PELICULEROS

lunes, 27 de octubre de 2008

Las películas Cenicienta


Vale, ya sé que llegó un poco tarde al fenómeno Once pero la película pasó como un suspiro por la cartelera malagueña y soy de los pocos que aún se niegan a descargarse una película de internet. Y entre una cosa y otra he tardado más de la cuenta en ver esta pequeña película que me llamaba mucho, muchísimo, la atención. ¿Por qué? Porque tengo debilidad por las películas Cenicienta, como yo las llamo: esas películas pequeñas, hechas con cuatro duros, sin posibilidad aparente de triunfar pero que acaban convirtiéndose en una de las sorpresas del año, todo el mundo habla de ellas y multiplican por mil las cuatro perras que costó hacerla. Y Once es todo eso y más...

Once nos cuenta la historia de amor más vieja del mundo: chico con el corazón destrozado conoce a chica con el corazón destrozado y ambos se enamoran aunque el final puede que no sea tan feliz como en los cuentos de hadas. La poca originalidad que la historia pueda tener reside en que los dos son músicos (ella una pianista inmigrante y él un músico callejero) y utilizarán sus canciones y sus letras como parte del diálogo entre ellos.

¿Por qué Once es una película Cenicienta? Pues por los siguiente:

- No es que esté hecha con cuatro duros. Es que no hay duros, directamente. La fotografía de la película y la textura de la imagen no tienen nada que envidiarle a esa peli porno con la que los canales locales nos "deleitan" los fines de semana de madrugada o a ese primer corto en vídeo que todos hemos hecho cuando la dirección de fotografía consistía en abrir o cerrar la persiana.

-El director, John Carney, es de los míos. Se la tiene jurada al trípode y la cámara en mano abunda en la película, pero casi como si fuera un documental o un padre amantísimo grabando el cumpleaños de su hijo y corrigiendo el plano cada dos por tres.

-Los actores son tan conocidos como los concursantes de la tercera edición de OT. Eso sí, a nivel interpretativo ya podían aprender muchos estrellones de ellos.

-Como a toda buen Cenicienta, a Once le llegó el turno de convertirse en princesa: cumplir récord de permanencia en las carteleras de todo el mundo (menos en Málaga, claro, para hacerme la puñeta a mí), recaudar una millonada en comparación con los 100.000 euros que costó, convertir su BSO en una pieza de culto, conseguir premios a diestro y siniestro e incluso llegar a la ceremonia de los Oscar y alzarse con el premio a la mejor canción original, Falling Slowly.

¡¡Como me gustan los finales felices de las películas Cenicienta!!

Podría hablaros de las maravillas de esta pequeña obra de arte. Pero creo que nada la define mejor que la crítica de Ruthe Stein para San Francisco Chronicle:


"Una película pequeña pero con un gran corazón"

O la de Jordi Costa para El País:

"El perfecto musical indie. Obra de una riqueza nada evidente, cuyo encanto va entrando en el espectador por sedimentación, en delicadas capas de carisma. (...) Una película así no se estrena cada día. Ni cada año. "

No puedo añadir nada más a esto. No suelo ver joyas así todos los días, ni todas las semanas, ni todos los años...Un acorde de guitarra hecho película y directo al corazón. Para siempre...

Este es el tema principal de Once, Falling Slowly, o como crear uno de los momentos más arrebatadoramente bonitos del cine reciente:




Y aquí está el momentazo final del proceso de esta auténtica película Cenicienta. Los dos protagonistas de Once, y compositores de sus canciones, Glen Hansard y Marketá Irglová, recogiendo el Oscar a la mejor canción original:

http://es.youtube.com/watch?v=qx8yLvb0gZM

(Pongo en enlace porque los vídeos del youtube donde aparecen imágenes de los Oscar no pueden ser pegados para su reproducción en un blog. Cosas de nuestro querido amigo copyright)

1 comentario:

Oye-Juan-Kenobeo (El Maestro Jedi) dijo...

Anda que no me hinché de llorar yo con esta película...