PELICULEROS

sábado, 10 de octubre de 2009

Amenábar y el cine de aventuras sin aventuras ....


Hace muchos, muchos años en un pueblo muy lejano de Cádiz ... bueno, fuera coñas. Hace unos cuantos añitos ya, allá por 1996, vi con 14 años una entrevista que le hacían en Lo + Plus a unos jóvenes directores de cine, un chico y una chica. Ella presentaba su segunda película, una producción independiente rodada en inglés y en EEUU y que llevaba el curioso título de Cosas que nunca te dije. Él era un chavalito que ni siquiera había terminado la Universidad y que ya había dirigido su primera película, un thriller llamado Tesis sobre la violencia audiovisual y un nuevo fenómeno criminal llamado "snuff movies". Me picó mucho la curiosidad por ver esta última película y no paré hasta conseguirlo, inmediatamente quedé enganchado a la sencillez y a la vez madurez de la dirección, a la historia llena de matices y recovecos y a la originalidad y atrevimiento de intentar hacer cine de género de calidad en un país donde todavía vivíamos de comedias madrileñas y dramas sobre la Guerra Civil. Un par de meses después de ver Tesis ésta hacía historia en nuestro cine al vencer por goleada a Pilar Miró en los Goya y lanzar a la estratosfera a un chaval al que todos le ponían la etiqueta de genio. ¿Tenían razón? En aquel momento creo que sí y es que alguien de 24 años fuera capaz de escribir y dirigir secuencias como ésta tiene mucho mérito:


Pues bien, trece años, tropecientos mil Goyas y un Oscar después de aquello, anoche vi en una sala abarrotada la última película de Alejandro Amenábar, Ágora, que ya se ha publicitado hasta la saciedad como la película más cara de la historia del cine español. Y desde luego que cada euro luce en pantalla aunque uno se pregunta si una buena dirección consiste en apabullar al espectador para que vea lo espectacular que es todo ... porque yo no sé vosotros pero un servidor a los 20 minutos de película ya estaba hasta el santísimo moño de planos áreos, cenitales asombrosos, paneos espectaculares y travelling impresionantes. Es como si Amenábar quisiera demostrar en cada fotograma lo maravilloso director que es, lo mucho que maneja el concepto de "guión técnico" y lo bien que se ha gastado los 50 millones.


Desde luego que hay que reconocerle a Amenábar que Ágora es una película valiente y muy necesaria en estos tiempos de locura religiosa. Pero ¿qué le ha pasado a un director que siempre ha presumido de hacer sus películas pensando en el espectador? Toda la filmografía de Amenábar la he visto en el cine, incluso el estreno de Mar Adentro me pilló trabajando en un multicines por lo que sé de primera mano los comentarios positivos de todos los espectadores (aunque a mí personalmente simplemente me pareció una TV movie muy bien rodada) y el boca-oreja que hizo que la sala más grande del cine se llenara durante un mes entero. Amenábar siempre ha dirigido pensando en el público, en el espectador pero ... ¿entonces por qué ha dirigido Ágora? En la sala donde vi la película varias personas se marcharon a mitad de la proyección, el hombre que se sentó a mi lado se quedó dormido y no se despertó hasta los créditos, la gente miraba constantemente el reloj y cuando terminó la película la fila de atrás rompió en carcajadas cuando un espontáneo gritó: "ya se ha terminado la tortura" .... Pocas veces había visto una desconexión tan impresionante entre la platea y lo que pasaba en pantalla.


Todo en Ágora está pensando para apabullar, sorprender, dejar al público con la boca abierta ... pero la espectacularidad resulta vacía y el conjunto acaba siendo, como comentaba hace poco un colega, el de una película de aventuras sin aventuras. Todo resulta demasiado trascendente, cada línea de diálogo se toma demasiado en serio a sí misma y quiere ser como superimportante a la vez que la música subraya todos los momentos como si del clímax se tratara. Amenábar quiere ser un profesor para el espectador y aleccionarlo y lo que consigue es el efecto del típico profe de instituto que hacía que nos durmiéramos o que escondiéramos una revista entre las páginas del libro para desconectar de lo que decía.


Y lo que más me choca son las impresionantes críticas que Ágora está teniendo en nuestro país donde todos alaban el salto de gigante y el atrevimiento de Amenábar. Creo que dorarle la píldora de esa manera no ayuda nada, hay que ser un poco objetivo y no ir predispuestos a derretirse en piropos sólo porque el director de la película se llame Alejandro Amenábar porque seguramente todo esto acabe en que él sea muy consciente de que no tiene que hacer gran cosa para seguir siendo uno de los cinestas más importantes del país. Ojalá su próximo proyecto sea un filme independiente y que recupere la sencillez de sus primeras (y para mí sus más indiscutibles obras maestras) películas.

Os dejo con la parodia que hicieron en La Hora Chanante del director:





2 comentarios:

Festival de cine corto en vídeo de Salamanca dijo...

El problema de hacer películas para el público, tal y como tiene por ley Amenábar (lo cual critico, ya que se acabará conviertiendo en un Spielberg...) es que, a veces, el público se convierte en las obejas que entran en las bibliotecas... No creo que la película esté teniendo muy buenas críticas (nada que ver con lo escrito por los críticos en sus anteriores películas), y creo que no gustará a los espectadores porque le falta algo de pasión (lo mismo que le falta a lo último de Almodóvar), pero precisamente por eso, por faltarle ese toque de control fácil sobre el espectador, me hace pensar que detrás de esta gran película hay un gran fondo, difícil de digerir, complicado de ver entre palomitas... anoche, también, la ví, y salí teniendo muy claro que había visto una de las mejores y más filosóficas películas de romanos, sobre la religión y sobre la fé y la sabiduría. Y eso al gran público se le atraganta. Por tanto, no me parece importante el envoltorio de imágenes ni las grandes batallas en este film (que son sobervias para un chico primerizo en el tema), me quedo con la esencia, con el mensaje. Esta es una película de trasfondo independiente, de autor, pero adornada con lo que el público pide. ¿Que es un tostón? pues el que lo piense debería reflexionar su visión sobre el cine moderno. A mí me ha gustado bastante, aunque no creo que sea una película redonda. Ágora no es una película de romanos y aventuras, es una película con romanos y aventuras filosóficas. Y lo de los planos cenitales y de la Tierra vista de lejos, no es más que un subrayado a lo que el mundo deja ver, deja oír en el universo, donde no se escuchan las atrocidades de la humanidad.
Un abrazo Jota, suerte con Placer, me gustó mucho.

JOSE MADRID GONZÁLEZ dijo...

A veces no estoy de acuerdo contigo en muchas de las pelis que te gustan, pero en este caso suscribo cada palabra.

Vaya un guión enmarañado, unos personajes vacíos y sin alma, un simplismo religioso y unos subrayados innecesarios con la música...

Yo sentí que estaba viendo uno de esos peplum malos en los que muchas escenas y diálogos son reiterativos: "Los cristianos son malos y se cargaron la sabiduría científica". Lo realmente imperdonable es no haber escrito mejor el personaje de Hipatia para darle algo de vida en lugar de plasmarla como a una santa y de una forma tan unidimensional.

En fin, un gran bache en la carrera de Amenábar.