PELICULEROS

domingo, 22 de febrero de 2009

Sobre favoritas a eso tan superficial que llamamos Oscar...

Entre una cosa y otra, no he podido ver las dos grandes favoritas para el Oscar (ese premio al que todos criticamos pero sin cuya superficialidad y glamour no podríamos vivir) hasta este fin de semana, apurando hasta el día antes de la entrega de los premios. Parece ser que la cosa está entre premiar a la gran favorita y gran sorpresa del año, Slumdog Millionaire, o a una película hecha 100% para ganar Oscar y de la que nadie debería extrañar que diera la campaná, El lector. Las demás tienen pocas posibilidades de dar qué hablar esta noche, aunque personalmente creo que la maravillosa El curioso caso de Benjamin Button será la película de las cinco nominadas que más sobreviva en el tiempo y en el recuerdo del espectador.


Hablemos de El lector. Como ya he dicho, mi pequeña mente pueblerina no pudo evitar dejar de pensar durante toda la proyección que todos los responsables de la película la hicieron pensando en los Oscar. Pero esto no me molestó tanto como con Mi nombre es Harvey Milk, quizás porque El lector se molesta al menos en tener la cualidades que yo más admiro en una película: es muy valiente, tanto en lo que cuenta (hay que tener muchos reaños, eufemismo de cojones, para poner de protagonista a una criminal de guerra del Holocausto) como en cómo lo cuenta (las escenas de sexo son valientes, preciosas y no intentan ser remilgadas). Por todo lo demás, la historia engancha aunque sea previsible, consigue emocionar lo justo y todos los actores están soberbios a pesar del maquillaje de risa que les toca llevar. Eso sí, creo que la gran Winslet está infinitamente mejor en Revolutionary Road, película que también me parece mucho más nominable y premiable que casi todas las finalistas.

Y cambiando a asuntos más terrenales, pocas veces he visto a un cine tan impresionado como con el desnudo frontal del joven David Kross. Desde aquí le auguro al actor un futuro impresionante en el mundo del cine porno si su carrera en el cine convencional no funciona...


Y de Slumdog Millionaire poco se puede decir que no se haya dicho ya. Que si es la gran sorpresa del año, que es una película que hará historia, que es emotiva como pocas, que es perfecta, que se merece todos los premios del mundo mundial...Es decir, ir a ver una película con toda esa información es muy peligroso porque las expectativas se ponen por las nubes y uno se puede pegar un hostión de cuidado. Y efectivamente, Slumdog Millionaire no las cumplió al 100% pero sí me encontré con una muy buena película que no deja de ser un cuento contado mil veces antes pero con algo especial que lo hace diferente. No sé el qué, será eso tan estúpido que los cortos de mente llamamos magia pero el caso es que la película de Danny Boyle tiene algo.


Que Slumdog Millionaire no inventa nada nuevo no se le escapa a nadie. Boyle hace una dirección espectacular pero con los dos ojos puestos en aquella maravilla que fue Ciudad de Dios, con la que comparte casi la misma historia (dos niños que crecen en los suburbios, uno se encamina hacia la vida criminal y otro hacia la vida decente), la misma puesta en escena, los mismos movimientos de cámara y un largo etcétera. Pero insisto, a pesar de lo previsible, la película de Danny Boyle emociona muchísimo y tiene una moraleja muy facilona (cualquier persona puede cambiar su vida de la noche a la mañana, aunque sea un pobre huérfano sacado de los suburbios) pero necesaria en estos días de mierda que nos ha tocado vivir. Y uno que está como hipersensible durante todo el día (si fuera una tía podría decir que vivo con una regla constante) pues agradece este tipo de películas de vez en cuando...


¿Qué Slumdog Millionaire es una gran película? Por supuesto ¿Qué debería ganar el Oscar? Lo hará, eso seguro, pero en mi opinión se lo merecen más El curioso caso de Benjamin Button o la gran ninguneada de esta edición, la soberbia Revolutionary Road. Pero bueno, esta noche nos pondremos nuestro mejor pijama de Snoopy para trasnochar y ver esa gran fiesta de superficialidad, silicona y joyas de la que a todos nos gustaría formar parte algún día...

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