PELICULEROS

jueves, 27 de noviembre de 2008

La vida es un guión


En la foto de arriba, yo con mi uniforme de guerra (camiseta de naranjito forever) rodeado de parte del equipo de iluminación y de producción de El hombre del saco mientras monitorizábamos una de las secuencias de mi particular homenaje al cine de terror clásico de casas encantadas. Curiosamente, ha sido el único rodaje en el que me levantaba de la cama deseando llegar a la localización porque me moría de ganas de rodar. Lo normal es que los días de rodaje sean una tortura, donde me digo una y otra vez lo ridículo que soy y a Edu le cuesta más trabajo sacarme de la cama que a mi madre en mi primer día de colegio.

Todo esto viene a cuento porque esta mañana he disfrutado de uno de los capítulos del maravilloso libro, de la no menos maravillosa Isabel Coixet, La vida es un guión. En él, la grandiosa Isabel relata la pesadilla que es para un director de cine enfrentrarse a un día de rodaje cuando tu autoestima está a menos 0 y lo único que se te ocurre es que hasta Espinete sodomizado por Don Pimpón dirigiría la película mejor que tú. El capítulo me ha emocionado, divertido y creo que todos los que vemos la vida a través de una cámara podemos sentirnos identificados...Reproduzo el capítulo a continuación, en él mi amiga Isa nos habla de la jornada en que rodó una de las secuencias más importantes de esa obra maestra llamada Mi vida sin mí:

"Vancouver. Seis de la mañana. LLevas despieta desde las tres. Has leído tres cuentos de Richard Ford, has visto dos publirreportajes, has bebido zumo de zanahoria, Coca Cola light y leche con cacao, has escrito tres e-mails que has perdido y has pasado veinte minutos intentando buscarlos. Cuando suena el teléfono con la risueña voz de Alec, la recepcionista jamaicana del hotel, tienes la energía de una marmota a punto de hibernar. Hoy es uno de esos días. Esos dias en que te preguntas qué coño haces a veinte mil kilómetros de Barcelona, haciendo una película sobre una chica-con-una-enfermedad-incurable. Esos días en los que el coraje que te ha llevado a escribir un guión en inglés, convencer a Pedro Almodóvar para que lo produzca en Canadá y arrastrar a un montón de gente contigo, te ha abandonado completamente. Esos días en que recuerdas con nostalgia a tu madre habándote de las ventajas de estudiar odontología.
Ni siquiera pones música en la furgoneta que te lleva al rodaje. El trayecto se te antoja demasiado corto. No, hoy no quieres ir al colegio. El ruido de descarga de camiones, la ceremonia de reparto de los walkies, todo lo que siempre te fascina, todos los rituales de preparación del día que siempre has disfrutado, hoy te producen pavor. No gritas, pero tomas dos expressos sin pestañear. Y encima hace sol. Y en la secuencia de hoy se dice que llueve y hay una ligera bruma. Es la escena en que Ann se despide de Lee para siempre, una de las secuencias más importantes de la película. Nunca, de las ciento de veces que la has imaginado, la has imaginado con sol. Nunca. Bueno, pues jódete, hoy hace sol, un sol como el de Ibiza. Ibiza en Vancouver, es inconcebible.
Abróchense los cinturones, ésta va a ser una jornada con turbulencias. Vienen los actores: "bonito día, ¿eh?" Pero ¿es que nadie lee el guión? ¡¡Hoy tiene que llover!! Ensayamos. Ni siquiera ver a Sara Polley y Mark Ruffallo vivir sus papeles con tanta intensidad te levanta el ánimo. Te ven fingir entusiasmo. Eres muy mala actriz. Se preocupan. Intentas que no cunda el pánico. Otro expresso. Todo sea por la úlcera de estómago. Vamos a rodar. Con sol, lo que sea. Y entonces, como en una película de vampiros de la Hammer, aparecen en unos pocos segundos unas nubes gordas y grises que cubren el sol y los contornos del dique empiezan a difuminarse engullidos por una ligera niebla. Empieza a llover a cántaros. Y la lluvia se lleva tu miedo, tus manías, tu inseguridad, tus gilipolleces, tus expressos, tus publirreportajes y tus e-mails perdidos. Acción"

Fotograma de la secuencia que describe el capítulo

¡¡Qué grande eres Isabel!! Como no me va a caer bien alguien que cuando sube a recoger su Goya, se lo dedica a la persona que pone conguitos en los sillones del auditorio donde se celebra la gala....

1 comentario:

Shura dijo...

Muy bueno el texto, es de cine, pero creo que sirve para cualquier trabajo en el que tienes 'uno de esos días' de 'no querer ir al cole'

¿La Coixet dijo eso de los conguitos?

Que fuerta es