PELICULEROS

sábado, 26 de septiembre de 2009

Sobre semanas de adaptación ...


Ahora entiendo porque todos los que se van de una ciudad costera a la capital, lo primero que hacen al volver de visita a esa ciudad es ir corriendo a la playa. Es como la llamada de la selva, no importa que llueve o truene sino que lo importante es tomarse el café, la cervecita o el vinito delante del mar como si llevaras sin verlo años. No me quiero ni imaginar lo mucho que voy a echarlo de menos cuando llegue el calor ...

La adaptación a Madrid está yendo mejor de lo que me imaginaba, sobretodo después de unos primeros días donde a punto estuve de hacer de nuevo las maletas y huir cual cobarde. Durante la primera semana descubrí que sufría de un "catetismo" mucho más acentuado y grave de lo que yo pensaba, varias veces me sorprendi a mí mismo en mitad de las escaleras del metro con el mapita de los coujons desplegado ante mí como si se tratara del mapa del tesoro. Y no pocas veces he descubierto lo que es perderse y encontrar el bus correcto cuando hacía ya una hora que habías quedado. Y por supuesto también he comprobado lo que es quedarse parado en la parte izquierda de las escaleras mecánicas del metro sin saber (al parecer era yo la única persona que lo desconocía) que por ahí es por donde tienen que subir corriendo los estresados que tienen prisa. Y faltaría más, me he dado cuenta que eso de llamar y decir "ei, estoy por el centro ¿nos tomamos un café?" debe ser previsto y apuntado en la agenda con varios días de antelación.

Para colmo mis primeros días en la capital fueron lluviosos y fríos lo que tampoco ayudaba mucho a mi ánimo. Pero todo tiene su cara A y en mi caso ha sido reencontrarme con viejos colegas de la facultad que se habían ido hace tiempo a Madrid, comer pizzas a las 7 de la mañana mientras comentas como ha ido la noche, volver a tener a tu lado a gente que era indispensable para ti y con los que tenías que hablar a base de tarifa plana ... y por supuesto descubrir lo que es poner el contador de tu vida a 0 y saber que tienes una pista infinita por delante para correr todo lo que te de la gana...

Madrid mola pero prefiero poner fotos de esa playa que tanto echo de menos y con la que me he reencontrado en esta visita relámpago de fin de semana (antes de que se desatara el diluvio universal sobre Málaga, claro):



Curiosamente la semana pasada estaba en casa de Lydia marujeando y comentábamos lo mucho que se parecía la etapa de nuestra vida por la que estamos pasando ahora mismo con esas pelis cutres que tanto nos gustan y que siguen la fórmula infalible de: chico/a de provincias llega a la gran ciudad con un sueño (aunque creo que el uso de esta palabra ya ha sido completamente gastado por el millón de veces que Lola la usa en Fama o el reality eterno), descubre que la vida allí es muy complicada, entonces decide tirar la toalla pero justo en ese momento conoce a un grupo de amigos (o a una moza o mozo de buen ver) que le ayudan a triunfar después de superar muchos, variados y pintorescos obstáculos. Sabéis a lo que me refiero ¿no? Esas pelis de cerebro en modo off que son perfectas para la ecuación "tarde de domingo + sofá + mantita" Y en esa misma conversación decidimos que la reina de ese tipo de pelis es, sin lugar a dudas, esta:


Una de las cosas que más he disfrutado de Madrid ha sido la Academia de Cine donde, invitado por Pablo, pude estar el día en que se anunciaron las tres películas preseleccionadas a los Oscar. Y el martes pasado Lydia, Cristina y yo aguantamos una cola kilométrica para poder entrar en la sala de cine de la Academia y ver El baile de la victoria de Fernando Trueba que llegará a los cines el 4 de diciembre y que tiene todas las papeletas para ser la elegida finalmente por los académicos para competir en la carrera por los Oscar. Con esta película me pasó un poco como con Gordos, que ya me habían hablado fatal de ella y eso sólo hizo que me picara más la curiosidad por verla ... y no es por seguir llevándole la contra al mundo pero a mí me dejó emocionadísimo y con un muy buen sabor de boca.



Pero siendo sincero he de reconocer que cualquier película que hable sobre perdedores ya me tiene ganado. Y en El baile de la victoria hay unos cuantos ... y muy bien interpretados, sobretodo por la pareja joven formada por Abel Ayala y Miranda Bodenhofer que clavan sus papeles de buscavidas encantador y de bailarina muda. De Ricardo Darín no hablo porque en este hombre la novedad será el día en que haga algo mal. El caso es que Trueba dirige una película que habla de demasiadas cosas (quizás ese sea su fallo, que quiere abarcar demasiado y deja muchas cosas en el aire) pero que sale vencedora por la ternura de sus personajes, la madurez y maestría de Trueba detrás de la cámara (impresionante y poético el momento en que los dos jóvenes se conocen y ella le demuestra sin palabras lo que mejor hace en la vida ... que es bailar) y por ese sabor agridulce que tan bien ha sabido imitar el director de su adorado Billy Wilder.


Para todo lo demás aún me queda mucho que escribir sobre este viaje iniciático que estoy emprendiendo ....

1 comentario:

JuanjoRengel dijo...

Mi pelicula favorita !!!! jajajaja Jamás me canso de EL BAR COYOTE...
Y me encanta saber que todo va genial por Madrid a pesar de los detalles que todos tenemos que aprender cuando subimos ! :)