PELICULEROS

domingo, 17 de agosto de 2008

Me he enamorado...de un robot


Lo de Pixar no es un logro, es un milagro. De una filmografía de tan sólo nueve títulos nos encontramos con seis obras maestras (Toy Story 1 & 2, Monstruos S.A., Buscando a Nemo, Los Increíbles y Ratatouille), una muy buena película (Bichos), un solo tropiezo (la insoportablemente aburrida Cars) y una OBRA DE ARTE como la recién estrenada (bueno, lleva desde el 6 de agosto en cartelera pero hasta esta noche no he podido ir a ese atraco a mano armada que son los multicines) Wall-E.



Cuando uno va al cine lo que menos espera es encontrarse con una historia única que pasará a estudiarse en todas las escuelas de cine y a formar parte inseparable de la mitología cinematográfica. Tal y como está la cartelera si una película te entretiene ya se puede considerar un hecho histórico así que pedir lo anterior es como pedir que Telecinco deje de emitir Gran Hermano. Pero con Pixar es diferente, es como el empollón de la clase al que la profesora siempre le exige más y más y no le deje bajar la guardia en ningún momento. Uno no pasa por taquilla para ver la última genialidad vía ordenador del estudio de John Lasseter esperando simplemente ser entretenido con una "peliculita de dibujos animados". No, eso es como ir al Louvre a echarle un vistazo rápido y sin interés a las pinturitas que hay por allí. Pixar tiene la increíble capacidad de dejar el listón por las nubes, hacer creer que ha tocado techo en la genialidad artística y al año siguiente volver a dejarnos con la boca abierta con un guión prodigioso y unas películas a las que catalogar sólo como cine de animación es como insultar y escupir a la cara al mismísimo cinematógrafo de los Lumiére.




¿Por qué digo esto? Porque Wall-E es la película más cinematográfica que se ha estrenado en años. Pocas veces se encuentra uno con una historia que carece de diálogos en el 90% de su metraje, que se apoya exclusivamente en el poder de sus imágenes y lo que ellas cuentan sin necesidad de la palabra...Puro cine mudo, puro cine a secas. Los primeros 45 minutos de Wall-E son un prodigio de la narración, el guión y la belleza cinematográficos. Un extraordinario poema visual que hace que te encariñes con un robot hasta el límite de arrancarte la lagrimita. No contentos con eso, los chicos de Pixar consiguen lo imposible: crear una épica, entrañable y romántica historia de amor entre dos robots que sólo intercambian entre ellos dos palabras que son sus propios nombres, Wall-E y Eva. Dos simples palabras que demuestran que cualquier parrafada sobra si el director tiene el suficiente talento para dejar que las imágenes hablen por si solas...y creedme que no hace falta más para llegar a los títulos de crédito con el estómago encogido y el pelo de todo el cuerpo de punta por culpa de la emoción y no de los cinco grados bajo cero a los que estaba la sala.

Podría escribir el post más largo de la historia para poder contaros todas las virtudes de esta OBRA DE ARTE (sí, de arte porque no merece un calificativo inferior) pero Wall-E es una experiencia tan fascinante que lo único que puedo deciros es que os hagáis un favor y corráis a verla. Si los Lumiére levantaran la cabeza estarían orgullosos de que su invento haya dado lugar a la gran historia de un pequeño robot que sólo quería poder darle la mano a alguien.


Vaya semanita de peliculones después de una larga sequía. Primero El caballero oscuro, ahora Wall-E. El 2008 puede estar contento, ha visto nacer dos películas de manual de cine.




Os dejo con un teaser tráiler de Wall-E:




Y como viene siendo habitual, Pixar incluye un corto antes de la película. A mí el que precede a Wall-E no me ha gustado mucho así que os dejo con esta maravilla, divertidísima y original hasta aburrir, que es Abducción y que se pudo ver en los cines antes de la proyección de Ratatouille: