PELICULEROS

martes, 4 de marzo de 2008

Esta clase de certezas...

Francesa lo tiene todo o al menos eso parece...en un mundo en el que todos buscamos desesperadamente el amor ella tiene un marido cariñoso, bueno y perfecto que le pide perdón por no haber hecho que todos sus sueños se cumplieran...

Pero ¿quién es malo y quién no cuando te enamoras de otra persona? ¿Es justo que dejes alguien y le destroces la vida sólo porque ya creías que toda tu vida estaba solucionada y de repente aparece el amor de tu vida? ¿Hasta qué punto es lógico y aceptable una renuncia a un amor sincero por no hacer daño? ¿Y qué pasa si el daño te lo haces a ti mismo?

Francesa acaba de dejar a Robert a pesar de vivir con él cuatro días que lo han cambiado todo para siempre...ella hace la maleta para escaparse con él pero, en el último momento, se derrumba y no puede...no puedo hacerle esto, él no ha hecho daño a nadie en su vida, no soportaría las habladurías...Robert simplemente le dice: estas clases de certezas sólo ocurren una vez en la vida...

Unos días después ella sale a comprar con su marido. Está diluviando y ella espera en la camioneta, de repente ve a Robert fuera, mirándola...no se dicen nada. Él vuelve a su coche y arranca, el marido de Francesca hace lo mismo. Los dos vehículos coinciden en un semáforo, Francesa ve como Robert acaricia el crucifijo que ella misma le dio hace sólo unos días, es como una señal...agarra la manivela de la puerta, fuerte, cada vez más dispuesta a abrir y salir corriendo hacia él...

El semáforo se pone verde...

Probablemente, para mí, es la mejor secuencia de amor que se ha rodado nunca...