PELICULEROS

miércoles, 25 de marzo de 2009

Sobre la gran Pepa Flores....

Ayer unos gritos desgarradores que no parecían humanos resonaron en toda la provincia de Málaga. Al principio creí que provenían de Madrid y que era Pedro Almodóvar tras comprobar las pésimas reacciones que Los abrazos rotos está generando. Luego comprobé que no, que era Pepa Flores reclamando el corazón crudo y servido en bandeja de los responsables de su biopic televisivo. Y es que el telefilme Marisol, sin llegar a ser malo, demuestra que los españoles somos pésimos para dirigir biopics en condiciones. Y que nadie me salte ahora poniéndome el ejemplo de Mar Adentro porque sólo hay que compararla con excepcionales ejemplos americanos o europeos como En la cuerda floja, El escándalo de Larry Flint, La vida en rosa, Il Divo y un largo etcétera para ver que estamos a años luz a la hora de plasmar en celuloide las miserias y éxitos de personalidades reales.


Últimamente se ha puesto de moda en nuestro país el término telefilme y las productoras han encontrado un filón en historias reales, acontecimientos morbosos y figuras conocidas para lanzar sus luces y sombras a nuestras pequeñas pantallas (y digo pequeñas porque mi tele aún es de esas que parecen la cabeza de Alien y no una modernez de plasma por la que sería capaz de matar, prostituirme o besar en la boca a Ana Rosa Quintana mientras le toca una teta a María Teresa Campos) La fórmula es fácil: ir directos al grano, darle prioridad a los asuntos morbosos, hacer del escándalo una línea argumental y tener a un grupo de guionistas dispuestos a escribir una historia sobre el último acontecimiento que haya revolucionado nuestro país...de hecho me pregunto cuanto tardará en llegar a la televisión el caso de Marta del Castillo.

Marisol pertenece, al menos, al reducido grupo de telefilmes que no dan verguenza ajena como sí la dieron, y mucha, 23-F: Historia de una traición (no la de TVE 1 sino la de Antena 3) o la de los últimos días de Franco. Eso no quita de que se haya apostado por la fórmula más sencilla a la hora de abordar un biopic y que consiste en:

-contratar a una niña repelente para interpretar a la estrella de pequeña. Aunque no sé si es que Ana Mena, la Marisol niña, es demasiado buena actriz y borda el papel de niña horrible y marisabidilla. El caso es que durante buena parte del metraje correspondiente a la infancia de Marisol me dieron ganas de arrancarme los genitales y comérmelos crudos para no tener niños en mi vida.

-dejar muy claro lo desgraciada que era la estrella en cuestión. En tan sólo cuarenta minutos fuímos testigos de explotación infantil, úlceras de estómago en niñas, abusos, pechos vendados y se repite como una media de cinco veces por segundo el hecho de que Marisol era la gallina de los huevos de oro y que si crecía se acababa el negocio.

-echar mano de extraordinarios parecidos físicos entre las actrices y la persona real. Increíble lo idéntica que es Elsa Pinilla con la Marisol adolescente. Eso sí, fue todo un shock cuando descubrí que Elsa era una de las spice girls adolescentes que traumatizaron a toda una generación con aquello de "Yo soy de carne y hueso, no un muñeco..." Sí amigos, me refiero a las Tess.

-cualquier elemento escandaloso, morboso o sádico de la vida del personaje es digno de considerarse una secuencia dramática.


Aún así tengo que reconocer que Marisol me entretuvo, disfruté de algunos, pocos pero algunos, de buen cine como el momentazo en que el típico director cabrón hace llorar a la Marisol niña sin dudar en utilizar el juego sucio y recordándole lo desgraciada (por si a esas alturas el espectador no se había dado cuenta) que era. Y sobre todo, el telefilme me reafirmó en mi profundo amor hacia la gran Teresa Hurtado de Ory, esa diosa de la que vivo in love desde que la vi con sus braguitas con barco en aquella maravilla llamada Astronautas.

Y sí, sigo admirando, más si cabe, la figura de Pepa Flores, una mujer adelantada a su tiempo y que nos debería regalar un día de estos una vuelta al cine por todo lo alto porque ese día el séptimo arte le deberá un favor de los grandes.

Obviamente hoy no me podía despedir sin esto:

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, sobre tu opinión sobre la miniserie, poco que decir. Yo le encontré bastantes flecos, aunque la idea que quería transmitir, está muy clara. Muchas gracias por el bonito vídeo de despedida. Una anécdota, por cierto, porque no sé si te habrás dado cuenta de que el coro se equivoca con la letra y a Marisol se le nota que tiene que salir del bache, jejeje

Shura dijo...

No la ví, pero es que tengo poca fe en las producciones españolas para TV, ya sabes, estoy esperando a un mesías audiovisual. A ver si encajas en el perfil.

A mí me fascina que siendo la niña prodigio del franquismo acabase siendo muy cercana al Partido Comunista Cubano.

caotico_jq dijo...

Pues mira, yo no vi el telefilm, pero entre unos y otros me estáis reafirmando y, al mismo tiempo, haciéndome los dientes largos. Veré si lo consigo, pese a que efectivamente somos incapaces de hacer un buen biopic (y eso que yo soy poco fan de los biopics, me parecen que en sí son un subgénero conmmuchos problemas de salida).

Qué chula la canción, no me cansa.