nada está como debería estar.

A mí últimamente me pasa un poco como a Leo, que tengo que escribir algo rosa y lo que sale es algo negro, negrísimo ...

2 comentarios:

vuelo de hada... dijo...

Pues ya somos dos estoy como Leo todo me sale negro en fin vendrán tiempos mejores.
Un abrazo

caotico_jq dijo...

Pues no sé, igual deberías aprovechar ese impulso y escribir eso negro negrísimo que te sale, ¿no?