PELICULEROS

domingo, 11 de enero de 2009

Sobre películas que piden a gritos un Oscar...


No podría definir mejor Mi nombre es Harvey Milk que como lo ha hecho Jordi Costa para la revista Fotogramas: se trata de una película-con-lujuria-de-Oscar. Durante sus dos horas, la película pide desesperadamente un puñado de Oscar: a la mejor película (que no se lo merece), al mejor director (que sí podría merecérselo), al mejor actor (no me odiéis pero SEan Penn no se lo merece), al mejor guión (que sí puede mercerlo por como combina ficción y documental) y a los mejores actores secundarios (desde luego que se lo merecen James Franco y Josh Brolin pero no un sobreactuadísimo y pasado de vueltas Emile Hirsch que está a años luz de su portentosa interpretación en Hacia rutas salvajes, curiosamente una película dirigida por SEan Penn)

Gus Van Sant tenía entre sus manos un material muy jugoso para hacer una película brillante: la vida y muerte del activista gay Harvey Milk, el primer homosexual declarado en ocupar un cargo político en EEUU. Pero el señor Van Sant parece que ha hecho dos películas: una, que sería la primera hora, aburrida y pedante donde se explotan vergonzosamente todos los tópicos de los gays y de las películas que se creen a sí mismas importantes. Pero, curiosamente, el director le da la vuelta a la tortilla en su segunda hora y es capaz de dejarse de aspiraciones al Oscar para centrarse más en lo que esta historia requería: una lección de vida y de tolerancia, no sólo hacia los homosexuales sino hacia todo aquel que alguna vez en su vida se haya sentido diferente. Desgraciadamente, la balanza está demasiado desiquilibrada y lo que podía haber sido la gran película del 2008 se ha quedado en una película correcta y con buenas intenciones.

Pasemos ahora al tema actores, porque se supone que Mi nombre es Harvey Milk está llena de grandes papeles masculinos. Pues señores, que queréis que os diga, pero uno ya está un poco hasta las pelo... de que cuando un actor tiene que interpretar a un gay lo haga como si fuera Boris Izaguirre. Flaco favor se le hace así a los homosexuales. De entre tanta pluma y voz forzada para que parezca de pito, sólo sobresale un inmenso James Franco que consigue lo que no consiguen todos los demás actores: aportar naturalidad y normalidad a su personaje.

Respecto al tema Sean Penn, pues parece ser que uno no puede decir que el actor simplemente está bien, pero que ni de lejos consigue una interpretación brillante, mucho menos digna de reconocimientos varios. El intérprete descomunal de actuaciones míticas como Pena de muerte, Yo soy Sam o Mystic River, aquí se queda un poco a medias. No defrauda pero tampoco sorprende.
Lo dicho, una película que pide un Oscar a los cuatro vientos y que consigue una última hora de metraje bastante buena, con un clímax final que consiguió sacarme la lagrimita y reflexionar bastante una vez que había salido del cine. Y, por supuesto, nadie niega que Mi nombre es Harvey Milk es una película muy, muy necesaria en estos tiempos retrógrados que vivimos.
Eso sí, como vuelva a ver una película donde el personaje gay protagonista escucha ópera extasiado mientras se imagina que está dirigiendo la orquesta...asesino al director.

2 comentarios:

Shura dijo...

Me han dicho de verla esta semana. Le tengo ganas, pero desde luego que es de esas películas que cada año 'hacen-para-los-Oscar'. Es una pena, porque en ese cajón caben muchas películas teledirigidas y concebidas para ganar premios, cosa que no entiendo, y que no creo que Gus Van Sant o Sean Penn necesiten en realidad.

Ya te contaré mi opinión.

Muy mal lo de hacer de locazas, pero es lo que toca, topicazos. Peor me parece lo de la Ópera. muerte a Tom Hanks.

Daniel dijo...

Tengo muchas ganas de verla, a ver si este finde cae, aunque la verdad también tengo ganas de ver Australia y 7 almas...